Copropietario confesó engaño ante el juzgado

Firmó con documentos falsos.
El Velo de Novia, parte del paraje.
El Velo de Novia, parte del paraje. (Roberto Alanís)

Monterrey

El 13 de agosto de 2013 Bonifacio Aguilar Grimaldo confesó haber sido testigo de los contratos de compra venta y no contar con ningún mandato para representar a Erasmo Cerda Romo, como afirmó en la escritura del Fideicomiso Zaragoza.

En una audiencia confesional ante el Juzgado de Primera Instancia del Séptimo Distrito Judicial en Doctor Arroyo, los representantes de la familia Cerda López hicieron varias preguntas, como:

“Que usted admite haber intervenido como testigo en el contrato de compra venta celebrado el 15 de marzo de 1971 entre el señor Erasmo Cerda Romo y Josefa Hernández de Cerda, como vendedores, y María de las Nieves Villanueva como compradora de la nuda propiedad del predio, como representante de los menores usufructuarios Marco Antonio Cerda López y Claudia Isabel Cerda López.

“Que usted reconoce que jamás ha sido apoderado de la sucesión de Erasmo Cerda Romo”.

A todas ellas, Aguilar Grimaldo, quien también aparece como director honorario del Fideicomiso Zaragoza, respondió: “Sí, es cierto”.

Su confesional se contrapone con lo que firmó en el Fideicomiso que consta en la escritura pública 7088, de la que dio fe Abelardo Benito Rodríguez de León en septiembre de 1986 y de la cual MILENIO Monterrey tiene una copia.

En el documento se señala que Aguilar acredita su carácter de apoderado de sus copropietarios con un contrato de poder especial.

En el documento aún figura Erasmo Cerda Romo y su sucesión como dueños del inmueble, lo cual es imposible, ya que lo había vendido más de una década atrás a la señora María Nieves López.

“Comparecieron los señores Lic. Manuel Édgar, Armando Villanueva Haro, María del Refugio Haro de Villanueva, Nieves López Villanueva y Josefa Fernández viuda de Cerda en su carácter de albacea del señor Erasmo Cerda Romo”.

Sin embargo, ni López Villanueva, ni sus hijos, se encontraban presentes, ni Josefa Hernández viuda de Cerda era heredera o dueña del terreno, pues lo habían vendido 14 años atrás, por lo cual el poder especial para actos de dominio con que contaba Aguilar para hacer la firma no pudo haber existido.