Un Día de Muertos entre la historia

En Durango, el Panteón de Oriente alberga cientos de tumbas e igual número de historias, pequeños fallecidos que se niegan a dejar el mundo de los vivos y que erizan la piel de los visitantes.
Panteón de Oriente en Durango.
Panteón de Oriente en Durango. (Gilberto Lastra)

Durango, Durango

El Panteón de Oriente es un sitio histórico que guarda entre sus tumbas lo que ha pasado en Durango.

Un museo de arte funerario, donde las leyendas toman forma de cantera en las manos del extinto escultor Benigno Montoya.

Quienes han visitado de noche el camposanto hablan que al entrar, siguiendo por el pasillo principal, se llega a una pequeña capilla en la que cuentan vive una niña que murió y no se resigna a ir de entre los vivos, pero no puede salir del redondo edificio.

Recuerda Alejandra, que cuando realizaba un documental escolar, un meduim se comunicó con la niña.

Incluso, le dijo que pusiera la mano para que pudieran tocar su halo. Los que se atrevieron aseguran que la sensación es de tibieza.

Ya adentrados en el sitio, en la parte donde los niños son enterrados, la persona que contacta con los espíritus aseguraba que había una luz tenue, que apenas se alcanzaba a percibir y se acercaba. Era un menor que no alcanzó la paz y no le gustaban las visitas. Todos huyeron.

No todo es horror en el Panteón de oriente. La arquitectura de muchas de las gavetas mortuorias son con alto acabado.

Durante la Reforma Borbónica, ingenieros de toda Europa llegaron para trabajar en las minas. Entonces, hay tumbas que datan del siglo XVII y XVIII de alemanes, españoles o franceses.

Pero el mejor arte es el realizado por Benigno Montoya nació el 13 de febrero de 1865, en la Hacienda de Trancoso del Estado de Zacatecas.

Al poco tiempo, su padre Jesús Montoya se trasladó a vivir a Durango, llevando a su esposa Hesiquia Muñoz, su hija Teresa y el recién nacido Benigno.

Benigno Montoya falleció el 25 de diciembre de 1929, sus restos fueron depositados en una sencilla tumba sin escultura que la adornara.

La historia cuenta que al fallecer su padre, Benigno siendo apenas un adolescente, comenzó a hacerse cargo de su familia y de los compromisos que tenía su papá. De esta manera fue como formalmente se inició en la talla fina de la cantera.

Años después su hijo, el muralista Francisco Montoya de la Cruz, trasladó los restos de sus padres y en homenaje a ellos y a la memoria de su recién fallecida hija, levantó el Monumento a Morelia, sin duda una de las mejores muestras de arte contemporáneo de este Panteón.