Lo despojan y vive debajo de un mezquite

A sus 84 años, para Don Antonio lo único que vale son sus 6 perros que lo acompañan fielmente desde que perdió su hogar. El Ministerio Público lo desalojó con violencia y humillaciones.
Francisco I. Madero carece de una dependencia antirrábica que vea por la salúd animal y de las personas.
El Osito, Duquesa, La Loca, Juanito y El Arrimado, acompañan siempre a Don Antonio. (Lilia Ovalle)

Francisco I. Madero, Coahuila

La fragilidad de don Antonio Ramírez Flores no se percibe en su cuerpo de ochenta y cuatro años sino en sus palabras.

Acompañado de seis perros incondicionales, observa que es retratado y pide cercanía. Su primera palabra circula en el viento: "Ayúdeme".

Don Antonio vive en la calle bajo al amparo de un mezquite.

Hace un mes fue despojado de su vivienda ubicada en el interior de la escuela secundaria José Vasconcelos en el ejido Nuevo Jaboncillo.

"Yo le dije que era un infeliz y que ahora me consideras viejo, pero estás violando mi derecho como ciudadano y como velador".

Y aunque la gente podría pensar que no tenía derecho a vivir allí, lo cierto es que se violentaron todos sus derechos al echarlo a la calle. 

Su tragedia inició cuando decidieron cambiar al director del plantel:

"Cambiaron al señor director y pusieron a una directora, por equis o mangas, pero también a ella la quitaron y ahorita no tienen director".

"Entonces llega un licenciado, según esto del ministerio público y me tumbó mi casita. Trozó el candado con todo y cadena con una segueta y me aventó mis cosas a la calle".

Sin orden de desalojo don Antonio recuerda que el hombre al que identifica como ministerio público llegó acompañado de policías y sin más le destruyó su casa.

Pero antes hizo evidente su concepto de autoridad, insultándolo y violando cada uno de sus derechos.

"No hubo una orden, no hubo nada, nada más dijo que él era la ley y me castigó. Ni un calcetín, ni un calzón roto me dejó, todo lo aventó y se lo llevó. Dijo que para que me fuera yo a cuidar a una perrera, según esto del municipio y que me iban a dar una despensa".

"Me dijo que le enseñara el papel que me dio el señor director para poder quedarme en la escuela. 'No seas tonto', le dije. 'Enséñate primero a obedecer tus ordenanzas porque me estás violando y violaste mi candado, lo rompiste con tu segueta'.

En medio de una muchedumbre que todo vio y admitió, y ante la presencia de policías que jamás pensaron en salvaguardar sus derechos, Don Antonio incluso debió soportar que le mataran a seis de sus perros.

"Llegaron a la escuela patrullas, judiciales, se hizo un borlote. Llegó mucha gente e hizo un escándalo de la fregada el ministerio público".

Yo le dije: 'Tú como autoridad no sirves para nada, no conoces tus obligaciones porque me estás violando a mí con mis derechos, como ciudadano, como anciano y como enfermo que estoy'.

El recuerdo a don Antonio lo lastima al grado del ponerse a llorar como un niño pequeño. Y fue en este punto de la conversación que pidió a quien escribe esta nota un favor.

"Me contestó: 'Me vale madre'. Y entonces con hacha, palo, con cuanta cosa que pudo me tumbó mi casa y me dejó en la calle. El ministerio público no sólo me quitó mis cosas sino que agarró a mis perros y me los mató porque salieron en mi defensa; ese animal mató a seis de mis perros. Toda la gente está en contra de él por ese hecho". 

"Ahorita vivo en un mezquite, sin puertas, sin ventanas y sin nada. Estoy granjeándome al dueño del predio tumbándole la hierba porque estoy enfermo. Yo no quería hacer esto (denunciarlo públicamente) pero es mucho lo que me hizo porque hasta mi medicamento me tiró.

"Dígale a la gente que lee su periódico que quiero que me devuelvan mis cosas porque no tengo nada. Quiero que me devuelvan mi vida porque el mezquite está en la calle que va del Pemex por la deportiva, en la esquina está una tortillería que se llama 'La Nueva Brisa' y a media cuadra por la acera de enfrente estoy yo y el árbol".

Luego de secar sus lágrimas y tomar nuevo aire comienza a llamar a sus compañeros: el Osito, Duquesa, La Loca, Juanito y El Arrimado, corren para alcanzarlo.

Antes de irse, se le pregunta:

-Don Antonio, ¿alguna vez le pagaron su trabajo como velador?

-Nunca me dieron un peso por cuidarles pero yo si les agarraba incluso a los que querían robar en la escuela.