Sin puertas ni ventanas, la necesidad en su esplendor

Tras abandonar su hogar a causa de un enfrentamiento armado, Angélica Ramos y Juan Valenciano volvieron al Cerro De la Pila, para encontarla saqueada y vandalizada.

Gómez Palacio, Durango

La prioridad, dicen, era sacar a los niños del barrio, motivo decidieron rentar una casa. 

Angélica Ramos y Juan Valenciano dejaron su casa luego de que en un enfrentamiento armado un grupo de sicarios asesinara a un soldado justo frente a su domicilio.

Un par de años después, al volver a su casa debieron tapiar las ventanas con ladrillos y poner cortinas de tela en las puertas toda vez que encontraron su patrimonio vandalizado.

"Llegamos y no teníamos puertas ni ventanas. Afuera de nuestra casa era el mero punto y decidimos irnos a rentar una casa pero la necesidad nos hizo volver".

"Ninguno tenemos un trabajo fijo y tenemos cinco hijos qué mantener", apuntó Angélica.

Con un crío en brazos la mujer apunta que como familia, no cuentan con apoyo alguno de la Secretaría de Desarrollo Social a pesar de que en casa no sobran los alimentos y los hijos, todos, están en edad escolar.

Juan dice que su trabajo consiste en lavar pollos en una granja y que desde que se casó con Angélica, hace quince años, decidió sacar adelante a los tres hijos de ella y a sus dos hijos propios.

Esta pareja permite darle un vistazo a su vivienda que por fuera deja ver que en donde hubo ventanas, ahora hay ladrillos que impiden el paso del aire.

Al abrir la puerta, Angélica se ríe de Juan y apunta: "Miré, tenemos un pedazo de madera como cerradura de la puerta".

"Nosotros por eso decidimos volver sin pensar que para poder levantar la casa estaríamos batallando mucho más de lo que imaginamos".

La pareja recordó que tras asesinar al soldado en las calles del Cerro de la Pila, se realizó un fuerte operativo que equilibró la balanza y permitió que a mediano plazo, se sanearan las calles, toda vez que llegó un militar encabezando un pelotón a cargo, dicen, de un general que comenzó a borrar el pasado.

De esta forma lo primero que eliminó de las calles fue una enorme imagen de la Santa Muerte pintada en una pared. Enseguida pidió pinturas para sepultar en nuevos colores la proliferación del grafiti.