"La vida continúa, aún sin ver"

De vivaz sonrisa y amistosa personalidad, Gerardo Sotelo es uno de los integrantes de los Murciélagos. Aseguró que a pesar de no ver, él no tiene una discapacidad, sino una capacidad extraordinaria.
Gerardo Sotelo, jugador de los "Murciélagos Laguna".
Gerardo Sotelo, jugador de los "Murciélagos Laguna". (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

El famoso Gerardo Sotelo fue el que traía el gusanillo de jugar fútbol. Parece un "chapulín" en la cancha, corre, grita, salta, no lo para nadie. Es más ágil que muchas personas.

"Perdí la vista de mi ojo izquierdo a los 8 años. A los 12 perdí el ojo derecho. Fue a causa de desprendimiento de retina y me operaron en Torreón", comentó.

La causa del desprendimiento fue natural, no recibió alguna lesión como pasa en algunos casos.

Vivaz y jacarandoso, no deja de sonreír al recordar que los días posteriores de perder la vista, fueron difíciles, tristes.

"Pero me hice una promesa a mí mismo, de que le iba a seguir echando ganas, a vivir, porque la vida no se acaba al dejar de ver".

Las sombras, afirmó, no son ningún obstáculo para llegar a ser grandes. Aseguró que es muy padre jugar al fútbol con los "Murciélagos".

Lo describe como un juego en el que no se puede ver, pero por medio del sonido, las voces, el viento, o la presencia del otro, se pueden mover con libertad. Incluso descubrir si el contrario se bañó o no.

Aún no se define su posición en el equipo, pero está cumpliendo su promesa de vivir. "Me siento muy bien jugando, porque es algo que nos ayuda físicamente a desenvolvernos".

"Podemos ser autosuficientes aquí, no dependemos de alguien que nos mueva del brazo para correr, sólo nos guiamos con las voces".

Gerardo estudia tercero de secundaria. Es admirable su forma de pensar: "Yo no le llamo discapacidad, sino una capacidad extraordinaria que se nos da a los ciegos, porque al perder la vista, perdemos un sentido pero desarrollamos más. Los límites no existen. Échenle ganas porque la vida sigue".

Desde luego, invitó a quienes gusten integrarse al equipo a jugar y a quienes tienen alguna otra capacidad diferente, a buscar ese gusto por la vida.