Vende zapatos afuera de su casa para salir adelante

La edad ha representado un problema, pues a los 44 años, aunque no se cosidera viejo, Marcos López Martínez no ha podido encontrar empleo desde que regresó a su tierra natal.
También improvisan una mesa de centro y colocan juegos de mesa mientras esperan a que llegue la clientela.
También improvisan una mesa de centro y colocan juegos de mesa mientras esperan a que llegue la clientela. (Lilia Ovalle)

Francisco I. Madero, Coahuila

Desde temprana hora, Marcos Martínez López instala cuidadosamente el calzado en una mesa improvisada, en tanto que un tendedero entre árboles le sirve como exhibidor para la ropa.

A los cuarenta y cuatro años de edad, fue despedido, junto a un centenar de obreros maquiladores en ciudad Acuña y aunque volvió a la Laguna e intentó buscar trabajo en la misma industria, en Francisco I. Madero, su tierra, no pudo obtener un empleo.

Ahora lleva un año vendiendo ropa y calzado afuera de su casa, ubicada entre calles con nombres de presidentes de la república, tan disímbolos como la idea del ser y el querer ser.

Así entre Lázaro Cárdenas y Díaz Ordaz de la colonia Nuevo Linares, coloca su puesto ambulante, al que con frecuencia lo acompaña su sobrino, Jesús Leonardo.

"Antes de poner el puesto, primero vendí tacos en el centro pero eso no funcionó muy bien. Ahorita ya tengo clientes y vendo en apartados a dos meses".

Allí también improvisan una mesa de centro y colocan juegos de mesa mientras esperan a que llegue la clientela. 

Y aunque Marcos le da la pelea en la contienda, el hijo de su hermana con apenas nueve años casi siempre le gana la partida.

"Aquí aunque busqué trabajo no me pude acomodar como montacargista, que era lo que hacía en la maquila. Por eso invertí parte del finiquito primero en la compra de tenis y luego zapato escolar. La mercancía la traigo de León, Guanajuato y es calzado de calidad y bueno, esto es lo que pega con los chavos".

Marcos reconoce que volver a la Laguna implicó retos, pues aunque estar con su hermana y sus sobrinos le da confort y la alegría de contar con una familia, por su edad fue muy difícil encontrar trabajo.

Esto parece fácil, porque por concepto de plaza el municipio te cobra 28 pesos por semana, pero los zapatos y la ropa se me vendería mejor en el centro pero ya está bien saturado", dijo el comerciante.

Ahora la idea de conseguir un local comercial no lo abandona pero como continúa soltero y sin hijos propios, pues no existe gran prisa por cristalizar la idea, al menos mientras no consiga más clientela.

Sobre su soltería apuntó: "Ya me acostumbré a estar solo pero uno nunca debe decir que no, a lo mejor al rato sale algo".

"Ahora vivo con mi hermana y mi sobrino porque mis padres ya fallecieron y necesitaría fincar en la casa para poner una tienda y hacerme de un patrimonio. La verdad sí extrañaba a mi casa y Madero, Chávez, sí estira y por eso volví".

De esta forma, Marcos mantiene una lucha cotidiana por sobrevivir y desde las once de la mañana y hasta las tres de la tarde abre todos los días su puesto ambulante en espera de que vengan tiempos mejores para él y su familia.