Cuautinchán necesita de difusión para el turismo

Su historia comienza antes de la Conquista y tiene en su parroquia el retablo más viejo de América Latina.

Puebla

En el municipio de Cuautinchán se encuentra el retablo más antiguo de Latinoamérica, esta estructura arquitectónica, pictórica y escultórica religiosa se localiza dentro del exconvento de San Juan Bautista y forma parte del "triángulo de oro" de la entidad que alberga a tres de los conventos más antiguos, fundados en el siglo XVI.

A pesar de tener este tesoro colonial y de la cercanía con la capital del estado, este municipio carece de difusión turística.

La falta de información y difusión por parte del gobierno ha resultado en la falta de programas de desarrollo integral en las comunidades de la zona.

Los habitantes de la demarcación consideraron necesario realizar un llamado al ayuntamiento y al gobierno del estado para impulsar el turismo en el municipio que albergó a civilizaciones como la Tolteca, Chichimeca y la Olmeca.

El conjunto arquitectónico municipal está formado por el templo, el portal de peregrinos, la capilla abierta, el convento, los aljibes y la huerta que a través de la historia mexicana sirvieron de refugio, reuniones e incluso de tumbas para los menos afortunados.

El origen prehispánico del nombre de este municipio está formado por las dicciones nahuas "cuauhtli", que significa águila; "in", que es el plural posesivo y "chan", que significa casa-madriguera; en conjunto se traduce como "casas de águilas" o "nido de águilas".

El cronista del municipio, Pedro Torija Bonilla, señaló que la entidad se ha convertido en uno de los corredores turísticos que ha incrementado sus visitas en los últimos años debido a su gran contenido cultural e histórico.

A los alrededores se percibe el calor humano, los olores van tomando forma conforme los puestos de comida van acomodándose, dice Torija.
"Aquí está el mole más rico de toda Puebla, es más, de todo el país" señaló el cronista.

A una calle de la plaza principal se encuentra el convento se entra por una escalinata en donde el atrio alberga a más de 5 mil personas, que en tiempos de fiesta, se reúnen para celebrar al santo patrono el 24 de junio.

"Los santos salen del convento cargados por los devotos, una fila enorme de personas entonan los cánticos y rezos, cuando terminan comienza la banda y los cuetes iluminan los cielos del municipio", describió Torija.

Los sentidos se exaltan la comida y la bebida abunda por todas partes, la gente se conoce, es como una fiesta familiar a la que asistieron todos. Los abrazos y los reencuentros están a la orden.

Las historias sobre la independencia y la revolución vuelven a retumbar en las paredes de Cuautinchán.

Los mitos del encuentro del jaguar y el águila en una cueva cercana a Tepeaca que originó la alianza de las civilizaciones. La idea de que algún día se pensó que esta región sería la capital del país.

Las historias de los Bonilla y los Torija, familias que han habitado en la demarcación desde hace más de 200 años, refuerzan la historia y la tradición oral de este lugar.

El punto de encuentro entre las culturas, la conquista, la evangelización, la pérdida de la región y el resurgimiento de las afectaciones que dejaron los fenómenos naturales, las guerras y la migración.

"Cuando termina la peregrinación, los santos vuelven al convento, el interior es de una sola nave propia del estilo gótico tan admirado en otras regiones y tan despreciado por el malinchismo de muchos mexicanos", señaló Pedro, bisnieto de uno primeros presidentes municipales de la región.

El retablo principal es del siglo XVI, tallado en madera con elementos platerescos. Ahí mismo, hay una admirable pila bautismal de cantera gris, su copa es de una sola pieza y tiene un diámetro de más de metro y medio.

En los corredores y pasillos del convento se hicieron pinturas murales de la que se conserva la esencia de los franciscanos. En el dintel de la puerta de salida al portal de peregrinos hay una pintura donde los extremos se encuentran un jaguar y un águila al estilo códice, al centro La Anunciación con el arcángel san

Gabriel y María arrodillada, Dios Padre contempla la escena.

En el interior del exconvento también se encuentran los restos de un mamut hallados en las cercanías del lugar.

