De la violencia al calor de hogar

El trabajo que se realiza en la casa hogar es de equipo: el patronato, las religiosas, patrocinadores y familiares. Son seis hermanas religiosas, la psicóloga y el chofer.
La situación de pobreza extrema se da en todos los niños que viven en la Casa Paterna "Divina Providencia".
La situación de pobreza extrema se da en todos los niños que viven en la Casa Paterna "Divina Providencia". (Luis Carlos Valdés de León)

Torreón, Coahuila

Jorge, María, Joel o Teresita, pueden para muchos ser simplemente nombres que escuchan en la vida cotidiana; pero estos son, sólo algunos de los nombres de los pequeños que habitan en la Casa Paterna "Divina Providencia" del padre David Estala, en la colonia Miguel Hidalgo de Torreón.

Hijos de hogares desintegrados o en situación de riesgo, hoy son grandes sobrevivientes de una sociedad que les ha quitado todo, y que con la atención que reciben en este lugar y alejados del ambiente hostil, hoy visualizan una vida digna con la esperanza de tener un futuro mejor.

Son niños y niñas en cuyas vidas, más que historias de amor y alegría, han enfrentado maltrato, abandono y violencia.

Ellos juegan, estudian, se divierten y aprenden como lo haría cualquier pequeño de 5 a 15 años. 

Son 37 pequeños, 19 niñas y 18 niños, que tienen inquietudes, ambiciones, ganas de salir adelante.

Asisten a la escuela, tienen que hacer tareas, pero también deben cumplir con responsabilidades como tender sus camas o hacer la limpieza en la casa que se ha convertido en su hogar, aseguró Esperanza Contreras, integrante de la Orden de las "Hermanas Guadalupanas del Corazón Eucarístico".

Cuatro asisten al kínder, 25 a la educación primaria y ocho más en la secundaria.

La Convención sobre los Derechos del Niño establece que los niños tienen derecho a conocer a sus padres y a ser cuidados por ellos, no obstante por muchas razones esto no siempre es así.

El maltrato, la orfandad o el abandono son algunos de los factores que llevan a que los infantes tengan que vivir en instituciones para ser atendidos por otras personas.

El censo 2010 del INEGI reporta que en Coahuila, 659 personas viven en casas hogar para menores, orfanatos o casas cuna, pero las historias que viven estos niños y niñas laguneros, son particularmente especiales.

"Más del 90% ha experimentado casos de violencia", asegura la hermana Esperanza. Por los pasillos de la antigua casa ubicada a espaldas del populoso sector de la Alianza, conviven cinco hermanos a quienes hace cinco años, vieron como mataron a su mamá; corrieron a ella al verla desfallecer, pero finalmente murió.

Según recuerda, ellos eran niños tristes, resentidos con una sociedad a la que le preguntan quién mató a su madre.

Tienen dolor y necesitan amor, apoyo, acogida y trabajan por sanar eso que vivieron. Asegura, hoy son niños tranquilos y deseosos de vivir con amor.

"Son niños extremadamente pobres, pero quieren crecer para darle a su abuelita una casa y se están preparando para ser buenas personas y no sigan alimentando el resentimiento, sanen su dolor y sean hombres de bien, en lugar de que busquen venganza".

Otro caso similar es el de otros tres hermanitos. Ellos dependen de su abuelita, ya que su madre también fue víctima de la inseguridad muriendo de manera violenta.

"Los niños han salido adelante con un poco más de suerte por su carácter, les echan ganas, luchan, son más positivos, pero sin duda han sufrido mucho, pero han ido mejorando".

"Me acuerdo que por las noches se despertaban gritando "mamaaaaaá", porque la vieron muerta y aún tienen la esperanza de encontrarla con vida".

La situación de pobreza extrema se da en todos los niños que viven en la Casa Paterna Divina Providencia.

Otro caso es el de un niño que vive abandono total por parte de la mamá. Su historia muestra un lado positivo.

Pero afortunadamente tiene el cariño del papá que lo quiere. Hoy ya sanó el olvido de su madre y lucha por salir adelante gracias al amor que su papá le tiene.

"Cada niño es una historia, porque aunque son hermanos, cada una vive su experiencia a su manera y diferente. Son historias tristes porque viven orfandad, abandono, violencia y pobreza".

El trabajo que realizan es como el de una verdadera madre. Si está enfermo, tiene que buscar al médico que lo atienda, que el niño duerma bien, se alimente bien, que tenga ropa limpia, una cama, que haga sus tareas; se les ponen límites para que sean disciplinados.

Además acuden a diario a sus clases en el ciclo escolar y extraacademia tienen clase de música, taller de inglés, manualidades, catecismo, lenguaje de señas y fútbol en Centro Comunitario de Cemex.

Tienen un momento de oración, reflexión, y la posada, para luego irse a pasar los días festivos con su familia. Se les entrega a cada padre una pequeña despensa.

De igual manera los niños tienen que cumplir distintos oficios como el lavar la loza, trapear, hacer el aseo del dormitorio, de salón, de los baños, todos tienen que cumplir una responsabilidad. 

La hermana Esperanza señaló que previo a esta Navidad 2014, los niños tuvieron una posada con los papás en la Casa hogar, donde los niños, de los dulces que recibieron, prepararon un pequeño bolo para dárselo de regalo a su familiar.

Contó que se les dio algo de tomar, cantaron villancicos, se les dio un mensaje navideño a sus papás para darles un poco de felicidad.

"Tenemos que estar cerca de las familias de nuestros niños, ver sus necesidades; padecen económicamente, pero están muy dañados psicológicamente y espiritualmente viven alejados de Dios, ya que si no tienen lo indispensable para vivir, les resulta difícil acercarse a él porque creen que no existe, no hay una figura de Dios", lamentó.

Esperanza es el nombre de la hermana religiosa que dirige esta casa hogar señala: "La base del éxito es la responsabilidad, así que hay que formarlos en eso; esperamos mucho de ellos, especialmente que sean felices, dándoles las armas necesarias para que sean en un futuro hombres y mujeres de bien", finalizó.