Paramédicos, los héroes anónimos de la ciudad

Ricardo López Aldape es voluntario en la Cruz Roja desde hace 8 años, y aseguró que no cualquiera puede desempeñar ese papel, pues se necesita una vocación para ayudar a los demás.
Paramédicos de la Cruz Roja, un oficio que requiere vocación de servicio.
Paramédicos de la Cruz Roja, un oficio que requiere vocación de servicio. (Efrén Maldonado)

Torreón, Coahuila

Cruz Roja es una institución que brinda ayuda a quien lo necesita, pero para esto, sus paramédicos son parte esencial, ya que sin ellos, la ayuda no llegaría a las personas que lo requieren.

"No es fácil ser paramédico, primero que nada se requiere vocación, cabeza fría, mucha gente piensa que somos indiferentes ante el sufrimiento ajeno, pero no lo somos".

Día a día, noche a noche, los paramédicos y voluntarios de la institución, salen de sus casas para dirigirse a su guardia, sin saber lo que la calle les va a poner en el camino, incluso, sin saber si van a regresar a ese hogar que dejan para ir a salvar vidas.

Ellos cuentan que desde que se están preparando en casa para dirigirse a la Cruz Roja, se están preparando psicológicamente en que puede ser un día o una noche de mucho trabajo, "Tenemos hora de entrada, pero jamás una hora de salida", comentan.

SE PREPARAN

Al llegar, se uniforman en su dormitorio, el cual usualmente no lo usan para dormir, ya que las jornadas pueden tornarse algo pesadas.

Después de prepararse, se reportan con la radio-operadora en turno, para que se les asigne una ambulancia y comenzar con la revisión de los equipos y de la unidad, ya que tienen que ver primeramente por la seguridad de ellos.

Ricardo López Aldape, quien se desempeña como asesor financiero en una empresa, en sus tiempos libres prefiere estar ayudando a la gente, es voluntario desde hace 8 años.

Lo que lo impulsó a realizar su curso de Técnico en Urgencias Médicas (TUM), fue que hace algunos años, existía un grupo de rescate que se llamaba Comisión Nacional de Emergencia (CNE), en el cual él era integrante y una de las cosas que hicieron fue tomar clases en Cruz Roja, así que comenzó a llamarle la atención y decidió estudiar la carrera.

Ahora es operador voluntario y en casa guardia trata de que la 4 (ambulancia), esté en óptimas condiciones, por eso revisa niveles de aceite y agua, así como las llantas, ya que tienen que trasladarse seguros a sus destinos.

NO CUALQUIERA PUEDE SER PARAMÉDICO

Él tras realizar el curso, pasó satisfactoriamente los exámenes, lo que no cualquiera hace, ya que recuerda que de 35 alumnos que realizaron el curso al igual que él, sólo 2 personas se encuentran activas dentro de la institución, pues la mayoría no sienten ese deseo de ayudar, sólo realizan el curso por intereses personales.

"No es fácil ser paramédico, primero que nada se requiere vocación, cabeza fría, mucha gente piensa que somos indiferentes ante el sufrimiento ajeno, pero no lo somos, porque si no, no lo podríamos hacer", comentó López Aldape.

"Fue impresionante para mi en ese entonces, porque no había visto algo así".

Su primer servicio, se trató de una mujer de la tercera edad que se encontraba tirada en su domicilio, entre la pared y una puerta, tenía fractura y al llegar a brindarle atención, un compañero le acomodó el hueso y escuchó cuando tronó.

De ahí, se fueron dando una serie de servicios que fueron marcando su vida y está dispuesto a enfrentar lo que venga, siempre con el espíritu de servir, de ayuda a la gente y sobre todo salvar vidas.

Recuerda que en un 27, que en clave de ellos es accidente vial, en donde un joven estaba en peligro pues su vehículo se estaba incendiando, pero por fortuna Ricardo logró rescatarlo y finalmente lo llevó a recibir atención, tiempo después, ese joven, lo buscó y en agradecimiento le llevó un obsequio.

Los paramédicos de Cruz Roja, esos héroes que para la gente son unos desconocidos que están ahí cuando más los necesitan, esos que dejan a sus familias, sus hogares y hasta los días festivos para arriesgar su vida en cumplimiento de salvar las de los demás, no buscan nada a cambio, sólo la satisfacción de entregar a un paciente con vida en un hospital, pero hay gente que al ayudarlos, les sonríen y les dicen gracias, esa es la mejor recompensa que ellos reciben.