Conocedores ponen en duda la industria editorial en Jalisco

Expertos exhortan a reflexionar sobre el tema y profundizar en su documentación para capitalizar esfuerzos de noveles generaciones.
Al centro Jorge Orendáin de La Zonámbula.
Al centro Jorge Orendáin de La Zonámbula. (Cortesía)

Guadalajara

Hurgar en los orígenes de lo que en el medio local se conoce como “las editoriales independientes” de los últimos años en Jalisco es ya un asunto polémico, mientras unos ubican un surgimiento de diversas propuestas hacia principios de la década de los 90, hay quienes identifican ya algunos esfuerzos  aislados valiosos, en la  década de los 80. Una radiografía del tema en la actualidad es confusa porque, según expertos no hay un documento que concentre esa información. Por otro lado al reflexionar sobre qué tipo de industria editorial  es la que se ha dado en Jalisco en los últimos años, si se le pudiera llamar así, cualquier estudioso encontraría varios modelos en los cuales se mueven los editores actuales.

El panorama editorial en Jalisco “es muy difícil, sobre todo porque no hay lectores. Si no hay lectores no se puede hablar de una industria”, asegura Alfredo Gutiérrez, de Acento Editores quien desde 2000, edita cerca de 60 libros al año a través de cofinanciamiento, fondos propios y otros otorgados por el gobierno o universidades. Entre lo que debería ser y es hay mucha diferencia. De acuerdo con Fernando Toriz, coordinador de actividades culturales de la librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica, hay editores de revistas o editoriales cercanas a cumplir 20 años que no han profesionalizado sus servicios y continúan funcionando casi igual como comenzaron. “Tampoco existen herramientas para las nuevas generaciones que les permitan no partir de cero para emprender un proyecto de este tipo, tampoco hay una historia “.

Antonio Rodríguez, editor en El diario de Córdoba, durante cerca de 10 años, en la sección cultural, tiene una experiencia de más de 20 años como colaborador en diversas editoriales de España y radica en Guadalajara desde hace tres años comenta que hay dos tipos de editores: “el editor de páginas literarias en un periódico, es un mediador y el editor de libros es más bien un promotor de la lectura. Para el caso de los dos su función es acercar lo mejor de cualquier tema en cuestión al lector. Señala que para producir libros debe tenerse “un equipo muy grande de críticos que te ayudan a leer, comentar y a dar información de las publicaciones”. Rodríguez quien también es catedrático de la Universidad de Guadalajara dice que el compromiso ético del editor consiste  “en ser honrado y buscar los libros realmente buenos,  es como un árbitro de las publicaciones”. 

Rodríguez señala que en Guadalajara debería de funcionar como en España lo hace Barcelona que es la segunda ciudad del país, a nivel editorial. Veo los esfuerzos editoriales  no corresponden  a la Feria Internacional del Libro que tienen y que  logra reunir a una élite mundial de la edición. No existe ese crecimiento en la industria editorial. Falta un impulso gubernamental para impulsar la industria editorial, falta potenciar la distribución de libros y abaratar los costos de producción y venta de los libros”.

Por otro lado señala que  ve un fenómeno interesante, “una producción artesanal de libros plena de ingenuidad creativa desinhibida, hay una frescura, a nivel creativo. A nivel creación, veo ilustraciones a mano, ediciones artesanales, he visto preciosidades, hechas a manos y agradables”, subraya.

Amado Aurelio Pérez, colaborador de MILENIO JALISCO, señala que “es necesario recuperar esfuerzos editoriales que han surgido a lo largo de la historia del estado que permitan a las nuevas generaciones aprender de las anteriores”.