Del festejo a la maldición futbolera

Más de 13 mil aficionados observaron en la Explanada de los Héroes el partido entre México y Holanda, y aunque al principio hubo euforia, al final la “tragedia” volvió a hacerse presente.

Monterrey

Llegó el minuto 92 y las 13 mil almas le pusieron “mute” a la Macroplaza. Enmudeció el corazón futbolero de Monterrey aglutinado frente al Palacio de Gobierno.

Tras festejar por adelantado al tener casi los cuartos de final en la bolsa, el sueño se esfumó para los miles de aficionados que acudieron frente a la pantalla de 70 metros cuadrados instalada en la plancha adoquinada de la Explanada de los Héroes.

El programa bautizado como “El futbol se vive, unidos triunfamos” hizo efecto a medias, pues si bien es cierto no se ganó contra los gigantones de los Países Bajos, sí se vivió el deporte a todo lo que da, desde antes de que iniciara el encuentro.

Un monumental toldo de 70 por 50 metros –un poquito más y tenía el tamaño del Palacio de Gobierno- protegió más allá de las dos horas a los 13 mil 350 regiomontanos que se lanzaron a ver el fut para ver perder a la Selección Mexicana.

Federico Vargas, secretario de Desarrollo Social del Estado, organizador del evento e hincha de corazón, lo recibieron como estrella, se tomaba fotos con los aficionados, con el doble del “Piojo” Herrera y dribleó y dominó el balón en las activaciones y actividades futbolísticas alrededor del programa.

Lo acompañó su esposa Alejandra Elizondo, y sus pequeñinas María Fernanda, de siete años; y Eugenia, de cinco, todas vestidas ad hoc con la ocasión, acompañando en todo momento al papá bailarín y dominador del balón.

Al minuto 49, Giovani dos Santos rodó el balón a las afueras del área holandesa, que empotró en su portería para el 1-0 de México, cuando un estruendo masivo y al unísono de la fanaticada tocó como eco en el toldo monumental que cubría la explanada.

Las 28 potentes bocinas instaladas sobre la estructura que sostenía la pantalla se dieron abasto para contener el ruido, los chiflidos, las cornetilla, el clamor y los gritos masivos de los fanáticos presentes.

Las decenas de elementos de Fuerza Civil, de Seguridad Pública del Estado, de Protección Civil, Tránsito de Monterrey atiborraron los alrededores y las cercanías a la Macro.

Tres pequeñas fallas en el audio o sonido provocaron el potente alarido futbolero, que no pasó a mayores cuando veían a los tricolores jugar como nunca…. Y perder finalmente como siempre, como la tradicional maldición que se registra cada cuatro años en el Mundial.

Las playeras y balones autografiados, porterías y kit de futbol fueron rifados al final, pero que no se vio que se realizara porque a los pocos minutos de saber que México perdió, los miles de regios simplemente dejaron el lugar en calidad de fantasma, simplemente desaparecieron y sólo quedaron las sillas solas.

Música, artistas, locutores de radio, bailarinas y edecanes pusieron el ambiente y recrearon la atmósfera futbolera y de competencia del “freestyle” o dominio del balón.

El típico escenario al final se hizo presente: la fila de hinchas para tomar el refresco patrocinador  y los lonches, como bocado tradicional para los que fueron invitados o acarreados.

Y es que un desfile de una treintena de camiones de personal particulares de la empresa Link ya estaba detenido por toda la calle Zaragoza, desde Juan Ignacio Ramón hasta la calle Ruperto Martínez, donde abordaban desanimados.

Un numeroso grupo de chavos y la batucada sobre Juan Ignacio Ramón retumbaban con sus tambores lanzando vítores a favor de México.
“Ni modo, ahí para la otra”, dijo un adulto mayor que se levantó de su silla en forma de consuelo.