Ramón Álamos; 52 años en el arte de elaborar pan

A los trece años, Don Ramón llegó de aprendiz a una panificadora, ese fue su primer acercamiento con el oficio, hoy celebrará un aniversario más del oficio
Don Ramón, es un orgulloso panadero que se ha entregado al oficio desde que tenía trece años
Don Ramón, es un orgulloso panadero que se ha entregado al oficio desde que tenía trece años (Nacho Reyes )

Guadalajara

Sin duda llevar el pan a la mesa se ha convertido en todo un arte, es uno de los oficios más antiguos que poco a poco se ha ido transformando con el paso de los años, Federico Trinidad, mejor conocido como Don Ramón, es un orgulloso panadero que se ha entregado al oficio desde que tenía trece años, y hoy celebra junto al gremio la conmemoración Día Nacional del Obrero Panadero.

A los trece años, Don Ramón llegó de aprendiz a una panificadora, ese fue su primer acercamiento con el oficio, ahí se desempeñó como chalán y poco a poco fue adquiriendo los conocimientos y desarrollando técnicas para desenvolverse como panadero.

“Me enseñaron el oficio los compañeros, llegue a una panificadora y ya de ahí comencé a involucrarme, con el paso del tiempo que vas buscando trabajo, vas guiándote y ajustando tu proceso”, comenta.

Siendo joven, Ramón partió hacia San José, California, donde radicó por varios años, a su regresó se instaló en una humilde vivienda en El Rosario, en Tonalá, ahí, con un horno de pizzero, unas cuantas charolas, toda la experiencia y su gran amor por el pan, abrió su panadería San José, la nombro así para recordar la época en la que vivió allá.

Su identidad es complicada, en su acta de nacimiento es Federico el nombre que aparece, pero toda su vida sus padres lo llamaron Ramón y es así conocido por sus amigos y familiares, cuando instaló su panadería los vecinos comenzaron a llamaron Don José.

Ahora Federico Álamos de 65 años de edad, de los cuales 52 los ha dedicado en cuerpo y alma a la panadería en general, siendo su especialidad los biscochos, sigue una sencilla rutina, a las ocho de la mañana comienza el proceso, mezcla los ingredientes, y alista todo, luego de ocho horas, el pan está listo, aparta algunos pedidos y sale a vender.

“A mí me gusta todo, de la razón del pan todo, es mi trabajo, me gusta porque siempre como pan”, dice entre risas y agrega; “mi trabajo siempre lo hago con gran alegría, aunque ande desvelado o como ande pero lo hago, pura alegría”. Pero el tiempo no pasa en balde y Don Ramón lo sabe, desde hace algunos años lucha con un ligero principio de la enfermedad de parkinson, de igual modo su destreza y fortaleza han disminuido, recuerda que antes hacía hasta dos mil piezas de pan y ahora cuando mucho llega a las 500, pero eso no ha sido ningún impedimento para él pues a pesar de todo se encarga de todas las tareas, desde la elaboración hasta la venta.

“Difícil no es tener una panadería, difícil es hacer el pan, estoy yo solo, yo hago todo, nada más mi señora en la tarde lo vende, pero no se me complica, sólo no tengo la misma destreza, antes hacia mil o dos mil piezas en ocho horas y ahorita ya con trabajos haré unas 500, aquí ya me acostumbre a hacer 100 o 70”, señala.

Si bien la receta para hacer pan se basa en la medida de los ingredientes, harina, azúcar y blanquillos y el proceso mismo, mezcla y cocción, Don Ramón asegura que el amor por el oficio es la fórmula para hacer de la elaboración del pan todo una arte, además comparte los elementos que hacen a un buen panadero.

“Lo principal es tener amor propio por el oficio, pero eso para cualquier tipo de negocio, tener seguridad, no dejarlo a los dos tres meses, hasta que se venda la última pieza de pan entonces puedes cerrar.

“A un buen panadero lo distingue su destreza, su inteligencia y el amor al oficio, cualquier persona puede ser panadero, pero si no tienes amor por lo que hacer pues no se puede”, añade.

Ahora a Don Ramón lo que más le pesa es que no le enseñó el oficio a nadie, sus hijos nunca se interesaron, pero asegura que sólo cuando definitivamente ya no lo pueda hacer se retirara y con ello se acaba su negocio.

“Ya voy de salida, pero me estoy aguantando, yo creo que terminando yo se acabo el negocio porque nadie sabe, a mis hijos nunca me los traje a trabajar, si me hubiera gustado, no más que ya no se pudo y no contrato a un chalán porque los muchachitos de ahora quieren ganar y no quieren trabajar”, menciona.

Aunque por lo regular, en su colonia lo que se vende es poco, en promedio unas 150 piezas, para Don Ramón la mayor satisfacción es que a pesar de los años se puede dedicar al oficio que escogió siendo pequeño. “Aquí no es como el dicho de ‘a qué hora sales al pan’, aquí es ‘cuando vuelves por pan’”, comentó entre risas.