Dulce sonríe a la vida a pesar de las adversidades

En su embarazo recibió 4 quimios. Ximena nació el 2 de abril a las 10:15 horas y a las 10:16 la sedaron para retirarle el seno izquierdo. Mantiene el proceso contra la empresa que la despidió.
El futuro que avizora es normal, de una madre con su hija.
El futuro que avizora es normal, de una madre con su hija. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

El cabello de Dulce Adriana Rangel Torres de 28 años ya comenzó a salir. La mata rizada que tenía todavía a fines de 2013 vuelve de nuevo a ser promesa para su cabeza.

Es muy delgadita, chaparrita, de rasgos amables. Bonita sin dudas, pero emana de sí una belleza profunda que emana de la fuerza que su ser tiene.

Algunas personas conocen su caso. Para las que lo desconocen, lo compartimos de nueva cuenta pues su historia valiente es una inspiración para todos.

Ella laboraba como administradora de las empresas: Generadores Mexicanos, Proyectos Armados Mexicanos y Rotores Mexicanos, que eran subcontratadas por Comisión Federal de Electricidad.

Las empresas se dedicaban a rehabilitar la planta termoeléctrica que se encuentra en Ciudad Juárez, Durango, comenzando con sus funciones en el mes de mayo de 2012.

"El doctor Palacios me dijo que sí se podría tratar el cáncer y proteger mi embarazo. Me dijo que lo dejara en sus manos y que él vería como le podíamos hacer para tratar las dos cosas sin problemas". Lo más importante: la alentó a no tener miedo y a encomendarse sobre todo a Dios y ver que pasaba.

"Mi trabajo siempre estuvo subordinado a CFE, informes, correos, juntas, minutas, todo era para la Comisión, ellos autorizaban entradas y salidas de material y también de personal", comenta.

Su responsabilidad era alta, pero hizo un gran papel. "¿Cómo era la Dulce de aquellos años?" se le pregunta. Contesta que su entrada al trabajo era a las ocho de la mañana y la salida a las 18:00 horas, prácticamente todo el día.

Pero a pesar de lo pesado que era, su trabajo le encantaba. La paga era excelente y como lo ha dicho antes, los tratos para con ella de parte de sus jefes nunca fueron malos, tampoco de parte de CFE.

"Me la pasaba a gusto. Era muy buen trabajo. Prácticamente no tenía ningún problema y siempre tenía un peso en la bolsa. Mi vida personal estaba muy bien, estable, con un trabajo estable", rememora mirando al frente y con la cabeza alta.

Pero pasó algo que ella no esperaba. A fines de agosto se enteró de que tenía un embarazo de alrededor de cinco semanas.

Se lo notificó a su jefe directo por que le pidió un baño en las oficinas ya que ella debía caminar alrededor de tres cuadras para poder disponer de uno.

"Yo no tenía que hacer cosas pesadas en lo físico y mi embarazo no me impedía trabajar. Mi jefe me dijo que estaba bien, nunca me dijo que no. Todo fue como maquiavélicamente planeado bajo el agua".

                                       

Al mes de octubre, Dulce fue al IMSS. Además de su embarazo, había ido a mediados de aquel año a un examen en una campaña contra cáncer de seno.

Los resultados se tardaron y a esas alturas ya tenía un antecedente que tenía que atender, en su seno izquierdo y su ginecólogo particular ya le había pedido que acudiera para buscar el tratamiento, ya que el panorama no pintaba nada bien. La tirada era que fuera tratada por el doctor Eduardo Palacios, que labora en la clínica 16.

Cuando llegó, se le informó que la habían dado de baja del servicio desde el dos de septiembre. Comenzó a atar cabos y la conclusión fue tremenda: para que la baja hubiera sido efectiva en la fecha que el indicaron, el trámite se hizo probablemente el mismo día que ella informó en el trabajo que estaba embarazada. 

Ella siguió trabajando, pero al preguntarle al contador Tomás Moya, él se limitó a decirle que el auditor de las empresas iba a ir a hablar con ella al día siguiente, en horario fuera de oficina.

En su casa, el auditor le dijo que iba a hablar con ella para que lo acompañara al día siguiente para cancelar las cuentas del banco, ya que ella también las llevaba.

 "Yo pensaba ¿qué está pasando? y me dijo que ya me iba a despedir, y que quería finiquitar bien las cosas y fuéramos a cancelara las cuentas".

Dulce preguntó por su finiquito. La persona que habló con ella le dio a entender que ya tenía un sueldo muy bueno como para que pidiera además una liquidación, que por ley le correspondía.

En un ríspido estira y afloja, al final el individuo le preguntó que cuánto quería. "¿Cuánto me ofrecen?", contestó Dulce. Incluso el auditor le pidió que "no te pongas en ese plan", por que tenían muy buenas referencias de ella y venían más proyectos en los que ella podría estar contemplada.

"Al día siguiente le hablé al contador  Moya y le pregunté que que pasaba, que habían ido a despedirme y él me dijo que no me preocupara que ya llevaban dos o tres semanas en las que se había tomado la decisión de no contar con mis servicios".

La explicación fue que el proyecto no iba avanzando de la forma en que debería. Ahí fue cuando Dulce lo cuestionó si era por su embarazo, pero su jefe le dijo que no, que al contrario y que estaban muy contentos con su trabajo, pero que el dueño de la empresa, el ingeniero Elizondo, había tomado la decisión.

