Llevan en la sangre el amor por el servicio a los demás

Jonathan y Javier son los únicos dos socorristas que se encuentran en el turno nocturno en la Cruz Roja de Lerdo, permanecen atentos al radio MATRA, para acudir a las emergencias que se presenten.

Lerdo, Durango

¡Lima, Lima, Lima! Se escucha una voz masculina detrás del famoso radio MATRA, para dar aviso al personal de Cruz Roja de Lerdo, acerca de un servicio al que hay que acudir.

Es fin de semana y los servicios comienzan a surgir desde temprana hora.

Este llamado fue al filo de las 23:00 horas del viernes y se pedía apoyo para atender a un "40", que en el idioma entre el personal socorrista, se trata de una persona atropellada.

"A pesar de que no nos conocemos físicamente, nos tratamos como si fuéramos los mejores amigos tras el constante contacto que tenemos y compartiendo los mismos turnos".

El servicio surgió en la zona centro de Lerdo, Jonathan y Javier, los dos socorristas que se encuentran de turno nocturno, abordan la única ambulancia que tienen en servicio en la institución, encienden la torretas de la ambulancia, una luz en color rojo que se puede ver desde lo lejos y se dirigen al primer cuadro de la ciudad.

En cuestión de minutos arribaron a la dirección que les indicó la voz a través del radio MATRA, pero al llegar ya no encontraron a la persona lesionada, el hombre no resultó de gravedad y decidió retirarse del lugar.

"Jhona y Javier", registran la salida y luego de confirmar que no se encontró ninguna persona a quien auxiliar, regresan a la ambulancia con dirección a las instalaciones de Cruz Roja.

El reloj marca las 23:30 horas y así es como inicia la actividad nocturna dentro de la jornada de 24 horas de los Técnicos en Urgencias Médicas.

El regreso a la estación de Cruz Roja luego de un servicio, fue algo inesperado, las torres continúa encendidas, Jhona y Javier circulan con una velocidad moderada y para animar el rato y olvidarse un poco del cansancio y de lo avanzado de la noche, encienden su celular y suena "Mi princesa" a todo volumen.

Una rola de Remmy Valenzuela que cantan a coro los socorristas, quienes sonríen uno con otro al escuchar cada uno sus voces.

La canción no termina por completo y como en rockola, comienzan a hacer una elección, pasan de Calibre 50, hasta una que otra rola de la "MS" o Julión y en cuestión de minutos, ya están de regreso en las instalaciones.

A comparación de horas anteriores, en que dentro de las instalaciones puedes encontrarte con doctores, radiólogos, socorristas y demás, de noche solo puedes encontrar silencio y a Jhona y Javis, quienes al arribar a la Cruz Roja, revisan la maleta donde se encuentra el material de auxilios, así como una serie de aditamentos que son necesarios para cada servicio, tras confirmar que llevan todo en orden.

Se dirigen a su dormitorio, donde al ingresar se encuentran literas, un escritorio donde hay una radio base, a la derecha unos sanitarios y frente a las camas, una imagen de la Virgen de Guadalupe, en la que se persignan tras cada llegada y cada salida.


Aún no llega el cansancio, a pesar de que llevan más de 15 horas de trabajo, ya que su jornada de 24 horas de turno inició desde las 08:00 de la mañana del viernes, pero aún llegan con ánimos de platicar un rato o comentar anécdotas de las que al acordarse se ríen a carcajadas.

Los minutos siguen transcurriendo y el cansancio los vence, 'Jhona' y 'el Javis' se recuestan en sus camas, sin quitarse su uniforme en rojo y azul que se compone de una camisola, fajilla, pantalón de cargo, chaleco, chamarra y botines.

Estos últimos son lo único que se quitan para poder recostarse, hasta que el personal del C-4 llame de nuevo para darles a conocer un servicio.

Parece que pueden descansar tranquilos, pero a pesar de que no los han requerido para un auxilio, la radio no deja de sonar, una voz a veces de hombre y otras veces de mujer, se escucha a lo largo de la noche, anunciando una serie de servicios para los compañeros de Cruz Roja de Gómez Palacio.

En las mejores circunstancias, solo esta voz es constante, en otras circunstancias, no deja de escucharse el llamado Código Rojo, que se activa para todas las corporaciones de seguridad y rescate, en caso de algún hecho de violencia.

Los muchachos, cansados y vencidos por el sueño, cierran sus ojos, pero no les basta con el radio de escritorio, cada uno de ellos coloca a un costado de su almohada el radio portátil y su teléfono celular, al cual el mismo personal del C-4 les marca en caso de existir una falla o interferencias en la radiocomunicación.

