REPORTAJE | POR JORGE PEDRO URIBE LLAMAS

Crónica de un patrimonio a punto de perderse

Abandono y desidia

Pinacotecas empolvadas, construcciones ruinosas, estatuas, templos e incluso una lengua, el náhuatl, además de la gastronomía prehispánica, son algunos de los valores culturales en riesgo en nuestra Ciudad de México.

México

¿Los capitalinos merecemos el patrimonio que tenemos? A juzgar por el estado en que se encuentra la calle más antigua de América (la Calzada México-Tacuba), la desolación de la fuente dieciochesca afuera del metro Chapultepec, la fallida restauración de la escultura ecuestre más importante del país, y la más o menos reciente demolición de una parte del convento de los Camilos en Regina 97, entre muchos otros ejemplos, uno se queda con la impresión de que no.

A continuación se exponen 11 casos de patrimonio tangible e intangible en decadencia que aún se pueden salvar.

Casa en Manzanares 25 (Manzanares 25-A, col. Centro).

En una de las zonas más antiguas del Centro, conocida por los mexicas como Temazcaltitlan, se encuentra la única casa habitacional del siglo XVI que queda en el Centro y acaso en la ciudad. Se le reconoce con facilidad: está en la esquina con el callejón y es la propiedad más deteriorada en la placita de Manzanares, a pocos metros de la Capilla del Señor de la Humildad. Como si a La Merced le hicieran falta más glorias (las hay prácticamente en cada calle), podemos agregar esta casa en ruinas que nadie puede visitar.

Baños Medicinales del Peñón (Puerto Aéreo 465, col. Peñón de los Baños).

No le hace que Cuitláhuac, Maximiliano y Pedro Infante hayan sido clientes: pocos se acuerdan ya de los baños medicinales más famosos del país (a principios del siglo XX fueron considerados los mejores del mundo). No importa que algunos se jacten de haber superado un cáncer gracias al calcio, el magnesio y el litio de estas aguas a 46 grados centígrados: Baños Medicinales del Peñón es un lugar tristón, casi se diría que impopular, con todo y el espejote que dicen perteneció a Carlota, con todo y la ex capilla franciscana del siglo XVIII que subsiste a duras penas en el jardín. Dan ganas de llevarse a la casa la pintura de San Cristóbal que hay en el retablo barroco entelarañado o el Cristo moreno de pasta de caña de maíz (¡no hay que hacerlo!). Pero dan más ganas de jalarle las orejas a los de Instituto Nacional de Antropología e Historia que, según esto, tienen bajo custodia esta capilla cercana al aeropuerto y al olvido.

Edificio San Jorge (República de Chile 43, col. Centro).

Entre tiendas de vestidos de novia y limusinas para quinceañeras, uno puede dar con este edificio art déco de los años cuarenta diseñado por el arquitecto Juan Segura, el mismo que hizo el edificio Ermita en Tacubaya. Cosa de empujar la puerta, pasarse discretamente, tomarle fotos a la decoración de los dos patios, a las plantas semi abandonadas, preguntarse por qué nadie sale a regañarlo a uno por chismoso. ¿Se tratará de un edificio vacío? Pero entonces se escucha una tos, una tele prendida, un instrumento de cuerda (con que un vecino se dedica a la música) y puede que hasta la voz del fantasma del señor Segura, que seguro diría: "Regrésenle la vida a este edificio, por el amor de Dios". (Y las rentas no son caras.)

El náhuatl

Cada vez hay menos nahuatlacas en el DF. Los cursos de italiano, digamos, llenísimos, y ni hablar del inglés y el francés. Pero casi nadie se interesa por estudiar la lengua del Anáhuac, ni más bella ni más fea que el castellano, pero sí mucho más antigua. En la capital mexicana quedan pocos profesores. El que esto escribe solo conoce una escuela especializada: la de Santa Ana Tlacotenco, pueblo de la delegación Milpa Alta que lucha por su lengua (que no dialecto), a pesar de la indiferencia de las nuevas generaciones.

Condominio Insurgentes (Insurgentes 300, col. Roma).

Quesque se aparecen fantasmas, quesque ya ninguno de los más de 400 departamentos está habitado, quesque este fue el edificio más moderno de la ciudad cuando se erigió a finales de los años cincuenta. A lo mejor la película de terror El edificio (Ulises Puga, 2013) hace que nos fijemos más en esta mole bien conocida por el anuncio de la zapatería Canadá, el asesinato de Polo Uscanga (el de la Ruta-100), las clases de Krav Magá, el departamento de Mauricio Garcés, la vieja logia masónica. Conversando con un par de propietarios, uno se entera de que por ahora no hay planes de demoler el Condominio Insurgentes, como se comenta a cada rato, y de que los bares El Jacalito y el Bar Zero siguen funcionando. Y también el local de los tatuajes. Pero ¿por cuánto tiempo más?

Estatua de Morelos en Tepito (Av. del Trabajo esq. Alfarería, col. Morelos).

