Captura de ladrón le da nuevo aire a su negocio de sombreros

Don Genaro tenía un futuro incierto y estaba decidido a cerrar su negocio debido a la inseguridad, sin embargo, la Policía detuvo al delincuente responsable del último robo que sufrió.
Ha sido proveedor de Lorenzo de Monteclaro y El Palomo y el Gorrión.
Ha sido proveedor de Lorenzo de Monteclaro y El Palomo y el Gorrión. (Marcial Pasarón)

Monterrey

Después de ser blanco de los delincuentes en cinco ocasiones, don Genaro estaba dispuesto a cerrar su taller de sombreros, ese negocio que durante 50 años le había dado muchas satisfacciones y con el cual mantuvo a su familia; pero la mañana del viernes, la vida le sonrió: la Policía detuvo al delincuente responsable del último robo que sufrió.

El atraco más reciente a la sombrerería El Castor, ubicada en Juan Méndez y Reforma, ocurrió el pasado miércoles, cuando un hombre ingresó al negocio a través de un techo de lámina.

El ladrón se apoderó de 40 sombreros, y don Genaro tenía un futuro incierto, estaba decidido a cerrar su negocio, debido a la inseguridad que, dijo, impera en este sector del centro de la ciudad.

“Ya no voy a trabajar, creo que El Castor va a cerrar”, declaró en su momento.

La falta de material de trabajo por fin iba a adueñarse de su negocio, iba a acabar con su labor que durante medio siglo lo llevó a conocer artistas de la talla de Lorenzo de Monteclaro, Juan Montoya, Poncho López, Mundo Miranda, Don Chayo y El Palomo y El Gorrión, entre otros.

Pero la mañana del viernes, los elementos de la Policía de Monterrey le dieron un vuelco a su historia. Capturaron a Juan Pérez Baeza, quien habría robado alrededor de 20 mil pesos en material del negocio de don Genaro.

La detención fue efectuada cuando Pérez Baeza transportaba los sombreros en una caja, por las calles del primer cuadro de la ciudad.

Hoy el rostro de don Genaro ya no muestra esa mueca de angustia, su boca denota una sonrisa de oreja a oreja, una sonrisa de felicidad y agradecimiento.

“A echarle ganas, hasta que Dios lo permita”, dice.

Segundos después regresa a su lugar, enciende una pequeña plancha y coloca un sombrero, el cual estará mañana en la cabeza de un cliente totalmente satisfecho.