“Como cucarachas saldremos corriendo”

Habitantes de la Emilio Carranza, colonia aledaña a la refinería temen por sus familias en caso de incendios.
Los vecinos de la refinería viven con el temor a cuestas.
Los vecinos de la refinería viven con el temor a cuestas. (Jesús Jiménez)

Tampico

Si algo explota y hay fuego entonces salimos corriendo como cucarachas, nos vamos con los marinos o a la playa”.

Así es como reaccionan los habitantes de la colonia Emilio Carranza, ubicada a espaldas de la refinería Francisco I. Madero.

No existe un protocolo de acción a pesar de que su cercanía con los tanques de la planta es de unos cuantos metros, “no tenemos miedo de estar aquí, pero si se enciende salimos corriendo y hasta se nos olvida la bolsa del dinero”,  comenta Noemí Reyes de la Torre residente de la calle Melchor Ocampo.

Más de la mitad de su vida Petróleos Mexicanos le ha dado la espalda a su hogar en el que vive con su esposo Francisco, pollos y gallinas en el patio, sin drenaje y en uno de los lugares más olvidados por las autoridades.

“Completamente olvidados, en esta colonia de pura chiripada hay teléfono. Nunca hemos tenido drenaje, contamos con fosa y la mando limpiar, seguido viene un camión pero hay que avisarles y estar esperándolos”, afirma.

Entre las medidas de seguridad recuerda la frase “en el caso de explosión abandone su domicilio y deje todo cerrado” y se cuestiona ¿pero a poco vas a dejar todo cerrado cuando esté la lumbre encima?”, enseguida se tira una carcajada.

Sentada en un sillón a la entrada de su domicilio, Noemí recuerda la explosión de un tanque hace unos 50 años, “fue un corredero de gente y hubo un montón de calcinados, pero ya no hemos tenido algo así”.

Pero lo de correr se acabó, al menos para ella y Francisco. Él está ciego a causa de la diabetes y ella a duras penas camina, en caso de un incendio en la refinería tienen dos opciones: esperar al personal del Ejército y la Marina o a una de sus hijas que vive en la colonia Ampliación. 

“¿Porqué no nos quita de aquí Petróleos, si no mete drenaje ni nada?, aquí parece un mendigo rancho, está peor que rancho porque ahí de perdido hay animales, mientras que aquí en las noches una pestilencia horrible”, comenta.

A mediados del siglo XX la casa de Noemí se encontraba en las actuales instalaciones de la refinería, justo en donde se ubican los tanques, mientras que el petróleo se refinaba en lo que hoy se conoce como las canchas del Siete y Medio.“Nos echaron para acá, fuimos brutos también. Nos dieron como 12 mil pesos y dijeron váyanse.

Compré éste terreno en 5 mil pesos y con lo que sobró construí un cuartito, tenía a mis hijos chiquitos y ahí nos apilamos”, expresa.

De la última explosión ocurrida el lunes ni Noemí ni su hija Gloria se enteraron hasta un día después, “ni cuenta nos dimos, vimos el humo pero no sabíamos que era un incendio”.

Gloria asegura que no han recibido capacitación por parte de Protección Civil, “cuando vemos que es en serio nos salimos corriendo como las cucarachas y vamos a donde están los marinos. Hay muchas cosas malas aquí, pero no sé porqué los presidentes no se ponen las pilas para sacarnos porque no es la primera vez y lo único que nos queda es salir huyendo arañando a todos…uta máquina, ¿ya qué?”.

Ya las cosas no son distintas para los vecinos de la calle Ignacio Zaragoza que colindan con uno de los tanques.

Alejandro y Susana comentan que cuando ocurre algo en refinería el personal los saca de sus domicilios, pero de la explosión del lunes “ni nos dimos cuenta…siempre hay explosiones, ya nos acostumbramos, ora sí que solo Dios nos guarda y nos cuida, confiamos en él”.