“El mundo sigue allí, pero ya soy más fuerte”

“Lourdes” asegura que antes de Misión Korián no conocía la estabilidad, hoy la tiene y que la puede dar. “Jonathan” dejó de aparentar para ser feliz y “José Alberto” recuperó el amor a la vida.
En busca de la paz y la tranquilidad.
En busca de la paz y la tranquilidad. (Luis Carlos Valdés de León)

Durango

Con una actitud desenfadada pero a la vez encantadora, “Lourdes” sabe que salir de Korián no fue nada fácil.

“Desde los ocho años he tenido actitudes depresivas, nunca había dejado que mi padre me abrazara, sí había un resentimiento, pero ya entendí que esto es parte de mi personalidad, pero siempre he sido muy expresiva y me da por escribir poesía. Dejé de consumir alcohol a los 19 años”.

El alcohol, la bipolaridad y la codependencia son parte de su vida. Asegura que antes de Misión Korián no conocía la estabilidad, dice que hoy la tiene y que la puede dar. Le encantaría tener una relación seria, pero por el momento no quiere exponerse ella ni a su pareja.

“En el momento en que doy un paso fuera de la reja de Misión Korián, soy una persona distinta, auténtica, que ahora no tengo nada que esconder", dice Jonathan.

”Salí contenta por haber logrando los 35 días, pero con miedo porque todo lo que estaba afuera, allí sigue, pero hoy soy más fuerte y ya abracé a mi padre”, aseguró.

“Jonathan” tiene poco más de treinta años. Empresario, carismático, trabajador, codiciado por muchas mujeres, buena casa, buenos vehículos, le gusta la ropa y los tenis de marca, pero el vivir del qué dirán, de la apariencia, del quedar bien empujado además por la presión social, lo llevó a experimentar matrimonios fallidos y luego a un aislamiento total al no poder ya enfrentar sus frustraciones.

Diagnosticado en Misión Korián como Codependiente Depresivo, señala: “Al entrar en Korián me di cuenta en qué estaba enfocada mi enfermedad y al poco tiempo de salir de allí que parte mi enfermedad se debía a que soy de una preferencia sexual diferente, no me daba a conocer tal como soy ante mi mismo y ante la sociedad”.

Por más de treinta años, “Jonathan” ocultó sus verdaderos sentimientos por temor, dejó de ser feliz, por aparentar una vida que le marcaba la sociedad en la que se desenvuelve.

“En el momento en que doy un paso fuera de la reja de Misión Korián, soy una persona distinta, auténtica, que ahora no tengo nada que esconder y ahora puede decir plenamente que desea que todos se acepten como son y vivan felices solo por hoy”.

Marihuana, cocaína, heroína, crystal, metanfetaminas, todo esto y más, por separado o mezclado en alucinantes cocteles, fueron parte del peligroso menú que alimentaba el cuerpo de “José Alberto” y que estuvieron a punto de llevarlo a la muerte a sus escasos veinte años de edad.

Su imposibilidad para enfrentar frustraciones sobre su verdadero origen familiar, lo llevó al consumo indiscriminado de diversas sustancias desde temprana edad.

Internado por su familia en varias ocasiones en los llamados “anexos”, para liberase de su adicción, más que hacerlo, incrementó su rencor hacia la vida. Su comida eran las drogas y su vida giraba entorno a ella.

”Salí contenta por haber logrando los 35 días, pero con miedo porque todo lo que estaba afuera", Lourdes.

“Caí en un estado de aislamiento, consumía, la coca y el crystal eran la constantemente, me pagaban por los tatuajes y me compraba la droga o me pagaban con la cocaína. La realidad no tenía problema para adquirirla, prefería tener droga que comida”, aseguró.

Detenido en ocho ocasiones por la policía por posesión de droga, un encuentro con su hermana le hizo entrar en consciencia tras siete años de consumir. Pidió ayuda, se reconoció adicto y decide salir adelante. Se internó en Centro Misión Korián.

Hoy su proceso de sanación continúa, pero ya fuera, su sueño de volver a tatuar y plasmar en la piel de los demás, aquellas experiencias que los han marcado en sus vidas.