Un oasis entre la pobreza y violencia podría cerrar

Luis Antonio Torres, fundador y encargado del Centro Comunitario Bocanegra, aseguró que económicamente la situación se ha vuelto inviable y pidió apoyo a la comunidad para seguir con esta labor.

Torreón, Coahuila

La gente llega al Centro Comunitario Bocanegra con buen estado de ánimo. Señoras, niños y niñas acuden cada día para tomar cursos de diversas disciplinas, o bien, recibir terapias o enseñanzas en valores.

Es un lugar sencillo, pulcro, donde se nota la mano cuidadosa de alguien que desea que el sitio sea ideal para el desarrollo humano. Entre todos los que acuden a cursos, tomarlos o impartirlos, junto a directivos y hermanas de las Hijas del Corazón de María, en la calle Juan de la Barrera número 245 en la colonia Bocanegra.

Fue en la década de los 60 cuando las hermanas fundaron el Colegio Bocanegra, extensión del Colegio La Luz y que brindaba servicio educativo a niños de escasos recursos. Tuvieron que cerrar cuando el Colegio La Luz fue vendido y se desintegraron muchos beneficios que también eran brindados, como este espacio educativo, incluso bienhechores que sustentaban pagos para maestros de la Bocanegra.

Luis Antonio Torres, fundador y encargado del Centro Comunitario, apoyado por las monjas, comenta que ya van casi cuatro años en los que laboran como tal, y que comenzó a funcionar antes del cierre de la escuela, porque el lugar cuenta con arraigo en el barrio y no querían que cerrara sin más.

"Una decisión muy polémica, y nos aventuramos con crear el Centro Comunitario para seguir con la misión", comenta Luis Torres.

Destaca que en este momento, la congregación de las monjas ya son muy mayores, la menor tiene 60 años y fue llamada a salir fuera del país. Pero la situación económica para ellas también es difícil, pero no dudaron en apoyar y prestar el espacio que es propiedad de la congregación.

Económicamente, la situación para el Centro se ha vuelto prácticamente inviable, a pesar de que hay maestros que gracias a su vocación de servicio, siguen apoyando.

Es una institución privada, pero el servicio no es privado. Es laica del todo y admiten a quien requiera o guste tomar alguno de sus cursos, a un costo de diez pesos por persona cada clase; pero si alguien no puede pagar, se condona. Incluso saben que hay niños que venden latas o botellas de pet, para lograr sacar esos diez pesos.

Comenzaron con clases de fútbol, con niños del mismo colegio. Al momento del cierre, el sector estaba lleno de violencia y muchos de los estudiantes llegaban a clases y en el camino veían escenas del crimen, rodeadas por elementos de las corporaciones, con el respectivo impacto brutal de esa realidad que aún no nos deja.

"No fue fácil cambiarles el chip a nuestros niños", afirma Luis Torres. Son alrededor de 150 niños y niñas que ahora son atendidos en el Centro Bocanegra. Aparte, atienden a señoras que acuden a cursos de baile reductivo, baile hawaiano y manualidades.

Hay clases de valores y se brinda atención psicológica también a bajo costo. Hay un grupo de AA, y también cuentan con grupos de regularización académica. "Nos damos a la tarea de conocerlos. Vamos a la casa de los niños y sabemos quiénes son sus padres y sabemos que situaciones han vivido".

Económicamente, la situación para el Centro se ha vuelto prácticamente inviable, a pesar de que hay maestros que gracias a su vocación de servicio, siguen apoyando. Pero falta mucho aún. Algo tan sencillo como comprar un balón de fútbol para las clases de este deporte, es difícil de conseguir.

Ahora mismo no tienen uno y los niños se limitan a ejercitarse, sin jugar. TSM les ha apoyado, pero al cambiar de dueños el equipo, han debido reanudar las pláticas. De ahí han salido niños con gran talento para el deporte. Tienen sus trofeos, e incluso algunos niños han sido reclutados por equipos de fútbol profesional.

Como dato, estos niños van a los torneos con otros de colegios y han escuchado que les dicen "ahí vienen los mugrositos", pero les ganan a los 'güeritos' con sus perfectos uniformes.

"No buscamos futbolistas, buscamos alternativas de vida, igual que las niñas, que sean buenas personas. Que de la puerta para acá se sientan en un lugar seguro". Aún desconocen hasta cuándo van a poder resistir la situación económica. Si bien buscan el modo, con actividades diversas, sacrificios y demás, están al borde del cierre.

Han solicitado apoyos a las autoridades, pero aunque les dicen que sí, realmente nadie en el Ayuntamiento o el Estado, se ha acercado para brindar la ayuda, y se han limitado a promesas que derivan en algo muy cruel, pues la gente del Centro se ilusiona y al final no hay nada.

Entre las autoridades con las que han platicado están, José Elías Gánem, director de Prevención del Delito, que aún no responde. O la señora Marcela Gorgón, del DIF, que sí otorgó ayuda y les llevó los talleres de valores. En este tenor, invitó Luis Torres a las autoridades a acercarse para conocerlos.

Aceptan donativos en especie, por ejemplo, les falta la barra de ejercicios para las niñas de baile, y balones. Ballerinas, bombines y vestuario permitirán mejor desempeño para los niños.

"No te estoy pidiendo la riqueza sino que me ayudes a dar la atención que te estoy ayudando a dar. Viene gente de las colonias del sector, Carolinas, Moctezuma, Tierra y Libertad y demás", así que se brinda mucho apoyo a un gran sector.

Destaca Luis Torres que ha encontrado un apoyo muy positivo en la sociedad civil, como con Mariana Alvídrez, del TSM, o el director de Talentos, Juan José Carrillo.

Algunos llevan balones o vestuario. También se recibe ropa por que tienen un pequeño bazar para la gente del sector, porque si bien no todos viven en pobreza extrema, la gente es muy humilde y también requieren de este tipo de servicios.

"No podemos decirle a la gente que nos ha apoyado que nos den más, porque a mí me da pena. Un balón tal vez cuesta 60 pesos pero a los dos o tres días el balón ya no existe. Las ballerinas de las niñas nos faltan. Nuestros hijos han crecido también aquí".

El trabajo no es sólo porque se queden ahí las personas, sino que el servicio es profesional. Los maestros están capacitados para dar un servicio integral, aunque sea baile.

Y claro, no dudan en barrer, trapear, o cortar el zacate, con ayuda de todos, porque no hay recursos para pagarle a alguien que haga eso. Las actividades colectivas han sido suspendidas por falta de recursos, pero cuando los realizan, son "de traje", cada quien lleva lo que puede y conviven.

"Aquí llegaban los niños al principio y llegaban muy rebeldes, desconfiados. Vemos su valor humano primero que nada y aquí los tratamos como no están acostumbrados, se han ido abriendo al afecto humano". No dude en visitar este centro.

Aceptan donativos en especie, por ejemplo, les falta la barra de ejercicios para las niñas de baile, y balones. Ballerinas, bombines y vestuario permitirán mejor desempeño para los niños.

Así mismo, Luis Torres destacó que se aceptan también donativos en efectivo, pero que todo se hace bajo la respectiva transparencia que amerita el caso, porque lo primordial es que el proyecto perviva y que estos niños y señoras, sigan viendo un cambio en sus vidas.

A las autoridades de la ciudad, también se les pide que se acerquen a conocer este trabajo primordial para que las cosas desde el fondo, vayan cambiando poco a poco y claro, si es su voluntad, que den una "manita de gato" a la cordial gente del Centro Comunitario Bocanegra.