Padre e hijo enseñan a nuevas generaciones

Martín Perea Quintana y Martín Perea Moreno, llevan la charrería en la sangre y se han encargado de mantener vigente una tradición. “La charrería es un espectáculo digno de ser valorado".
Tradición familiar desde hace 50 años.
Tradición familiar desde hace 50 años. (Alejandro Alvarez)

Gómez Palacio, Durango

Martín Perea Quintana y Martín Perea Moreno, son padre e hijo que llevan la charrería en la sangre y se han encargado de mantener vigente una tradición en la familia enseñando a nuevas generaciones a practicar este deporte.

Es el Lienzo de La Laguna la escuela de los charros laguneros, donde trabajan semana a semana para transmitir parte de la experiencia acumulada a lo largo de varias décadas.

Don Martín inició en 1970 como charro en Jiménez, Chihuahua, como miembro del equipo Charros de la Guadalupana, luego pasó a Compadres de Jiménez y Camargo.

Llegó a La Laguna para competir más en forma con Charros de Torreón Jardín, de donde pasó a Puebla y al poco tiempo regresar a la Comarca para integrarse a los Charros de La Laguna, así como Unidos de La Laguna y Charros del Nazas.

Tuvo una destacada labor con el equipo Compadres de La Laguna de Jorge Román, donde hicieron historia.

Su hijo siguió sus pasos, con equipos de casa y actualmente compite para Santa Rosa de Lima de Monterrey, que lo contrató por su distinción como charro.

Pero eso no le impide estar en casa ayudando a su padre a trabajar con las nuevas generaciones.

Los charros y escaramuzas en ocasiones deben recorrer grandes distancias para practicar su deporte y la aportación monetaria del público por presenciar una charreada, subsidia parcialmente los gastos de la misma, el saldo lo pagan los integrantes del equipo o a veces toda la asociación que organiza el evento deportivo.

Arriesgan su integridad física, desde que comienza su relación con el caballo, quien no tiene palabra de honor por nada y menos en cuestión de temperamento, ya que en el momento de meter el pie en el primer estribo, se toca el escalón más importante para llegar al cielo, como suelen decir en este ambiente.

Por ser una actividad llena de tradición y cultura, la charrería ha significado una herencia de padres a hijos, como lo afirma don Martín, quien está dejando un legado y eso lo agradece la afición charra que crece a la par de la población.

“La charrería es un espectáculo digno de ser valorado por las nuevas generaciones, difundido a todo el país, porque se trabaja duro para que todo esto siga caminando”, dijo Perea Quintana.