Cumplen tres años desaparecidos

Tres años después de que siete cazadores leoneses salieran en grupo para cazar venado y jabalí, sus familias continúan con la incertidumbre de no saber si están vivos o no.

León, Gto.

A tres años de su desaparición, las familias de José Javier Martínez, Ernesto Cordero Anguiano, José Diego Cordero Anguiano y Juan Diego Cordero Valdivia, cuatro de los siete leoneses que viajaron en grupo para cazar venado y jabalí en la sierra de Morones, en Zacatecas, viven en la incertidumbre de no saber si sus esposos, padres, hijos o abuelos, están con vida o no.

Las esposas de los dos hermanos, el joven sobrino y el vecino, reclaman a las autoridades la falta de búsqueda efectiva y permanente de estos cuatro cazadores y solicitan al Gobernador Miguel Márquez Márquez, intervenir para que la investigación vuelva, además de que piden apoyo económico para subsistir.

Las cuatro mujeres son el sostén de estas familias y solicitan desesperadas una respuesta sobre lo que ocurrió con el grupo de cazadores, quienes fueron 'levantados' por policías del municipio de El Plateado de Joaquín Amaro y entregados a un grupo delictivo –presuntamente Zetas– en una gasolinera a la salida de la capital zacatecana; luego de ello, habrían sido ultimados en las inmediaciones de Fresnillo.

Pero no solo viven con la duda del paradero de sus familiares, sino que también tienen reservas sobre los resultados de las pruebas de ADN practicadas por los peritos de la Procuraduría de Zacatecas a los restos calcinados hallados en el predio Las Negritas del municipio de Calera, Zacatecas, que presuntamente pertenecen al subteniente retirado del Ejército, Ernesto Cordero Anguiano.

Mañana 4 de diciembre, se cumplen tres años desde que el grupo de cazadores viajó a Zacatecas en el 2010, como lo hacía cada año, para cazar venado, jabalí y guajolote en las inmediaciones del rancho de San Lorenzo, para lo cual contaban con los permisos respectivos.

SEÑORA GENY ROMERO MANRIQUE, ESPOSA DEL SUBTENIENTE RETIRADO DEL EJÉRCITO, ERNESTO CORDERO ANGUIANO.

"La última vez que estuve con mi esposo, antes de que él se fuera, yo le dije que no quería que viajara, pero como él ya traía eso de la cacería pues era imposible que él dijera que no, iba cada año, pero yo tenía un mal presentimiento de que algo podía pasar en este viaje a lo que él me dijo que no me preocupara, que no pasaba nada", recuerda con lágrimas, Geny Romero, esposa del subteniente retirado del Ejército, Ernesto Cordero Anguiano.

Explicó que el ex militar se despidió de ella antes de partir, pidiéndole que se encargara de sus cuatro hijos y que los cuidara mucho, "no sé porque me lo diría, fue como una despedida".

Agregó que desde que se fueron los siete cazadores, Ernesto Cordero le aseguró, que volvería el domingo por la mañana, pero solo si cazaban algo el sábado por la noche, sin embargo, ya no volvió.

"Se llegó el domingo, pero no llegaban, el lunes tampoco y yo me empecé a desesperar, pero una de mis cuñadas me dijo que no me preocupara que a lo mejor se habían quedado más días, pero eso no podía ser porque tenían que regresar a trabajar y pasó el lunes, el martes y hasta el miércoles, nos avisaron que lo habían agarrado".

Geny comentó que según testimonios de dos sobrevivientes, uno de ellos fue liberado por ser menor de edad y el otro porque logró escapar, refieren que en una región agreste, los hombres habrían sido ejecutados y posteriormente quemados, aunque el testigo indicó que escuchó los disparos y vio el fuego cuando ya se encontraba a más de medio kilómetro de distancia, mientras huía de sus captores.

Desde ese momento, la vida de Geny y sus cuatro hijos, José de 21 años, Miriam de 19 años, Marisol de 17 años y Carla de 15 años, cambó por completo.

