Caribe, la huella de los huracanes desarrollistas

El monitoreo científico de la barrera de más de mil kilómetros de arrecifes destacan al mayor enemigo de los corales: el notable incremento de nutrientes por contaminación. 

Quintana Roo

En el imaginario veleidoso del turismo universal, una industria fincada sobre la posibilidad de fabricar arrobos pasajeros y a bajo costo para el mayor número de personas, es difícil encontrar una región mejor posicionada que las playas del Caribe: el verdadero paraíso perdido es un vasto jardín de selvas caducifolias, ruinas misteriosas, playas de arenas blancas, animales inocentes y mares turquesa, all inclusive, donde evas y adanes modernos buscan su mística individual en la dulce enajenación de los sentidos, libres de la aspereza y la precariedad de lo silvestre que vivieron los primeros moradores de este litoral. 

Es justamente ese modelo de conquista confortable, que maximiza la ficción de alteridad y minimiza los riesgos, uno de los motores de cambio ambiental más poderosos que se han desatado en menos de medio siglo sobre la zona que comparten México, Belice, Guatemala y Honduras.

Frente a estas costas, muy pocos kilómetros mar adentro, se extiende el Arrecife Mesoamericano, una larga cadena submarina de construcción biológica milenaria y de traza discontinua dominada por diversas especies de corales; esa compleja comunidad biológica ha debido responder al desafío de millones de toneladas de desechos transportados desde una línea de costa con comunidades humanas en franca expansión, sea por la edificación de hoteles e inmuebles y el movimiento de millones de turistas asociado; sea por la creciente actividad de pesca artesanal y comercial; sea por la explosión de emporios agrícolas, como sucede en las selvas de Honduras con la palmera de coco de aceite, un agresivo monocultivo que ya ha asolado las selvas de Indonesia, al sur de Asia, con resultados desastrosos para los ecosistemas naturales.

Decenas de organizaciones científicas y ambientales de los países involucrados han establecido un monitoreo permanente dentro de la iniciativa Arrecifes Saludables; uno de los investigadores involucrados es Lorenzo Álvarez Filip, de la UNAM, quien ofrece algunos detalles que demuestran el estado de alerta creciente como efecto del huracán desarrollista que asuela un área cuya historia ha sido dominada por la pobreza y la marginación.

 “Lo que busca esta iniciativa es reunir información para generar mapas e indicadores sobre la salud de los arrecifes con base en cuatro componentes muy importantes y simples de entender para la gente; la cobertura de corales como principal componente de un arrecife y creadores del arrecife; la cobertura de macroalgas -si el coral muere las macroalgas empiezan a ocupar ese espacio, lo cual evita que el coral se recupere-; la biomasa, o sea la abundancia de peces y organismos vivos, y los peces herbívoros, que son los que se comen a las algas (…) en base a esto se genera un índice de salud, y eso lo ponemos en mapas con distintos colores (…) los datos no han cambiado mucho: la mayoría de los sitios, en 50, 60 o 70 por ciento, están en un estado delicado de salud, y un estado delicado de salud es tener muchas algas, pocos corales y pocos peces”.

- ¿y qué nos puede decir de las causas de este proceso?

- Es que hablamos de un área muy grande donde los problemas no son los mismos; tenemos problemas de calentamiento, que es un problema a nivel global, que afecta y mata a corales en varias regiones del mundo, pero también tenemos problemas crónicos a nivel local, en el norte de Quintana Roo uno de los principales factores es el agua, toda el agua que usamos se va de una manera directa a los arrecifes, con apenas un tratamiento primario, que remueve algunas cosas, pero no los nutrientes; no debemos olvidar que los arrecifes están acostumbrados a zonas de pocos nutrientes, aguas muy claras, pero si se meten muchos nutrientes, eso es darle un alimento a las algas y a otros organismos que compiten por su espacio, y a su vez eso puede generar enfermedades (…) ya si hablamos de lo que sucede más al sur, y de países como Belice y Guatemala, ahí es la agricultura, nutrientes en forma de fertilizante y arrastres que llegan desde las montañas, que se va a lavar al mar; en Belice hay problemas fuertes con las pesquerías, así que los problemas no son los mismos, aunque los efectos sí son generalizados.

