Toda una vida intentando "tapar" el sol lagunero

Desde el año 1948 Casa Larios ha dado sombras a hombres y mujeres citadinas, campesinos, así como a artistas del cine hollywoodense y políticos de la vida nacional.
Don José trabaja con la familia desde 1957 y es el encargado del taller de reparación y formación.
Don José trabaja con la familia desde 1957 y es el encargado del taller de reparación y formación. (Lilia Ovalle)

Torreón, Coahuila

Desde el año 1948 Casa Larios ha dado sombras, como guantes coronando cabezas tan diversas como personajes hay en la región y en el mundo.

Campesinos así como hombres y mujeres citadinas buscaban refugio ante el sol inclemente y a esta tienda de sombreros se ampararon, lo mismo que artistas del cine hollywoodense y políticos de la vida nacional.

La primera tienda de la dinastía fue custodiada por José Gilberto Larios González. Tenía seis años de edad cuando se inició en el mercado.

Creció jugando entre el mostrador y el taller de reparación, asimilando todo lo que debía saber del negocio.

Su hijo, Gabriel Larios Cerrillos, recupera la historia de su padre y precisa que tras el fallecimiento de sus abuelos, el pequeño José Gilberto se movilizó en compañía de su hermana Amalia, desde el poblado de Tepeyahualco, Puebla, a la Comarca Lagunera, donde la joven mujer contrajo matrimonio con el señor Ambrosio Morales.

Un último movimiento los ubicó en la dirección actual, en la avenida Morelos entre las calles Cepeda y Jiménez, justo en el domicilio familiar.

La pareja asumió la compañía de José Gilberto como la de un hijo propio y al poco tiempo de contraer nupcias abrieron una sombrerería que llamaron La Casa de Moda, ubicada en la avenida Juárez, entre las calles Cepeda y Rodríguez, en la zona centro de Torreón.

Gabriel Larios apunta que su tía, tras fincar residencia en Torreón, realizó funciones de madre, en tanto que el niño José Gilberto aprendió con agudeza absolutamente todos los secretos del oficio.

"Desde niño lo traían al taller, andaba detrás del mostrador y hacía todas las funciones. Era muy buen vendedor, excelente comerciante. Él creció en la tienda, entre sombreros".

"La sombrerería duró allí al menos 20 años. Manejaban sombreros importados y del país, pero también conformaban, es decir, realizaban sus propias creaciones".

"Trabajaban todo tipo de sombreros y no es exagerado decir que manejaban las mejores clases y la mejor calidad que había en la época", asentó Gabriel Larios.

Su hermana, Bertha Lilia Larios Cerrillos, participa de la conversación y explica que en ese tiempo y durante la juventud de su padre, manejaban marcas como Dobbs.

Estando ya un poco más grande, José Gilberto se quedó al frente del negocio y para conseguir calidad viajaba hasta Nueva York a surtir los sombreros.

Lo mismo hacía en México viajando a las ciudades donde se producían sombreros de calidad.

De esta forma tejió una verdadera red de contactos que le permitió acceder a las piezas más exquisitas para los clientes más exigentes.

En su madurez, José Gilberto se casó con María del Refugio Cerrillo Barbosa y se independizó abriendo su propio negocio en la avenida Juárez, entre Ildefonso Fuentes y Leona Vicario, al que llamó Casa Larios.

Bertha Lilia explicó: "Después de ahí mis papás se vinieron más bien pegados a la Leona Vicario, a un costado de las Bodegas del Norte".

"Fue ahí donde se estableció de nuevo el negocio porque el lugar estaba más grande. Después se pasaron a la acera de enfrente, ahí donde está ahora Gonher".

La tradición es custodia de familia

Gabriel se esmera en el manejo de los sombreros. El trato de las piezas es tan delicado como si se tratara de productos de alta fragilidad.

En cuanto a la historia del negocio familiar, indicó que la ubicación de la tienda de nueva cuenta permutó a la avenida Matamoros, entre las calles Ramos Arizpe y Múzquiz, frente al Cine Laguna. Y allí permanecieron 38 años.

Un último movimiento los ubicó en la dirección actual, en la avenida Morelos entre las calles Cepeda y Jiménez, justo en el domicilio familiar.

-¿Este es local comercial pero también es casa?

