ENTREVISTA | POR DANIEL HERNÁNDEZ

Osvaldo Zamora y su mamá Afectados por una explosión de granada

Regresar a Petlalcingo y trabajar en el campo, son los deseos del menor, pues dice en su casa en Puebla se aburre

“Dicen que no alcanza pensión porque es un niño”

Continúa el martirio para Osvaldo Zamora luego de la tragedia.
Osvaldo Zamora, y su mamá Paula Barragán. (Foto: Andrés Lobato)

Puebla

Osvaldo Zamora, el menor que perdió un brazo y una pierna al explotarle una granada en el municipio de Petlalcingo, sueña con estudiar en algo relacionado con la tecnología y la computación, sin embargo teme que las limitaciones económicas no le permitan conseguirlo, por lo que pide a las autoridades militares y a los gobiernos estatal y federal pueda obtener una pensión.
En su domicilio, la madre de Osvaldo, Paula Barragán, contó a Milenio Puebla que cada que su hijo requiere atención médica enfrentan problemas, ejemplo de ello fue el pasado 27 de diciembre, cuando les negaron el servicio en el hospital Militar de Puebla para que le atendieran por unas úlceras que le salieron en el pie que resultó con quemaduras por la explosión.
Tardaron casi dos semanas para poder ir al Distrito Federal para que lo atendieran en el Hospital Militar, le agendaron otra cita para el próximo 21 de febrero, por cada viaje gastan casi mil pesos y los recursos con los que cuentan cada vez son menos.
En diciembre pasado, su esposo Bernardo Zamora recibió su último cheque por trabajo temporal. Enfermo de diabetes, regresó a Petlalcingo para trabajar en el campo.
La familia quedó dividida, lastimada y con la incertidumbre por el futuro de su hijo.
Paula Barragán pidió a las autoridades que el tratamiento para su hijo no sea tan complicado y que le den una pensión, pues se angustia no poder seguir apoyando a su hijo si su esposo llegará a faltar o su estado de salud empeora.
Con tristeza, cuenta que Osvalso soñaba con trabajar en el campo y a veces aún le dice que quisiera regresar a Petlalcingo, pues en la casa que le entregó el gobierno estatal se aburre, no tiene nada qué hacer y tiene pocos amigos.
“A mí me da mucha tristeza porque me dice, ‘mamá, yo quiero trabajar en el campo’, pero a mí se me acaba mi vida. Le digo no hijo eso ya no”.
Explicó que desde que ocurrió el accidente, en 2011, han buscado que las autoridades militares lo pensionen para que pueda continuar con su vida, pues tras el accidente le será mucho más difícil trabajar o realizar cualquier actividad.
Sin embargo, las autoridades de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) se han negado argumentando que por ser menor de edad no puede tener acceso a una pensión:
“Los militares dicen que no alcanza pensión porque es un niño, pero yo me pongo a pensar, que precisamente porque es un niño debe haber más justicia. Lo que le espera a él, pues ya no será como él piensa”.
Osvaldo señaló que quiere tener acceso a una pensión para poder estudiar, pues considera que en sus circunstancias le será difícil encontrar un trabajo.
“Yo le pido al presidente de la República que me ayude, que así como me dejaron ya no voy a poder hacer lo mismo que antes. Si a una persona normal no le dan trabajo, a mí así como estoy ya no me van a poder dar trabajo”.
Explica que en ocasiones siente que el pie que le lograron rescatar no le funciona bien, le duele la cadera y en ocasiones se cansa con facilidad por lo que casi no sale de su casa.
Pese a las circunstancias, sueña con seguir estudiando. “Yo quiero estudiar eso de la tecnología y las computadoras”, dice.
Señala que la condición económica de su familia es muy complicada. “Que nos apoyen con lo económico, porque así también con mi papá se va a trabajar y no gana lo suficiente, que me ayuden con una pensión para que pueda estudiar bien”.
Como se recordará en noviembre de 2011, Osvaldo Zamora Barragán pastoreaba sus animales en una comunidad de Petlalcingo, cruzó por una zona que fue utilizada por el Ejército Mexicano para hacer algunas prácticas.
De momento pateó lo que pensó era una roca, misma que resultó ser una granada sin espoleta, el artefacto estalló y le destrozó el cuerpo, pues perdió el brazo, una pierna y la otra le quedó con lesiones y quemaduras.
Fue trasladado al hospital por militares y después de casi un año fue dado de alta en contra de la voluntad de sus padres.
Ahora trata de seguir con su vida, estudia la secundaría y sólo pide que no sea olvidado por las autoridades para que pueda seguir adelante.