Carros de golf, nuevos rivales de taxistas

Unas 3 mil unidades transportan a las personas que bajan de la sierra de Santa Catarina; pagan impuestos, tiene seguros civiles, pero choferes y autoridades no quieren reconocerlos.
Las unidades las venden reconstruidas entre 50 y 60 mil pesos.
Las unidades las venden reconstruidas entre 50 y 60 mil pesos. (Octavio Hoyos)

Tláhuac

Los carritos de golf en el pueblo de Zapotitlán son más que una estampa divertida en la delegación Tláhuac, un medio de transporte para las más de 70 mil personas a que a diario bajan de las faldas de la sierra de Santa Catarina por sus calles estrechas, y que desde el pasado 20 de febrero han comenzado a pagar impuestos para ser regulados por la autoridad.

Son conocidos como golfitaxis, muchos son conducidos por mujeres y ofrecen un servicio de taxi irregular; por solo cinco pesos,  desplazan a sus habitantes a la estación Zopotitlán de la Línea 12 del Metro y hacia vías principales, como la avenida Tláhuac, para de ahí partir a su trabajo; también los usan para ir por los hijos a la escuela y al mercado.

Los choferes y dueños de golfitaxis están agrupados en 32 organizaciones y hacen un llamado al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y a la  Secretaría de Movilidad para que los reciba en sus oficinas, como ocurrió con taxistas y representantes de las empresas Uber y Cabify, y sentarse a dialogar y buscar ser regularizados.

De acuerdo con Ana María Pérez, de la asociación civil UBIC y Mujeres Trabajando, han hecho todo lo posible para regularizarse, pero ante la presión de los taxistas, las autoridades los rechazan como medio de transporte, pese a que ninguna ruta de micros cubre la zona.

“Queremos ser regulares y no pedimos que nos den una concesión, porque esa misma irregularidad se presta para muchas otras cosas; a veces la comunidad se queja de que hay muchachos drogándose o de que hubo robos; nosotros exigimos en la organización que siempre anden identificados, que traigan un numero lateral y atrás; en las bases tenemos compañeros que nos apoyan para llamarles la atención”.

En Tláhuac se pueden ubicar más de 3 mil carritos de golf integrados en 32 organizaciones civiles, todos son adaptados con plástico y madera, como medida de seguridad, y buscan ser regularizados.

Margarita quiso entrarle al negocio y compró un carrito de desecho en 30 mil pesos; la necesidad de estar sola y una depresión la obligaron a aprender a manejar para salir a ganarse entre 170 y 200 pesos al día.

­—¿Se siente cómoda manejando su carrito de golf?

—La verdad sí, porque es una fuente de trabajo y me distraigo con la gente, agarran confianza y le platican a uno sus problemas.

Las organizaciones, entre ellas UBIC, tratan de modernizarse y parecerse a Uber; quieren brindar un buen servicio, tener un administrador que reciba quejas y los mueva por los diferentes puntos del pueblo de Tláhuac.

Los líderes aseguran que entran en el artículo 56 de la Ley de Movilidad, inciso 1 D, categoría ciclotaxis, por lo que en el artículo 126 se señala que los permisos se otorgarán cuando reúnan siete requisitos, entre ellos acreditar su existencia legal y personalidad jurídica, y presentar un padrón de unidades y conductores, “ya lo hicimos y ni así nos reconocen”, dice Ana María Pérez.

De hecho, señala la representante de UBIC, le han añadido un plus a su servicio: han agregado un seguro a cargo de la compañía Qualitas, bajo el concepto de responsabilidad civil para protección de tres pasajeros con mil 500 días de salario mínimo, una aportación jurídica y apoyo al conductor en caso de accidente.

También se dieron de alta en la Secretaría de Hacienda el pasado 20 de febrero como personas morales para pagar impuestos, pero aun así tampoco los han tomado en cuenta para regularizarlos debido a presiones de los taxistas.

“Ellos no nos quieren, dicen que somos competencia desleal, pero realmente no lo somos porque damos el servicio en el interior de las colonias donde no hay ninguno de esos servicios.

“Fuimos a darnos de alta a Hacienda, donde nos dijeron que debemos tener una tarifa que nos dé la secretaría para que nos puedan cobrar impuestos”.

Al igual que Margarita, María de los Ángeles Salazar decidió comprar un carrito de golf para emplearse y brindar un servicio que en la zona es muy común: ver a mujeres manejando esas unidades entre las colonias.

De hecho, dice que los hombres las prefieren porque son más prudentes a la hora de manejar por las calles con hoyos.

—¿Cómo es conducir un carrito de golf en la ciudad?

—Es bonito, ya que conoces a gente de muchos temperamentos; hay que lidiar con ellos, saberlos sobrellevar, además tenemos un trabajo estable; tiene muchas variantes, como un buen día en cuanto a pasaje o muy pesado.

Un carrito de golf nuevo tiene un costo aproximado de 100 mil a 225 mil pesos, pero en Tláhuac los venden reconstruidos entre 50 y 60 mil pesos.

Ivonne compró un Yamaha en 60 mil y lo trabaja ocho horas al día para poder estar con sus tres hijos