-Así es. De hecho en esta casa nació mi mamá. No fue una coincidencia. Mi papá compró porque aquí había nacido mi madre, detalló Bertha Lilia.

"Mi papá estaba ubicado aquí en un local grande, en la Avenida Morelos 231. Y nos recorrimos porque él murió en el 5 de mayo de 2007. Mi hermana la mayor, María del Rocío y su servidora, estuvimos al frente del negocio"

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"Muere mi hermana en enero del 2013 y a los cuantos meses muere también mi hermano Gilberto, entonces mi madre decide cerrar por unos meses el negocio".

Para poder controlar la vida de la tienda junto con la situación que enfrentó la familia, la dinastía Larios asumió la reapertura en octubre de 2014, dando posibilidad de continuar con la historia del sombrero en la Comarca Lagunera.

Bertha Lilia aseguró que el negocio se va fortaleciendo y los clientes han respondido y se reintegran a pesar de la situación económica que se vive en el país.

Gilberto soporta la idea y asegura que se trata de clientes conservados durante décadas.

Incluso, dijo, ese fue el motivo para volver a abrir pues la gente buscando preservar la tradición, les pidió que reactivaran el negocio.

El conformador

Don José trabaja con la familia desde 1957 y es el encargado del taller de reparación y formación.

Asegura que con un clima tan agresivo la población debería estar acostumbrada a usar sombrero. Pero lamenta que esté fuera de moda.

Las manos de este hombre pueden reparar un sombrero que podemos considerar perdido. Y también transformarlo hasta dejarlo completamente diferente.

"De hecho de repente la gente compra campanas, que así se les llaman. Estas campanas las conformamos aquí".

"Es decir, al sombrero se le da diseño, pero el producto es de Ecuador, es un (sombrero) Panameño/Ecuatoriano", dice Gabriel.

Con distintos tipos y estilos, José les da la forma que requiere el cliente dejando la pieza como un producto único y a la medida de su portador.

En la confección puede recortar alones y transformarlo hasta hacerlo otro. Todo ello en un lapso de media hora.

Casa Larios continúa con la tradición y el arte de ponerse un sombrero pues tiene moldes con los cuales se le toma al cliente no solo la medida de su cabeza sino hasta su forma para que entre como un guante. A éstos se les llama formillos. Don José es el único conformador que subsiste en la región.

Si se trata de fibras de lana, gabardina, casimir, hilo pulido o piel, él hará su magia. Y si se requiere cambiar un modelo texano, puede hacerlo indiana colocando las dos pedradas al frente.

En tiempos de calor intenso el hilo pulido, asegura, puede ser una gran opción toda vez que tiene mucha ventilación y brinda un toque de elegancia, apropiado para la región.

"Las campanas cuestan mil 200 pesos, pero este sombrero se utiliza mucho en la playa, en lugares húmedos. La región no lo permite tanto, y el maestro, don José, lo engoma y le da la forma para hacerlo más resistente. De repente traemos otros sombreros de lana, y también los conforma, le puede dar la forma que requieran y el estilo", continúa Gabriel.

Casa Larios continúa con la tradición y el arte de ponerse un sombrero pues tiene moldes con los cuales se le toma al cliente no solo la medida de su cabeza sino hasta su forma.

"Mira este es texano y él lo puede hacer tipo morrongo, pero te hablo de que son muchos años. Mi padre era famoso por eso. Él le vendió sombreros a John Wayne y a Cantinflas".

"Cuando estaba aquí El Indio Fernández lo mandaba llamar. Le vendió sombreros a Antonio Aguilar y al gobernador Braulio Fernández, incluso viene aún Braulio chico".

Don José es un hombre sabio y explica que un sombrero chino se puede encontrar en el centro y no durará ni los tres meses. Incluso dice, si tiran el sombrero ni le lloran.

Sencillamente hay sombreros que no son dignos de reparación pues son pura pantalla, sin calidad.

Casa Larios, con más de cincuenta años de tradición, maneja en la actualidad más de cien estilos entre los cuales destaca el texano júnior, morrongo, cuba, olímpicos, dallas y hasta el sahuayo que es de un material rudo por lo cual se utiliza en la labor pero también en la ciudad.

Aunque los hijos de los hijos de esta familia han decidido explorar otros caminos pues sus intereses se han bifurcado, el amor al negocio es palpable.