"Desde que esto pasó, nos cambiaron muchas cosas, nos cambiaron la vida de la noche a la mañana, entre ellos cuatro y yo nos apoyamos como familia que somos, para salir adelante porque no tenemos apoyo de nadie; mis hijos dejaron de estudiar para trabajar y pagar todo los gastos", explicó.

La familia Cordero Romero no pierde la esperanza de encontrar con vida a Ernesto Cordero, aunque se les entregaron los resultados de las pruebas de ADN practicadas por los peritos de la Procuraduría de Zacatecas a los restos calcinados hallados en el predio Las Negritas del municipio de Calera, Zacatecas, que presuntamente pertenecen a su esposo.

Sin embargo, no tiene forma de comprobar que el cazador está muerto, puesto que la Procuraduría de Zacatecas, no le ha entregado una carta de defunción que le pide el Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (ISSFAM), para cobrar la pensión que por Ley le corresponde.

SEÑORA LOURDES VALDIVIA, ESPOSA DE JOSÉ DIEGO CORDERO ANGUIANO Y MADRE DE JUAN DIEGO CORDERO VALDIVIA

En tanto, Lourdes Valdivia, esposa de José Diego Cordero y madre de Juan Diego Cordero Valdivia, dice que su vida cambió totalmente, puesto que "mi vida ya no es vida, porque está llena de tristeza de dolor de desesperación de no saber de ellos".

El más joven de los cazadores desaparecido es Juan Diego, quien estaba casado con Santa Eliza Martínez de 25 años y era padre de tres hijos, la más grande de seis años, una niña de cuatro años, y un menor de dos años, al que no pudo conocer porque realizó su viaje cuando Santa Eliza estaba embarazada.

"Mi nuera tenía dos meses de embarazo del niño, cuando mi hijo despareció y no pudo conocer a su papá ni a su abuelo, incluso cuando yo veo al niño me da más tristeza, más dolor y más coraje, porque me acuerdo de mi esposo y mi hijo porque no lo pudieron conocer".

La menor de tan solo seis años, es la más afectada psicológicamente con la desaparición de su abuelo y su padre.

"Una vez que la niña llegó de la escuela, me dijo, "abuelita, ¿Cuándo va a venir mi papá?" y le respondí que no sabía y me dice, "si no me dices cuándo abuelita y yo no vuelvo a ver la carita de mi papá y de mi abue, me mato", y pues nadie lo podíamos creer porque ella nunca es así".

En estos momentos, la vida de Lourdes está llena de trabajo y responsabilidades que jamás pensó tener; tiene a cargo a su hija de 22 años, sus tres nietos y su nuera, aunque esta trabaja pero dice que el dinero no es suficiente.

La joven de 22 años, dejó de estudiar para cuidar a sus tres sobrinos, mientras trabaja su cuñada y su mamá.

"Ahorita estoy trabajando en una casa en donde les hago la limpieza; cuando mi esposo desapareció yo aún tenía a dos hijas solteras pero ahora en julio se me casó una de ellas y es la que me da un poco de dinero, pero también vendo zapatos y ropa usada de los que me da mi patrona y es como hemos ido sobreviviendo, con lo pagos de renta, agua, luz y la comida de todos".

Al igual que Geny, Lourdes no dejará de luchar por saber el paradero de su esposo y su hijo, "La esperanza muere al último".

"Vivimos con esta incertidumbre, porque no sé si están o no están vivos, las autoridades no nos dicen nada, pero también tengo que guardarme mi dolor por mis hijos y por mis nietos, porque ellos son los que más me preguntan qué por qué lloro, porque estoy triste, yo soy el sostén y la columna que sostiene ahora a esta familia y si me derrumbo yo, se vienen todos abajo".

La última vez que Lourdes vio a su esposo, solo se despidió de él y su hijo, ya que desde antes de casarse con José Diego, hacia sus viajes de cacería y se llevaba a su hijo Juan Diego, desde los dos años.

