El Corona ya huele a un mercado

Negocios en calles aledañas también retoman sus actividades habituales tras 18 meses de compartir la zona con los vendedores que se colocaron en calles.
Poco a poco los visitantes van encontrando los puestos que visitaban desde antes.
Poco a poco los visitantes van encontrando los puestos que visitaban desde antes. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

El Corona no solo comienza a tomar forma con la apertura de los locales que se incorporaron desde este lunes, además, podría decirse que el inmueble, con el 80 por ciento de ocupación, comienza a cobrar vida, y entre los aromas de tacos, jugos, flautas, incienso, flores, fruta y “siete machos”, el Corona ya huele a mercado.

A las ocho de la mañana ya están los primeros arreglos florales listos, probablemente tendrán como destino el escritorio de alguna oficina o la sala de alguna chica a la que quieren conquistar “a la antigua”, en ese mismo piso uno de los pasillos más concurridos es aquel donde se encuentran los tacos de canasta de Guadalupe Zepeda, quien se las ha tenido que ingeniar para meter en un espacio de un metro cuadrado una mesa, una olla, una canasta, algunas rejas de refresco y dos empleadas. “Pues ahí como vamos pudiendo, ahorita los clientes se pueden sentar en el pasillo porque no han abierto (los locales vecinos) ya cuando abran todos va a estar canijo”, mencionó Don Guadalupe.

Los que venden comida parecen no sufrir por clientes, de ahí, los segundos más buscados parecen ser los “hierberos”, conocidos también como “los que hacen la brujería”, tal y como una mujer preguntó por ellos a una persona de limpieza, “ahí están hasta arriba”, responde la mujer con trapeador en mano.

En esa planta de “hasta arriba” no faltan los cirios de colores, las velas con figuras humanas, patas de conejo, varas de membrillo y cruces de ocote, en uno de los pasillos, incluso, la anfitriona es una imagen de aproximadamente 1.70 metros, de la Santa Muerte, en esa misma zona la lectura del tarot se realiza al límite de los locales y el corredor, y es que por cuestiones de espacio la privacidad es un lujo que no todos pueden darse.

En el segundo nivel los que venden ropa se pelean por acomodar las mochilas y maniquíes sin salirse de su espacio, es quizá la zona más desolada del mercado: “No he vendido todavía, yo creo mis clientes no me ubican a dónde me cambié”, mencionó Edith, propietaria de un negocio de bonetería.

El piso está tan solo, que todos pudieron escuchar el grito desesperado de un pequeño “¡Mamá!”, es lo que se escucha proveniente del baño, la señora corre en auxilio de su pequeño y para cuando sale del sanitario ya todos los que oyeron al niño desgarrarse la garganta están atentos a lo que pudo haber pasado, “que no hay papel”, le dice la madre a la persona que le acompaña y así da alivio a los curiosos y chismosos, aunque la información es sumamente importante para que la escena no se repita.

Dentro del mercado los trabajadores intentan adaptarse a las características de los nuevos locales, algunos no tienen problema para hacerlo, a otros claramente les cuesta trabajo, pero la mayoría espera que en el transcurso de los días las cosas “se vayan acomodando”.

A los alrededores, sobre las calles Santa Mónica y Zaragoza, poco es el rastro que queda de los comerciantes que permanecieron por casi 18 meses sobre la calle, las barredoras han hecho lo suyo y los empleados municipales trabajan con aspersores para dejar lo más limpio que se pueda, también tiene presencia un grupo de agentes de movilidad para evitar que las calles liberadas se conviertan en estacionamientos públicos, y otra cuadrilla de inspectores hace guardia para cuidar que nadie se coloque en las banquetas, “la instrucción es no dejar que se instale comercio ambulante”, señaló uno de los empleados de inspección y vigilancia.

Con el retiro de comerciantes de las calles parecería que los locales establecidos fueron revelados a la gente, al menos la percepción del lugar es otra, la vista de los peatones re descubre negocios de dulces, frutas, esencias y hasta el erótico Cinema Corona, en donde el atractivo este fin de semana no será Batman contra Superman, sino otro tipo de encuentro, con menos ropa y en otro escenario.