CRÓNICA | POR LUIS CONTRERAS

“Dicen que el volcán está cubierto de nieve”

Visita al xinantécatl

El frío no amedrenta a aquellas familias que llegan hasta el Parque de los Venados, y si es posible hasta el cráter.

Hasta cierto punto solo pueden continuar caminando.
Hasta cierto punto solo pueden continuar caminando. (Iván Carmona)

Toluca

A penas un par de kilómetros por arriba del Parque de los Venados, el silencio es casi absoluto. A veces, un suave viento trae, entrecortados, los sonidos de allá abajo: voces, risas, música, autos... Luego desaparecen y no queda nada.

Dicen que el volcán Xinantécatl está cubierto de nieve pero hoy nadie lo ha visto. Está oculto detrás de una espesa capa de niebla y no es posible recorrer, por ningún medio, 16 kilómetros que separan al parque con el centro del cráter, donde habitan sus lagunas.

Desde este punto, se ve el valle del parque. Se ven decenas de autos estacionados y otros más formados para entrar a la zona. Más allá, en torno a los asaderos, algunas familias se corretean y se arrojan bolas de nieve.

Aquí el frío no cala los huesos. Los turistas llegaron, como siempre después de las nevadas, para subir la montaña, hasta donde les sea permitido, caminando, corriendo, en bicicleta, en motocicleta, en cuatrimoto o a caballo. Así lo hacen esta mañana.

Esta es una mañana gris, pero a veces la luz del sol perfora las nubes y llega plena sobre la montaña y hace que la nieve se vea con un blanco resplandeciente y cegador. Luego otra vez el sitio es sólo gris y silencioso.

Aquí arriba no hay novedades. Protección Civil y la policía observan a los visitantes y de vez en cuando suben con sus camionetas hasta las antenas. No hay novedades, dicen. Todo está calmo, pero se espera más lluvia y más nieve cuando entre la tarde.

Aquí arriba el frío no cala los huesos. Es suave y divertido. Hace que los niños rompan en carcajadas y provoca jadeos en los adultos, que intentan, como pueden, seguirles el paso. Esta mañana también hay perros.

Algunos de los que visitan las faldas nevadas vienen y se pasean con sus akitas, sus terrier, sus bichón frisé, sus bóxer, sus bulldog, incluso, una familia sube la montaña escoltada por un gran doberman que va sin cadena, ladrando y husmeando los árboles.

Apenas un par de kilómetros por arriba del Parque de los Venados, todo parece blanco y lento, callado y nebuloso. Frío apenas. Luminoso por fragmentos y mojado siempre, escurriendo y deshelando sobre un camino que mezcla la nieve con lodo y el lodo con agua.

Esta mañana no hay muchos visitantes. Dicen que acaso 500 personas recorren la zona, la mayoría de ellas, en las inmediaciones del parque; el resto, deambula interna entre las montañas, un poco más arriba.

Raíces

Abajo. En la comunidad de Raíces, el caserío se ve como una estatua de madera y piedra. Así también se ve su gente. Hay sobre esta carretera que lleva al volcán, una docena de negocios abiertos, sin clientes.

Más adentro, algunas casas humean un poco. Queman su leña en la lumbre. Cocinan sobre los comales o calientan el agua. A pesar de los apoyos sistemáticos, anuales, continuos, Raíces sigue siendo una localidad que parece que necesita.

Aquí no hay nieve por ninguna parte. Algo de neblina, un poco de lluvia y lodo. Sin embargo, en Raíces parece que el frío les cala los huesos, les quema la piel y se las agrieta. Aquí, no parece que sea fácil reírse, como un poco más arriba, cuando los niños deslumbrados gritan: ¡mira! ¡la nieve!