Otro atractivo que resalta es el museo de arte religioso, ahí se pueden admirar las distintas imágenes de madera tallada, retablos del los siglos XVI,XVII Y XVIII, así como un espacio dedicado a la formación y desarrollo de Cuautinchán, que le da al visitante una visión más amplia de la importancia de esta localidad.

La región abraza a los visitantes con su clima cálido, el aire resuena al chocar con las iglesias y los edificios históricos de este valle.

El día alcanzo su madurez, los olores ya están en el aire, las artesanías en el suelo y la concurrencia llena de colores las calles del municipio.

Los detalles hacen de esta comunidad una zona especial, la dedicación y las particularidades destacan en cada aspecto la determinación de los habitantes de Cuatinchán.

La alfarería y las artesanías de madera contienen el esfuerzo y la tradición de una región que contribuyó al crecimiento del estado poblano.

Las tortillas hechas a mano, el cuidado de los animales que proveen de recursos a los cuautlinchacas, el arado y el cultivo de la tierra corroboran al pueblo que conquistó Cortés.

El municipio pertenece a la cuenca del río Atoyac, una de las más importantes del estado y es bañado por arroyos intermitentes que bajan de la sierra de Amozoc.

El paisaje cubierto de pinos y encino le brinda al paisaje un tono verde, de esperanza y de vida.

Durante los primeros tres días del mes de enero la Fiesta patronal en honor del Divino Redentor, que se lleva a cabo en la demarcación, los invitados preparan cantidades monumentales de mole con pollo, barbacoa y carnitas que son invitadas a todos los asistentes al evento.

Familiares, amigos, propios y extraños son partícipes de los tres días de fiesta que existen en la comunidad, alcanzando más de 15 visitantes durante estas fechas.

Festejando con procesiones, misas, cohetes, rezos, juegos mecánicos, juegos pirotécnicos y antojitos mexicanos la convivencia hace amigos a los desconocidos y a le da a los turistas la cercanía e integración a la cultura local.

La banda no ha parado de sonar, la música de viento es tradición del lugar, los bailes en la plaza afirman las relaciones.

Los niños corren en libertad, los papalotes se sacuden en lo alto con el aire que golpea con intensidad la localidad y a su vez acaricia las flores que se encuentran en el centro de la localidad.

Visitar Cuautinchán es regresar en el tiempo y entender a la sociedad mexicana, es conocer la humildad de los pueblos y la belleza de lo que creemos sencillo.

Estar en el municipio es abandonar la banalidad de las posesiones. Significa para los visitantes el encuentro personal con la tranquilidad y la calma, con la reflexión y el análisis personal.

Cuautinchán es un lugar típico con mucho sabor provincial.

Después de las fiestas, los habitantes regresan a sus tareas diarias, la población se dedica en su mayoría a la ganadería y al cultivo, las maquilas y las artesanías ocupan su tiempo.

El municipio limita al norte con los municipios de Amozoc y Acajete, al sur con Tzicatlacoyan, al oriente con Tepeaca y Tecali de Herrera y al poniente con el municipio de Puebla.

Tiene una superficie de 136.50 kilómetros cuadrados que lo ubica en el lugar 95 con respecto a los demás municipios del estado.

Lo anterior no define al municipio, a Cuautinchán lo define su gente, lo expone su cordialidad y el afecto de los habitantes y se refleja en la felicidad y la ganas de volver que deja a sus visitantes.

En noviembre las calles se llenan de flores, el convento de velas y las calles de olor a copal.

Por tercera vez en el año los santos salen a recorrer las calles de los que albergan en sus creencias el cariño y el afecto de sus seres queridos.

El atole y el chocolate llenan los vasos, la homilía refresca el recuerdo de las personas que partieron, el eco del exconvento resuena en los corazones.

El cempasúchil pinta de amarillo las iglesias, las campadas llenan de orgullo a los que llevaron sus ofrendas. Una vez más te invitan a volver.

Así el milenario "nido de águilas" se prepara para recibir a sus visitantes, su incipiente industria, sus artesanías y sus costumbres extienden las alas a quienes deciden visitarlos.

Cuautinchán pertenece al estado de Puebla y cuenta con más de 10 mil habitantes. Estos datos son interesantes. Su historia... aún más.