Carnaval en el Real aleja la furia de Tláloc

Con el cielo gris como el alma de los pecadores y el pavimento mojado, se llevó a cabo el tradicional festejo.
Con atuendos extravagantes y música de banda, termina la celebración.
Con atuendos extravagantes y música de banda, termina la celebración. (Héctor Mora)

Real del Monte

Ni la lluvia alejó a la fiesta. Bueno, no por completo. Es el fin del Carnaval de Real del Monte, único en su tipo ya que los demás fueron la semana pasada, pero eso no importa cuando de festejar se trata, y menos en uno de los Pueblos Mágicos de Hidalgo.

Con el cielo gris como el alma de los pecadores, y el pavimento mojado, el humo de los camotes recién cocidos se apodera del ambiente húmedo que amenaza con traer la furia de Tláloc de nuevo, situación que aleja a los visitantes, retrasando al comienzo del desfile.

La avenida Hidalgo, con puestos como cada domingo, parece abandonada a su suerte. Ya pasan de las 4 de la tarde, hora pactada para comenzar el desfile. Ni la plaza principal, ni el monumento al Minero parecen de humor para recibir a los danzantes.

Tiene uno que bajar a través del empedrado y las casas estilo inglés para ver algo de actividad: los policías de tránsito ya no dejan pasar por lo que será la ruta del desfile, aunque eso no detuvo a un Tsuru blanco que se pasa “a la Viva México” sólo para dejar pasaje y regresar.

El misterio del retraso del desfile lo descifra una mujer: “Es que hay muchos coches y no han acabado de adornarlos”. Y es cierto, unos 10 automóviles llevan a buena parte de los protagonistas del penúltimo acto del Carnaval.

Al frente de la fila que está por salir, en cuanto resuelvan lo de los adornos, está la Reina Pamela I, quien en auto descapotable ruega porque no regresa la lluvia. Para su suerte, sale el Sol de entre las nubes que se van, como dando la salida al contingente.

Detrás de la reina viene una hilera de niños de preescolar, vestidos de diferentes personajes de cuentos Disney, y atrás la monstruosidad de los salidos de Villa Ocaranza, perdón, del Circo del Terror: monjes locos, nodrizas lunáticas y unos mineros que sí están zafados al cargar una estructura metálica.

Más adelante en el desfile la competencia por ver quién llama más la atención está entre acróbatas y niños disfrazados. Los primeros, a ritmo de música electrónica hacen todo tipo de maniobras, desde saltos en las paredes hasta saltos de espalda desde pirámides humanas.

Salen los Smartphone para tomar la foto, aunque varios se quejan porque les sale movida, así que prefieren que todo sea en movimiento, es decir, en video; mientras quienes tienen las manos libres aplauden.

Le siguen los niños pequeños que disfrazados por sus padres van desde los personajes del Chavo del 8, libros en una biblioteca o pasteros. Hay una gran diferencia en el ánimo de ellos, pues mientras los pasteros gritan: “Del Real son los pastes, los ingleses eso enseñaron”, los de la biblioteca no parecen felices, en especial un niño con traje de lápiz que parece llorar.

Pero como en todo buen Carnaval, no podía faltar el Diablo que cierra el contingente. Acompañado por seres demoniacos, va persiguiendo a los del desfile, sin prisa pues de lo que se trata es festejar, no llevar a los pecadores al Infierno, eso será otro día.