Comercios sufren por violencia en Michoacán

Cualquier rubro del comercio de Moroleón, Uriangato y Yuriria resiente la ausencia de clientes provenientes del estado vecino.

Moroleón, Yuriria y Uriangato

"¿A Michoacán? No, para allá no salimos", dice contundente José Villagómez, taxista de Uriangato. A ningún precio. Le ofrecemos mil pesos por un flete por el que, hasta hace meses no cobraban más de 300. "Los patrones nos tienen prohibido ir para allá", se disculpa. Robos, retenes, extorsiones son sus argumentos. Cuenta que en el último año, dos de sus colegas ya no regresaron.

"Cuando se pone feo hasta los camiones cancelan las corridas", revela. Por eso cruzar la frontera federativa llegó a nivel de prohibición en su gremio.

Ni de aquí para allá, ni de allá para acá. Los clientes purépechas que visitan el municipio se están esfumando. El eje de la economía abajeña es el comercio textil. Uriangato y Moroleón, dos municipios guanajuatenses separados por una calle coinciden en el problema.

Los comerciantes dan cifras variadas, 50, 60, 40 por ciento, pero todos coinciden en el impacto negativo que ha tenido el clima de violencia michoacano en sus ventas.

María Juana Ruiz vende ropa de dama. Se queja de que los clientes de aquel lado escasean.

"De plano hace dos semanas no vino ningún autobús. No pudieron pasar". Y los que logran llegar traen miedo. "Fue muy marcado ahora con las autodefensas, por ejemplo esperábamos unos 10 clientes. No vino ninguno", asegura.

"Sí había muchos clientes de aquel lado que ya no vienen a surtir", resume Roberto Hernández, encargado de una tienda de ropa de niño en Avenida Colón, la arteria aorta de los negocios en Moroleón.

La imitación de la playera del equipo de futbol, Monarcas Morelia era una de las más vendidas, ahora pocos negocios la exhiben en su aparador principal. En el recorrido solo se puede hallar un maniquí vestido con el jersey amarillo.

"Anabell Shop Pink", tienda de lencería ya no tiene clientes michoacanos. Lo confiesa Daniela López, encargada, mientras suspira y pone la mirada en el infinito, como imaginando la magnitud del problema. Mary Paniagua, de "Todo a $99" cuenta que tenía compradores de Santa Ana Maya, pequeño poblado donde apenas en noviembre fue asesinado su alcalde, Ygnacio López Mendoza. Su cuerpo fue hallado en Guanajuato. De ese poblado también eran algunos clientes de la Óptica

"Morelos", según refiere su propietario Juan Hernández.

Es evidente que el fenómeno no sólo ha pegado al comercio textil.

Efraín Zamudio es propietario de una tienda de abarrotes y expone una teoría para explicar la baja general en las ventas: "Pues más que todo la inseguridad en las carreteras que (los clientes) ya no viajan con la misma confianza. Tienen miedo de que los asalten". Coincide con Luis Villa, propietario de la tienda de calzado y ropa de hombre "Óxido": "Sí afecta porque cuando hay un suceso por allá, siempre repercute aquí... y la gente ya no quiere venir a comprar. Tienen mucha desconfianza". Y ahonda: "Lo que es de Uruapan hacia allá hay muy buena clientela y no vienen. Las carreteras están bloqueadas", lamenta.

José Ángel, empleado del Hotel Moroleón Plaza, de categoría cuatro estrellas, cuenta que últimamente no ha visto turistas del estado vecino.

Octavio López deja de leer un diario local que consigna un homicidio para platicar que se siente seguro. "Aquí no se ha visto nada", asegura, pero confiesa que las cosas ya no son como antes, aunque confía en el trabajo que están haciendo las autoridades de seguridad "A lo mejor sí están resguardando la frontera", aventura.

HUELE A PELIGRO 

La violencia también ha permeado. El 9 de enero de este año los hermanos Miguel y Yahir Guzmán Rodríguez, de 23 y 19 años respectivamente, así como Manuel Chacón, de 38, fueron acribillados. En el lugar del crimen se encontraron casquillos percutidos de pistolas 9mm y 38 súper. Tres motos y un vehículo, propiedad de las víctimas tenían placas de Michoacán.

Cuatro días antes, a eso de las 2:00 de la tarde, un local de la calle 5 de Mayo fue asaltado. Dos hombres amagaron a los empleados y los amarraron de pies y manos con cinta canela. Se llevaron 210 playeras valuadas en unos 10 mil pesos.

Desde hace días las declaraciones de las autoridades guanajuatenses tienen la palabra "blindaje" como una constante en sus discursos.

"Hay municipios en zonas limítrofes (donde) es muy difícil para ellos hacerse cargo de la seguridad y entramos para coadyuvar", declaró recientemente el gobernador de Guanajuato.

Hace una semana, el Ejército Mexicano implementó un operativo permanente en sociedad con fuerzas federales y estatales para "sellar" las vías de Guanajuato que colindan con Michoacán. La lucha es contra el "Efecto Cucaracha", ese fenómeno en que el delito se mueve hacia sitios colindantes donde la procuración de justicia se intensifica.

YURIRIA, LA TRANQUILIDAD PERTURBADA
Yuriria forma una zona metropolitana junto con Moroleón y Uriangato.

Si usted le pregunta a 10 personas elegidas al azar cómo se sienten respecto al tema seguridad, muy probablemente todos dirán que viven tranquilos, pero la mayoría admitirá con preocupación que hay que tener los sentidos alerta por la cercanía con el estado donde nació el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Gerardo Godínez, propietario de la paletería "Tocumbo" (que toma el nombre de su pueblo natal) relata que en diciembre pasado viajó a su tierra y el tema del que todos hablaban era el enfrentamiento entre grupos armados y las autoridades. El hecho, asegura, no se consignó en las noticias.

Rebeca Martínez, quien ha radicado toda su vida en el sitio cuyo nombre significa en purépecha "Lugar del Lago de Sangre", duerme tranquila pero confiesa que entre sus planes vacacionales el primer destino descartado es Ixtapa Zihuatanejo en Guerrero. Hace meses unos amigos suyos fueron víctimas de robo por parte de un grupo armado que asaltó su camión turístico cuando circulaban rumbo a Lázaro Cárdenas, Michoacán. La pólvora está tronando muy cerca.

EL MIEDO ESTÁ EN EL AIRE
Aunque se trata de una zona tranquila y los niños juegan en el parque, el miedo se descara a la menor provocación. "¿Será muy tarde para emprender el viaje a Apatzingán?", le preguntamos a la mesera que nos atiende en el restaurante "Monalisa", ubicado en el corazón de Uriangato. Desde otra mesa una comensal que estaba absorta en sus alimentos reacciona desde su letargo para prevenirnos en un tono de súplica: "¿Apatzingán? No, ahorita mejor no vayan para allá".