"La ultima vez que yo estuve con mis esposo y ms hijo, fue el 4 de diciembre del 2010, ellos llegaron y mi esposo se acostó un rato, se durmió y de rato llegó mi hijo y le dijo que ya había llegado por él, que ya se preparara para irse, entonces se paró muy contento, puso a cargar su cámara, echó unas cobijas, unas camisas porque él iba muy contento y yo le pregunté que cuándo iban a regresar y ellos me dijeron que el lunes a más tardar porque como ellos trabajaban medio día, yo los esperaba el lunes pero no llegaron y jamás los vi de nuevo".

Lourdes cuenta que siempre que su esposo iba de cacería, la abrazaba y la besaba, al igual que su hijo, pero nunca se imaginó que ese beso y abrazo iban ser los últimos que le darían.

"Siempre que se iba a ir, mi esposo me abrazaba y me besaba y así lo hizo esta vez y hasta abracé a mi hijo y lo abracé muy fuerte, les dije que los quería mucho y les eché la bendición y les dije 'que les vaya muy bien', salí de la casa para acompañarlos, vi cuando se subieron a la camioneta y cuando se iban y vi cuando se fueron, para siempre".

Mientras más tiempo pasa, Lourdes se llena de coraje, rencor e impotencia, contra quienes tienen a sus familiares, porque dice que no tiene a quién llorarle.

"Yo no sé las demás pero a mí no me cabe en la cabeza que mi esposo y mi hijo ya no estén aquí. Mientras más pasa el tiempo, más coraje me da, más impotencia, porque qué crueles fueron, cómo no nos dejaron unos cuerpos y una tumba donde llorarle y les digo que mientras pasa el tiempo más coraje y tristeza me da".

SEÑORA ALICIA ROCHA, ESPOSA DE JOSÉ JAVIER MARTÍNEZ

"Tengo dos hijas de 18 y 17 años, solteras y pues yo dependo de ellas.

Nos cambió mucho la vida en todos los aspectos, todas dependíamos de él y él era el que nos cuidaba y ahora, ¿qué hacemos?", afirma la señora Alicia Rocha, esposa de José Javier Martínez.

Así es como platica Alicia, llena de tristeza y desesperación, ya que no puede ayudar a sus hijas a salir adelante por la diabetes tan avanzada que tiene.

"He sufrido mucho porque estoy enferma y dependo de mis hijas, no puedo moverme, mi pie diabético no me lo permite y salir adelante es imposible porque él ya no está aquí y lo extraño mucho, era lo mejor para mí".

José Javier, era quien mantenía a su familia, era cargador de zapatos en la Central Camionera, sus hijas, de 18 y 16 años, ahora tienen la responsabilidad de sacar adelante la casa y cuidar a su madre enferma, pero no les importa porque no pierden la fe de volver a ver a su padre.

"Yo tengo fe y espero que regrese pronto, porque ellas lo esperan y yo también; me dicen, 'aunque no trabaje mamá, aunque yo me ponga a trabajar bien duro para darles de comer a los dos pero que llegué' y no perdemos la fe".

El último día que Alicia vio a su esposo, volvieron a discutir como cada año, porque ella no estaba de acuerdo con los viajes que él hacía, sin embargo, José Javier se fue.

"Yo siempre me enojaba con él porque no me gustaba que se fuera, y le dije 'no vayas, te puede pasar algo' y él me dijo, '¿Qué me puede pasar?' y le respondí, 'pues uno nunca sabe' y sí pasó".

A pesar de lo que le dicen los vecinos y la gente que la conoce, Alicia no dejará de luchar hasta que le demuestren que su esposo esta sin vida.

"Nosotros no vamos a dejar de luchar hasta que nos los entreguen, aunque mucha gente me diga 'ya los mataron, ya los quemaron', nada de eso es cierto y sigo diciendo, mientras no me entreguen sus restos, no se me va a olvidar y voy a seguir luchando y no perderé la esperanza de que vuelva. Mis hijas quieren verlo llegar y yo también, junto con ellas".