La encargó el emperador Maximiliano para regalársela al pueblo de México, y cómo no, si el hijo de Morelos fue a ofrecerle el trono imperial. No hay estatua más triste en la zona: pintada de blanco, insignificante, sin mucho sentimiento de la nación. Primero estuvo en la Plaza de la Santa Veracruz, que brevemente cambió de nombre a Plaza Morelos, pero luego, en 1883, se la llevaron a la colonia de la Bolsa, que desde entonces se llama colonia Morelos (pero todos le decimos Tepito). Muy cerca, en Alfarería 11, está el altar de la Santa Muerte que cuida la señora Enriqueta Romero. Por supuesto está en mejor estado que la estatua.

Ex templo de San Lázaro (Alarcón 45, col. 10 de Mayo).

A siete calles del Zócalo y a tiro de piedra de la Cámara de Diputados se hallan los restos de la iglesia en donde Los Rolling Stones hicieron el videoclip de "I Go Wild" hace unos 20 años. Aparte de ellos y de algunos historiadores y curiosos, a casi nadie le importa el lugar donde Hernán Cortés mandó construir el primer edificio de la ciudad mestiza (la fortaleza de las Atarazanas) y en donde más tarde, en los años setenta del siglo XVI, se erigió el famoso leprosario dedicado a San Lázaro (inicialmente estuvo en la actual Ribera de San Cosme). También por ahí funcionó el quemadero de sodomitas del Santo Oficio. A pesar de tanta historia, el pobrecito ex templo de San Lázaro, célebre durante siglos por su imagen de la Virgen de la Bala (la que ahora está en Iztapalapa), se cae a pedazos en un predio al que difícilmente se puede entrar porque "como le comentaba, señor, hay que pedir un permiso y no creo que lo dejen pasar". Pero sí me dejaron y pude comprobar el mal estado en el que se encuentra esta importante construcción. Y ni hablar de la cercana ex garita de San Lázaro, sobre Congreso de la Unión: cabo de la calle más antigua de América.

Gastronomía capitalina

Muy cerca de la Macroplaza Metropolitana Cuitláhuac, en la esquina de Porfirio Díaz e Ignacio Comonfort, en Iztapalapa, sigue funcionando el modesto restaurante Ayluardo's, uno de los pocos sitios en los que todavía sirven ahuautles, un platillo que recuerda la vocación lacustre de esta parte del mundo: huevos de mosco capeados y con romeritos o en salsa verde. Se le conoce como el "caviar mexicano" y lo comían los tlatoanis. Otro caso de platillo defeño en decadencia es la torta que sirven en la tortería Armando (Colón esq. Humboldt, col. Centro), el establecimiento en el que se inventaron las tortas compuestas en 1892. No se paran ni las moscas, literalmente, pues se trata de un negocio limpio. Ojalá más capitalinos nos acercáramos con la amable propietaria, Mónica, para preguntarle sobre su abuelo, el legendario Armando Martínez Centurión, inventor de este platillo. Podríamos hacer lo mismo en el Bellinghausen (Londres 95, col. Juárez), en donde cocinan el Filete Chemita que se preparó por primera vez en el desaparecido Prendes.

Lago de Tláhuac (carretera Tláhuac-Chalco, Estado de México).

Cuando uno va de San Pedro Tláhuac a Chalco, ya sea en combi, camión o automóvil, nunca a pie, se pasa por en medio de un remanente del Lago de Tláhuac. La vista es por lo menos cinematográfica. Sorprende que muchos capitalinos no conozcan este paraje maravilloso que, si nos descuidamos, podría desaparecer en pocos años.

Pensil Mexicano (Lago Chiem 80, col. Reforma Pensil).

¿Quién se acuerda de la Pensil? Tal vez los que tienen presente la letra de "Los pulques de Apan", de Chava Flores, o aquellos que visitan a algún familiar o amigo, o trabajan ahí. Y no son pocos los que la llaman La Pencil. Y, sin embargo, en ese rumbo de la delegación Miguel Hidalgo permanece el único pensil (jardín delicioso) de la época virreinal, el que un tal Marco de Ybarra mandó construir en 1766 como lugar de descanso. Originalmente se llamaba Pensil Americano, como puede reconocerse en el portal cerrado, cerradísimo, de esta propiedad deteriorada. También en él se lee: "Peligro, perros de guardia y protección" y "si trae a sus perros a pasear favor de recoger sus desechos". Pero ¿quién va a ir con sus perros al pensil si nadie puede entrar? Solo si se brincara alguno de los vecinos del desarrollo Vistalagos, los únicos con vista al viejo pensil que hasta capilla tenía y que, aunque usted no lo crea, es desde 1932 monumento histórico.

Pinacoteca de la Casa Profesa (Isabel la Católica 21, col. Centro).

La iglesia en realidad se llama Oratorio de San Felipe Neri, pero todos la conocemos como La Profesa porque ahí funcionó la importante Casa Profesa de los jesuitas, que desapareció casi por completo a partir de la apertura de la calle 5 de Mayo en la segunda mitad del siglo XIX. La pinacoteca es una de las mejores de México y, sin embargo, permanece casi como un secreto, pues abre solo los sábados de 12:00 a 14:00 horas. Los guías son conocedores y simpáticos. Las pinturas bastante relevantes. Pero las condiciones de la pinacoteca no son las más adecuadas, por lo que algunas pinturas virreinales podrían estar en peligro. Necesitan ayuda y la mejor ayuda es una visita. Solo se cuida lo que se quiere y solo se quiere lo que se conoce. D