Desarrollo social sigue siendo asistencialista

El II Informe de gobierno de Aristóteles Sandoval mide metas alcanzadas, pero basándose en cifras de años atrás, explica el titular del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos.
La referencia para medir la pobreza fue equiparada a nivel nacional, lo que impide analizar si existe un avance.
La referencia para medir la pobreza fue equiparada a nivel nacional, lo que impide analizar si existe un avance. (Milenio)

Guadalajara

El trabajo realizado en materia de desarrollo social, según el II Informe de Gobierno de Aristóteles Sandoval, arroja cifras de apoyos entregados principalmente a grupos vulnerables. Sin embargo, no hay indicadores que permitan medir el impacto que ha tenido en el combate a la pobreza o en el desarrollo humano, pues los referentes son esquemas a largo plazo.

De esta forma, la política de entregar despensas, vales y subsidios se convierte nuevamente en “asistencialista” y no en una política pública para mejorar la calidad de vida de los habitantes del estado, consideró el titular del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos, Augusto Chacón.

En la dimensión de “equidad de oportunidades”, se establece como objetivo “contar con una sociedad educada, productiva, con vivienda y entornos de vida dignos”, pero se establecieron como indicadores metas que no se pueden corroborar, pues se basan en datos de años anteriores. Por ejemplo, la meta en la posición nacional en el Índice de Desarrollo Humano es el número 15. Como resultado, se refiere que se alcanzó dicha meta, pero se toma como referencia el IDH que dio a conocer el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2012.

Algo similar sucede con el porcentaje de población en situación de pobreza. En este caso, la meta es que ésta fuera en 2014 el equivalente a 39.8 por ciento, la cual se alcanzó; sin embargo, la referencia son los resultados de pobreza a nivel nacional y por entidades federativas 2010-2012 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Tampoco es posible medir si se avanzó en promedio de escolaridad o esperanza de vida al nacer. En este caso, las referencias son de 2014 en el caso de la primera, y de 2013 en la segunda, pero no se compara con el índice del año previo.

Augusto Chacón consideró que el problema es que no se mide el impacto del trabajo en la realidad del estado, sino sólo que se cumpla con las reglas de operación de los programas. “Nos dicen qué tanto hacen y si llegan a la meta, pero no dice esa meta qué produce en la gente”.

Admitió que los gobiernos están “atados” a ciertos indicadores, que no permiten una verdadera evaluación anual, pero también “ellos eligen qué medir. A lo que no los obliga la ley es a medir el impacto. Pueden decir, voy a combatir la pobreza y voy a entregar despensas, mi meta es repartir mil, entregan 1,500 y con eso superaron la meta, pero aunque ellos le llamen así, eso no combatió la pobreza ni la mermó”.

Otro punto, indicó es que la cobertura de los programas, que siguen siendo “asistencialistas” no es universal, pues el gobierno no va a buscar a quienes los necesitan, sino que éstos deben inscribirse y cumplir con los requisitos que les fijan.

En general, Augusto Chacón dijo que no se advierte en el Informe que haya políticas integrales en materia de desarrollo social.

En el Informe, se hace un recuento de los apoyos entregados a estudiantes, a madres jefas de familia, adultos mayores, personas con discapacidad e indígenas.