- ¿Por qué los mapas indican que Honduras está mejor que México? 

- Bueno, este ejercicio busca representar niveles regionales, yo no me atrevería a afirmar eso; si queremos conocer las condiciones tenemos que hacer estudios focalizados (…) hay una isla en honduras, isla Roatán, donde hay evidencia de los mejores arrecifes de coral que tenemos, pero al ser una isla, está más alejada de la mayoría de los impactos del desarrollo humano, como son la urbanización y la agricultura; pero hay ahí también condiciones extrañas, algunos arrecifes que están en buen estado están en aguas que ya no son transparentes, son aguas turbias, lo cual nos dice que este tipo de arrecifes ya estaban acostumbrados a ese tipo de condiciones, que aunque vayan cambiando, ahí siguen (…) uno de los problemas que ya se empiezan a dar es el arribo de desarrollos turísticos, y esto genera una creciente preocupación de dar con un modelo que concilie ese éxito económico con la conservación de los arrecifes.

- ¿Cómo separar las causas locales de las generales, como el calentamiento climático?

- El modelo no está diseñado para responderlo de ese modo, pero hay muchas muestras de que el cambio climático es negativo sobre los corales; uno de esos es la temperatura, los corales están acostumbrados a los cambios pequeños, pero si se va por arriba del promedio, habrá problemas fisiológicos que hará que se rompa la relación de equilibrio entre algas y corales; los corales van a estar como enfermos, sin energía para crecer y reproducirse, y si estas aguas calientes permanecen mucho tiempo, mueren, y eso está muy bien descrito en la literatura científica.

- ¿La protección de los arrecifes llegó tarde?

- Más bien creo que no tenemos una protección integral, la principal amenaza es el desarrollo costero; podremos proteger con mil guardaparques un área natural protegida, pero sino tenemos plantas de tratamiento, si se sigue destruyendo el mangle, el problema no terminará.

El huracán desarrollista se bate de forma menos violenta pero más destructiva que los meteoros que han puesto a prueba por miles de años a la cadena coralina más grande de las Américas. Y a diferencia de su resurrección tras Wilma o Gilberto, los extraños animales constructores de arrecifes no han encontrado aún una adaptación exitosa para hacer frente a un demonio más silencioso y letal.

CLAVES

La evaluación de la región

Las economías locales y el sustento de casi dos millones de personas dependen de la salud del Arrecife Mesoamericano, señala el informe de la salud ecológica de estos complejos biomas submarinos que han dado a las playas caribeñas su fisonomía singular. El último informe publicado contiene datos de 2012, y se espera que este siguiente mes de mayo se emita un nuevo reporte

De 193 sitios monitoreados en toda la región, apenas 2% se encuentran en muy buen estado de conservación, 9% en buen estado; 25% en estado regular; 40% en mal estado y 24 % en “estado crítico”

Por país, los datos son los siguientes: México con 63 sitios, 5% están en buen estado, 25% en estado regular, 40% en mal estado y 30% en estado crítico. Ninguno de los 63 puntos monitoreados están “muy bien”. El principal enemigo del coral en este país es el desarrollo costero desordenado, sobre todo por el turismo

Belice, con 68 sitios, presenta 5% en buen estado, 22% en estado regular, 44% en mal estado y 29% en situación crítica

Guatemala sólo ofrece cuatro sitios en monitoreo, los porcentajes son: 25% regular y 75% mal

Honduras tiene 58 corales bajo monitoreo, con 2% muy saludables, 19% bien, 31% regular, 34% mal y 14% en estado crítico

Otros aportes del estudio en el que participan unas 40 organizaciones públicas y privadas, gubernamentales y de la sociedad civil, tienen que ver con el índice de acidificación de este mar: los mapas comparativos entre 1989 y 2012 revelan una drástica acidificación debido al depósito de bióxido de carbono, lo que explica la degradación de los corales

Otro mapa altamente ilustrativo es la urbanización de la línea de costa que va de Holbox a Honduras entre 1992 y 2010.Las zonas más transformadas son Cancún, Riviera Maya y Cozumel, en México; así como la bahía de Honduras

Más información de este e informes anteriores, en www.healthyreefs.org