"Independientemente de todo eso, lo primero que hice fue poner mi vida en las manos de Dios. Y nunca lo he soltado. De repente me descuido con la comida o vuelven los miedos, pero no me puedo soltar, por que el me ha sacado adelante".

Dulce no recibió el pago que le correspondía por lo que había trabajado en ese tiempo. Y tampoco le recibieron llamadas, ni volvió a saber nada de ellos. Fue algo expres. Decidió demandarlos en noviembre.

A la par que Dulce vivía este drama laboral, su cuerpo se encontraba en otro gran dilema. En un principio se pensó que podría padecer de mastitis, por los cambios hormonales del embarazo. Había dejado un poco de lado esto por el problema del trabajo, por la bajeza con la que fue despedida.

"El doctor me dio una medicación para bajar la inflamación. Pero estuve dos o tres meses sin tratarme, hasta que pude conseguir el Seguro Popular". Lo tramitó y logró ingresar.

Mientras la inflamación seguía ahí y su niña Ximena, seguía creciendo en su vientre. Logró contactar al doctor Eduardo Palacios a principios de diciembre para una biopsia y tener la certeza de saber que era lo que pasaba con su cuerpo.

Previamente, Dulce había visitó a una gran cantidad de médicos que ni siquiera le ofertaron un diagnóstico. Directamente le daban la indicación de abortar.

Ella se negó, a pesar de que es madre soltera pues ya no estaba con el padre de su hija, nunca consideró esa posibilidad y ahora Ximena es el amor de su vida.

"El doctor Palacios me dijo que sí se podría tratar el cáncer y proteger mi embarazo. Me dijo que lo dejara en sus manos y que él vería como le podíamos hacer para tratar las dos cosas sin problemas". Lo más importante: la alentó a no tener miedo y a encomendarse sobre todo, a Dios y ver que pasaba.


Destaca Dulce el trato humano y cálido que el médico le brindó, pues la ayudó sin conocerla, sin saber prácticamente nada de ella ni lo de su trabajo. Cuando se enteró de sus problemas laborales, el médico sin dudas también consideró admirable a su paciente.

Sobre el papá de su nena, no habla mucho. Manifiesta que es por un respeto que tiene sobre todo por sí misma y por su hija. Aunque él supo todo lo que ellas vivieron y siguen batallando, no se ha acercado.

Finalmente, se logró obtener el diagnóstico tras la biopsia: carcinoma infiltrante grado dos. Y comenzó la búsqueda del tratamiento, que es caro.

La primera quimioterapia la pagó de su bolsillo, posteriormente se apoyó con el Seguro Popular. El costo económico fue muy alto. Tres ampoyetas a un precio de 10 mil pesos cada una aproximadamente.

Además, debía comprar medicamentos para que los agresivos efectos de los fármacos no fueran tan fuertes y el pago respectivo a un médico y una enfermera que se lo aplicaran. Más o menos 60 mil pesos.

Ahí también batalló, por que ningún doctor quería responsabilizarse de lo que le pudiera pasar en su estado gestacional. Finalmente, con ayuda del doctor Palacios, consiguió que le aplicaran la primera parte de su tratamiento. "Me dijo que no me preocupara, que todo iba a estar bien y que iba a hacer todo lo posible por cuidar a mi bebé".

Fue perdiendo el pelo largo y rizado que casi le llegaba a la espalda. Pero más vale la vida y la de su niña. Sus hábitos cambiaron. Afirma que prácticamente se volvió vegetariana y comenzó a tomar productos naturistas para reforzar su sistema inmune, cuidando así de su ser y de la vida que llevaba consigo.

Enfrentar esto no es para débiles. Pero como todo ser humano, para Dulce también fue necesario tomar un curso de inteligencia emocional para canalizar sus miedos y emociones de manera positiva.

"Independientemente de todo eso, lo primero que hice fue poner mi vida en las manos de Dios. Y nunca lo he soltado. De repente me descuido con la comida o vuelven los miedos, pero no me puedo soltar, por que el me ha sacado adelante".

Asegura que le ha puesto muchos ángeles en el camino, ante lo que se siente maravillada y sorprendida, por saber que hay tanta gente buena en el mundo.

Se hicieron diversas actividades para reunir fondos para apoyarla como boteos, maratones de baile y demás, todas con excelente respuesta de la gente que generosa acudió al llamado.

Durante su embarazo recibió cuatro quimioterapias. Ximena nació el dos de abril a las 10:15 horas y a las 10:16 a Dulce la sedaron para retirarle el seno izquierdo, en una operación de mastectomía, cuando su tumor se había reducido en un 80%, pero no había que dejar margen de error y se optó por quitárselo.

Su seno derecho está sano. De momento no considera la reconstrucción, pues es más sencillo que si hay alguna reincidencia, se localice en la condición en la que está su cuerpo ahora mismo.

La quimioterapia la dejó en septiembre de 2014 y estuvo recibiendo radiaciones, hasta finales de octubre. Ahora mismo no está en tratamiento, pero tiene que estar revisándose cada dos meses.

"Hasta ahora me he sentido físicamente bien, por que este trayecto ha sido cansado, más que malo. Entre Ximena, las quimios, las radiaciones y las visitas a conciliación", comenta.

Prácticamente todo el tiempo que estuvo en lucha contra el cáncer y desarrollando su embarazo, Dulce se lo pasó en las oficinas de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Gómez Palacio. No quiere faltar por que quiere que sepan que sigue ahí, por ser una manera de presionar.