[Crónica] El Tapete de María

Un acto de fe dio vida de nuevo a los usos y costumbres de los habitantes del pueblo cholulteca; la devoción de María impulsó una vez más la tradición mileneria que se había perdido.
Tapete de Semana Santa en San Pedro Cholula, Puebla.
Tapete elaborado con fe y devoción. (Foto: Gabriela Martínez)

Puebla

El agua le otorga al piso un color más obscuro, servirá también para que el aserrín no se despegue con el aire, afianzará a lo largo de 170 metros la fe y las creencias del pueblo cholulteca.

Los costales están preparados, en su interior restos de madera pintados de diferentes colores, la gente se encuentra a la expectativa.

Mientras el personal de ayuntamiento moja la zona donde estará el tapete, María da instrucciones, corre, y dice “ya vayan poniendo el aserrín donde está mojadito para terminar más rápido”.

Ella le dio vida una vez más a la tradición que se retomó hace ya quince años en las calles aledañas del ayuntamiento municipal.

“Yo inicie la alfombra en la Avenida Alemán, empezamos echando unas rosas pero como que veíamos que era muy poca cosa y al otro año comenzamos a hacer unas flores, ya más preparadas”, dijo María Margarita Alatriste.

Los trabajadores del ayuntamiento comienzan con la base del tapete que representará las tres caídas de Jesús en su trayecto a la crucifixión, con sus manos toman de los costales el aserrín verde y lo riegan en el suelo.

Mientras realizan la primera etapa, otras personas se encargan de ir colocando las plantillas de madera, tres de ancho por cinco de largo, vierten en sus huecos aserrín de otros colores, el dorado y el café para los clavos y la cruz, el morado y el blanco para las uvas y la paloma del Espíritu Santo.

Un acto de fe le dio vida de nuevo a los usos y costumbres de los habitantes de la región, la devoción de María impulso una vez más la tradición milenaria que se había perdido.

“Cuando iniciamos la gente nos comentó que anteriormente se hacían las alfombras pero que a través de los años se fue perdiendo esa costumbre, comenzamos a organizarnos y con los donativos de algunos vecinos fuimos armando el tapete en las diferentes calles por donde pasaba la procesión”.

El tapete fue creciendo a  través de los años, comenzó con las flores y terminó convirtiéndose en una de los eventos religiosos que se arraigaron en la demarcación, al día de hoy el tapete abarca 170 metros de largo y 7 de ancho, además es colocado en las diferentes calles por donde pasa la procesión conforme a la tradición y cuenta con una inversión de más de 10 mil pesos.

“Empezamos con poco y así continuamos unos años hasta que nos llamaron del ayuntamiento para realizarlo de manera formal y arraigar de nuevo las costumbres de las personas que vivimos aquí”.

Los familiares y trabajadores de doña María realizan un trabajo de 3 semanas para preparar el aserrín que se utilizará para el tapete, las plantillas con referencia a la pasión de Cristo, y los preparativos para el tapete.

“El monte calvario, la multiplicación de los peces, las tres caídas, la crucifixión y la resurrección de Jesús es lo que hoy nos tiene aquí, esto es parte de lo que Él hizo por nosotros, es una forma de agradecerle”.

Cada año a través de la colocación del tapete, María realiza una petición a Dios, este año es salud para ella y sus seres amados, las peticiones anteriores se basaron en la vida de su hermano que perdió la vida, la prosperidad y el amor.

“Yo lo hago porque Dios me ha dado todo y él no me pide nada, con esto yo pretendo ofrecerle algo. Mientras tenga fuerza yo seguiré haciendo el tapete.

Es algo muy hermoso, viene mucha gente a verla, es gracias a Dios una tradición de nuevo. Con la cooperación de todos hemos logrado que esto se celebre una vez más”.