Cientos de fieles son bautizados en La Luz del Mundo

Hoy comenzó el primero de tres días que serán dedicados a este rito que se vive con gran fervor, simultáneamente en tres templos de esta Iglesia.
Los nuevos fieles se formaron para ingresar a una pila donde fueron sumergidos por completo y bautizados en el nombre de Jesucristo.
Los nuevos fieles se formaron para ingresar a una pila donde fueron sumergidos por completo y bautizados en el nombre de Jesucristo. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Procedente de varios estados de México y de otros países, más de un centenar de hombres y mujeres se dieron cita esta mañana en el templo de La Luz del Mundo, ubicado en la colonia El Bethel, para protestar su fe y dar comienzo al primero de tres días que serán dedicados a los bautizos de los nuevos miembros de esta Iglesia.

En el marco de la Santa Convocación, que esta Iglesia fundada en Guadalajara celebra cada año en agosto, los nuevos fieles se formaron para ingresar a una pila donde fueron sumergidos por completo y bautizados en el nombre de Jesucristo, ceremonia que se llevó a cabo en tres sedes simultáneamente, además de El Bethel, también en los templos ubicados en la colonia Lomas del Gallo y en Coyula, todos en el oriente tapatío.

Los fieles dieron muestras de gran fervor, entonando cantos de alabanza y glorificando a Dios con voz potente que, de tanto en tanto, se destacaba por encima de las oraciones y la prédica del ministro quien les dio la bienvenida.

Stache Yeanty viajó desde Haití, para ser bautizado este día. Es uno de los pocos haitianos y el primero en su familia que profesa esta religión, la cual tiene a Jesucristo como centro y considera como apóstol del mismo Dios, a Samuel Joaquín, su líder.

“El tiene ocho años conociendo a la Iglesia de la Luz del Mundo en Haití, pero hasta hoy él sintió en su corazón el bautizarse”, explica el joven que traduce las respuestas de este hombre de 38 años, quien habla lengua Creole et francés.

“Yo tenía una vida sucia, era una vida miserable, pero ahora me siento en la vida eterna… lo siento en mi corazón y mi alma”, dice Stache.

Esa emoción es la que viven todos, y en muchos se traduce de forma emotiva, en lágrimas, oraciones, abrazos de los familiares y misioneros que festejan su conversión.