La Laguna, un lugar repleto de leyendas

José Jesús Vargas Garza, cronista de Lerdo, comparte historias de lugares supuestamente encantados, en donde es difícil explicar muchas de las cosas que han sucedido o siguen sucediendo en ellos. 
Sitios históricos de la Comarca Lagunera.
Sitios históricos de la Comarca Lagunera. (Especial)

Torreón, Coahuila

Creyentes o escépticos con el mundo de los fenómenos paranormales, lo importante es que se cuente la historia que hay detrás de estos sitios y que no se deje de lado a estos lugares.

La Comarca Lagunera es un lugar repleto de leyendas que nos hablan de apariciones misteriosas a mitad de la noche y de espíritus atormentados vagando por las casas y calles.

Lugares supuestamente encantados, en donde es difícil explicar muchas de las cosas que han sucedido o siguen sucediendo en ellos.

En donde generalmente detrás de estos sitios existe una gran historia que no está por demás contar.

Así pues, el cronista del municipio de Lerdo, Durango, José Jesús Vargas Garza, nos comparte algunas de estas leyendas.

La anciana y su perro negro

Cuando el reloj señalaba un poco más de las once de la noche, "El Güero", un joven intendente de la secundaria 'Flores Magón' de Lerdo, se encontraba barriendo en un salón que quedaba al fondo del pasillo del segundo edificio de la escuela.

De pronto, sintió pasos detrás de él, volteó y camino hacia la entrada, inesperadamente salió a su encuentro una anciana, con un chal encima y con la mirada enrojecida.

En ese momento, "El Güero" pensó que era una indigente que se había metido a la escuela, entonces fijó la vista en un perro negro que acompañaba a la viejita.

Otros cuentan que comúnmente a las tres treinta de la madrugada suena el timbre de la escuela y se escucha como se mueven los pupitres en las aulas.

Platica el intendente que sintió cómo un aire helado le recorrió la espalda cuando la anciana le habló por su apodo y le dijo: -Güero, préstame para un refresco-.

El intendente sacó una moneda de diez pesos y se la dio, entonces la viejita le dijo:-Ya la libraste Güerito- el güero en forma de temor, le dijo que ya se fuera porque lo iba a meter en problemas si el director de la escuela se enteraba que se le había "colado" alguien por la noche.

Cuando la anciana del chal salió del plantel, "El Güero" salió corriendo para saber el rumbo que había tomado la mujer, pero en la calle no había nadie, la escuela está ubicada sobre el bulevar Miguel Alemán, y no se veía a nadie en ese momento, entonces el intendente empezó a temblar, cerró la escuela y se fue sin terminar sus labores.

Cuenta otro intendente, conocido por sus compañeros de trabajo como "El Tecolote", por aquello de que cuida en las noches la secundaria, que en la madrugada antes de que los alumnos entraran a clases, se puso a barrer el patio cívico de la escuela.

Al terminar, se dirigió a continuar sus labores, cuando su mirada quedó congelada al ver que en medio del patio que recién terminó de limpiar, había una botella de refresco girando, lo extraño es que a las cinco de la madrugada solo el velador estaba en la secundaria.

La leyenda de las apariciones en la presidencia Municipal de Lerdo

Era en tiempos de la Revolución, el jefe político del Partido de Mapimí, fue el coronel Ismael G. Zúñiga, gobernador en ese tiempo de Ciudad Lerdo.

Fue a él a quien le tocó lidiar con los maderistas que comandaba Jesús Agustín Castro cuando atacaron la Cárcel de Gómez Palacio, la madrugada del 21 de noviembre de 1911, los que luego libraron un feroz combate enfrentándose al ejército de Porfirio Díaz, en la batalla del Puente Blanco.

Zúñiga fue un sanguinario que perseguía a los ciudadanos que apoyaban a los revolucionarios desde la clandestinidad, muchos de ellos fueron encarcelados en los interiores del centenario edificio de la Presidencia Municipal.

En esta historia existe otro personaje que tenía a su cargo la cárcel y esa fue la trágica figura de Antonio Sotelo, el verdugo de tantos crímenes, que tiempo después salieron a luz, sintiéndose impulsado por el celo y el "amor" al amo.

Antonio Sotelo mató cientos de veces, destrozaba las partes delicadas del cuerpo de los desgraciados que tenían la mala suerte de caer en sus manos.

"Sus balas asesinas cubrían de luto a las familias de inocentes, los sombreros anchos de los rurales no les permitían ver la expresión de los ojos de los sicarios que al mando de Sotelo, cortaban la vida a almas nuevas y útiles para la patria".

Sotelo era el comisionado de la cárcel y el hombre de confianza del Coronel Zúñiga, su figura rondaba el inmenso edificio, buscaba y husmeaba en el interior de las celdas, ávido de sangre fresca, para delatar a quienes, ignorantes de lo que pasaba, pretendían fugarse o hablaban mal del gobierno Porfirista.

Infinidad de veces los vecinos de Lerdo se despertaban sobresaltados a la media noche, ya que una descarga cerrada se escuchaba, luego otra y con ligeros intervalos las balas volvían.

La policía contestaba "son los rurales que están haciendo prácticas de tiro", la realidad era que quitaban la existencia a muchos inocentes.

Sotelo se sentía satisfecho y el coronel Zúñiga recibía el parte de "cumplidas están sus órdenes", que más tarde, se las trasmitía a la superioridad.

Muchos de los crímenes se cometieron en la cárcel de Lerdo, especialmente en el fatídico calabozo número 14.

El pueblo temeroso de los sucesos de aquellos tiempos en el edificio de la Presidencia Municipal de Lerdo, todavía para 1925 recordaban de sobra la fantástica realidad de todo eso, aunque parecía que ciertas torturas a los prisioneros para hacerles "cantar" no se habían olvidado todavía.

Actualmente, un hombre que trabajaba todas las noches en los interiores del Palacio, decía que nadie ignoraba que en Lerdo, en el piso alto del edificio de la presidencia municipal, noche a noche bajaba un individuo alto, vestido decentemente, quien con toda soltura, como si se tratara efectivamente de un ser de este mundo, sacaba un llavero de su bolsillo, abría la puerta del Juzgado Penal y se sentaba tranquilamente a consignar sus asuntos.

"El Chato", uno de los empleados más viejos del Juzgado, recuerda como muchas veces escuchó el natural roce de papel sobre los expedientes, pero, agrega:

"Yo solo he oído golpes en la puerta que queda al pasillo interior, esto siempre que trabajo de noche por algún asunto urgente".