“La pesadilla comenzó cuando ingresé al penal”

María Concepción de 42 años, estuvo presa 3 años cuando fue detenida con su pareja quien portaba droga. Reincorporada a la sociedad ejerce el oficio de estilista.
María Concepción ahora con una gran sonrisa saca adelante a sus hijos.
María Concepción ahora con una gran sonrisa saca adelante a sus hijos. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

¿Cómo reincorporarse a la sociedad luego de permanecer tres años en la cárcel? María Concepción tiene 42 años de edad, aparenta menos, sin embargo, ya es abuela de dos menores, se casó muy joven y la historia de su vida no ha sido fácil.

Cayó en prisión en 2007 luego de que su pareja fuera aprehendida por portación de droga. Ella lo acompañaba justo en el momento y asegura que a pesar de salir negativa en todos los exámenes toxicológicos, le dictaron una sentencia de 11 años y dos días, pero por buena conducta, le redujeron el tiempo a tres años.

Una vez fuera del penal y reincorporada plenamente a la sociedad, ejerce el oficio de estilista que desde hace más de 20 años aprendió y del cual vive.

"El tema de la droga me era totalmente ajeno, yo me considero una persona sana, no tomo y ni siquiera fumo”.

María Concepción comparte que desconocía totalmente que su esposo consumiera drogas, menos que las vendiera. Dijo que aunque parezca trillado, lo que le comentó su pareja era que se trataba de una “siembra”, que a manera de venganza le montaron unos clientes a quienes les quitó una unidad automotriz que no le quisieron pagar.

“La pesadilla para mí comenzó cuando ingresé al penal. El tema de la droga me era ajeno, yo me considero una persona sana, no tomo, ni siquiera fumo. Mi preocupación era que estando adentro nosotros, cómo podrían subsistir mis hijos. Ellos debieron irse a vivir con su padre, mi primera pareja”.

Dentro del penal solicitó permiso para que la dejaran cortar cabello, hacer tintes, mechas, todo lo que sabía hacer, pues a eso se dedicaba antes de que su pareja la "sacara" de trabajar.

“Adentro me ganaba un dinerito, también hacía bolsas, estaba en el taller de costura, vendía tarjetas de teléfono, hacía de todo para poder sacar algo y dárselo a mis hijos. Me dieron permiso por buena conducta, siempre me porté bien, nunca tuve problemas”, señala.


Recomienda a las mujeres que conozcan bien a sus parejas.

Para que las horas en el interior del centro penitenciario corrieran pronto, ingresó al grupo de pastoral, rezaba, colocaba el altar y se acercó a Dios, ya que ella estaba segura de que su inocencia se podría demostrar.

Cuando le dictaron sentencia de 11 años, recuerda, volteó a ver a Dios y le dijo: “esta es la sentencia de los hombres, la tuya será distinta”, y tras meses de apelación, le redujeron a cinco años, cinco meses la condena.

Continuaron en la revisión del caso y el último fallo fue de poco más de tres años.

De carácter alegre, María Concepción sonríe con facilidad. Extrovertida, se dirige siempre a los demás compañeras con cariño, a algunas les llama de una manera muy maternal a través de la palabra “mija”.

Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada asegura que es cierto que en la cárcel y en el hospital se conoce a los amigos, pues solo una de ellas no la abandonó.

“Yo siempre voy a estar agradecida con Violeta, mi amiga, quien en ningún momento me abandonó. Me visitaba, me procuraba y eso no se puede olvidar”.

"Siempre voy a estar agradecida con Violeta, mi amiga, quien en ningún momento me abandonó”.

Sin embargo, afirma que en esa situación también se conocen a los enemigos, pues comparte que algunos trataron de hacer “leña del árbol caído”. Le querían quitar un terreno donde construyó su casa porque aparentemente no había terminado de pagarlo su pareja.

Reitera que todo fue una mentira, pero no tenía manera de comprobarlo y una vez que salió de la prisión, con el trabajo de un año logró pagar lo que decían que debía, con tal de que no le quitaran su casa, el patrimonio de su familia.

Para hacerse la vida más llevadera dentro del penal era igual, de carácter alegre, sin embargo al llegar la noche era imposible que las lágrimas no se asomaran a sus ojos.

No obstante, ella misma se daba ánimos, pues pensaba en sus hijos, ellos le daban la fuerza para seguir, para no rendirse.

"El día que salí libre me mandaron a llamar a la dirección, eran como las siete de la tarde, no sabía por qué querían verme y ahí me dijeron que por buen comportamiento, por ser la primera vez que había ingresado, me dieron la libertad anticipada", relata.

En ese momento, se soltó en llanto como pasa en la televisión, no sabía si irse a su casa corriendo. Ahora reflexiona que si pudiera volver el tiempo atrás, lo que cambiaría sería precisamente el hecho de haber estado dentro de la cárcel, en donde perdió tres años de su vida, en donde no pudo disfrutar de sus hijos, del Día de la Madre.

Pide a las mujeres que lean su historia, que conozcan mejor a sus parejas antes de involucrarse más a fondo con ellas, pues por él abandonó su profesión.

Tras morir su pareja, hace un año, manifiesta que ahora se encuentra en el lugar que nunca debió abandonar, su trabajo que le apasiona y sí, esto le sirvió de gran lección.