"A pesar de que no nos conocemos físicamente, nos tratamos como si fuéramos los mejores amigos tras el constante contacto que tenemos y compartiendo los mismos turnos", dice Jonathan, que poco a poco comienza a cerrar sus ojos.

La noche transcurre y con ello la baja de temperatura, el dormitorio permanece con las luces encendidas y no hay ningún otro ruido más que la interferencia y la voz del otro lado de la radio.

Llega la 01:00 de la mañana y de nuevo el llamado: !Lima, Lima, Lima¡ Javier y Jonathan se levantan en automático.

En esta ocasión reportan a una persona enferma a unas cuantas cuadras de distancia y tras colocarse sus botines, de nuevo salen para abordar la ambulancia.

Javier, quien lleva 2 años trabajando para Cruz Roja, es quien se coloca al frente del volante mientras que Jonatahan, se va de copiloto.

Encienden las torretas y tras avanzar unos kilómetros, llegan al domicilio donde ya los esperaban, atienden al paciente quien no presenta ningún síntoma de gravedad y tras medir su presión arterial y hacer una serie de consultas y recomendaciones, se retiran del domicilio.

No todos los servicios transcurren con esta tranquilidad, en la mayoría de las ocasiones se tratan servicios de emergencia y los familiares de los pacientes o personas lesionadas se alteran y siempre vienen reclamos como el tiempo que esperaron para su arribo o alguno que otro insulto.

"Uno además de hacer el trabajo, tiene que hablar con los familiares para calmarlos y poder dar indicaciones", dijo Javier, quien además platicó que no solo se presentan este tipo de problemas.

A veces tienen que discutir con la gente de IMSS o del Hospital General, ya que muchas veces no quieren recibir a pacientes que no son afiliados a las instituciones.

La madrugada del viernes, transcurre con tranquilidad, incluso la "Sirena" de la ambulancia no se ha encendido.

Dicen que por las noches solo se enciende cuando les avisan de un paciente de gravedad y durante el día, para que el estruendo de la misma, haga saber a los automovilistas que se acerca una ambulancia y que es necesario abrirle paso. Aunque Jhona y Javis dicen que ya los automovilistas no reaccionan igual.

De nuevo en el dormitorio, se disponen a descansar, pero escuchan la llegada de un motor a la entrada del edificio de Cruz Roja y se disponen a salir para verificar.

Se trata de una patrulla de la Policía Estatal, con dos elementos a bordo, uno de ellos le preguntó a Jonathan por la enfermera del lugar, llevado una jeringa en la mano.

El policía estaba enfermo y requería una inyección y lo atienden para después retirarse del lugar.

Al paso de varios minutos, arribó de nuevo una camioneta al lugar, en esta ocasión llevan a una jovencita de entre 23 y 25 años de edad, que fue ultrajada sexualmente momentos antes sobre la carretera a Villa Juárez.

Sus familiares la llevaron para que la revisaran los paramédicos, pero tras tratar de calmar a los familiares y a la afectada, les explicaron que no está en ellos poder hacer alguna revisión.


Los orientan para que acudan a la Vicefiscalía Región Laguna, donde les atenderán y ahí el personal médico deberá hacer las pruebas necesarias.

Les dan la opción de llamar al personal, para que acudan por ella a las instalaciones de Cruz Roja, pero la parte afectada prefiere llegar directo al lugar.

Jonathan y Javier se quedan con un mal sabor de boca ante este tipo de situaciones, pero no es la primera ocasión que atienden o apoyan en un caso similar.

Pasan las horas y no se registran más servicios, fue un viernes tranquilo y pasadas las 8 de la mañana del sábado, el resto del personal de Cruz Roja, comienza a llegar.

"Uno además de hacer el trabajo, tiene que hablar con los familiares para calmarlos y poder dar indicaciones".

Los muchachos de guardia alistan sus maletas, lo que anuncia el fin de turno de 24 horas y salen cansados de las instalaciones, no sin antes haber dejado en orden el equipo de trabajo para sus compañeros de turno.

"Vamos a las gordas", dicen Jona y Javier, quienes con ánimo acuden a un puesto cercano para desayunar y después, regresar a sus hogares, donde los espera su familia.

Jhonatan Nuñez Andrade, de 26 años de edad, lleva 12 años en servicio. Su amor por el servicio a los demás, lo trae en la sangre, pues varios miembros de su familia se han dedicado a la medicina.

Javier Ramos González, también de 26 años, lleva solo 2 años en Cruz Roja de Lerdo, su entrada fue algo especial.

Ingresó por una temporada de 3 meses para cubrir a su hermano, quien trabajaba en el área de intendencia, la actividad del lugar le "llenó la pupila" de inmediato y comenzó a prepararse y tomar sus cursos de Técnico en Urgencias Médicas, para encontrarse ahora donde está.