Lágrimas de sangre

"Hoy casi se cumplen dos años de esta lucha que sabemos será parte de nuestro pasado, presente y futuro", comparte Flor Rentería la experiencia con su nuera y la lucha contra el cáncer.
Flor Rentería compartió la lucha contra el cáncer que vivió su nuera y toda su familia.
Flor Rentería compartió la lucha contra el cáncer que vivió su nuera y toda su familia. (Shutterstock)

Torreón, Coahuila

Dicen que recordar es volver a vivir y en efecto, he postergado escribir este texto desde el sábado en que me propuso Marcela escribirlo hasta el día de hoy.

Aunque pase el tiempo sigue siendo muy doloroso narrar este pasaje de mi historia. De pequeña muchas veces escuché a mi madre que decía: "los hijos duelen tanto, duelen en el alma que su dolor te hace llorar lágrimas de sangre".

Yo me preguntaba en ese tiempo a que se refería ella y si no habría algo que curara ese dolor. Hoy se plenamente lo que ella quería decir, lo he aprendido en carne propia.

Muchas mujeres están hoy enfrentando a este terrible monstruo, sé que algunas han sido diagnosticadas lamentablemente en niveles muy avanzados pero quiero pedirles que no se rindan.

Mi hijo mayor Gerardo, se casó después de 10 años de noviazgo con Nancy, su primer y único amor, se conocieron a los 17 años y a los 27 se juraron amor eterno, con toda su pasión, ilusión y sueños hilvanaban cada etapa de su vida, desde los preparativos de su boda, su casa donde vivirían, los hijos que tendrían, incluso hasta los nombres que cada uno llevaría y yo disfrutaba al máximo su felicidad como si fuera la mía.

Una bolita en el cuerpo de Nancy sería la detonante de una noticia terrible que cambiaría la vida no sólo de ellos, sino de todos los que los rodeamos.

Nancy había observado que tenía una pequeña "bolita" en la parte superior izquierdo, entre el cuello y el hombro, pero no le dio importancia creía que era nervios por todo el estrés y preocupación previos a los preparativos de la boda.

Aproximadamente habían pasado 6 semanas de la boda cuando yo observé que esa bolita había crecido mucho, por lo que le pedí a una amiga doctora, que la revisara para descartar alguna enfermedad.

Inmediatamente la doctora al verla le solicita a Nancy que se haga unos estudios. Ahí inició este recorrido de angustia y dolor, de hospitales en hospitales en Torreón y Monterrey.

Así transcurrieron varios días de incertidumbre. Los resultados de esos estudios llegaron. Recibo una llamada de mi hijo y me dice: "Nancy tiene cáncer".

No puedo explicar lo que en ese momento sentí, sólo recuerdo que de pronto experimenté una sensación de ir cayendo en un pozo vacío y oscuro que no tenía fin, no sabía que decir, esas emociones son superiores a todo lo que en mi vida había enfrentado.

“Hijo todo va a estar bien”, con todo el miedo de no poder cumplir, pero creo que en ese momento el miedo más grande era el que él sentía y buscaba esa fuerza que requería, en mí, su mamá.

Hablar de cáncer es hablar de un monstruo de mil cabezas, que te aterra la sola idea de enfrentarte a él. Es indescriptible el dolor, el llanto, las horas de angustia que se pasa, pero también sabes que el tiempo te juega en contra y que hay que tomarse de las manos para mantenerse en pie y estar decididos a dar la batalla.

El cáncer que le diagnosticaron a Nancy fue Linfoma de Hodgkin nivel 3 de 5, ósea que estaban en tres partes de su cuerpo, no entendía bien la magnitud pero sabía que estábamos más avanzados de la mitad, por lo que a partir de ese momento sólo hubo tiempo para luchar por la vida de Nancy todos juntos, Gera, los papás de Nancy y nosotros que la veíamos como una hija.

La ilusión por hacer realidad los sueños de unos recién casados se depositaron en un lugar muy especial y todo lo que en esos momentos se tenía que pensar era en cómo ayudar a salvar la vida de Nancy.

Fueron días muy difíciles, exámenes y más exámenes de laboratorios, visitas a clínicas, hospitales, trámites e interminables, horas de espera, angustia, desesperación, coraje, tristeza, un tsunami de emociones.

Un año de quimioterapia, 6 de radioterapia, vacunas y hoy casi se cumplen dos años de esta lucha que sabemos será parte de nuestro pasado, de nuestro presente y nuestro futuro.

Gracias a todos los adelantos de la ciencia, a Dios, en este momento Nancy está bien, cada día le pido a Dios así siga y que pase rápido el tiempo porque esos sueños de recién casados están aún esperándoles.

Tienen un gran anhelo de convertirse en padres, para lo cual tendrán que esperar 5 años para que ya no exista la mínima posibilidad de que ese monstruo regrese.

Muchas mujeres están hoy enfrentando a este terrible monstruo, sé que algunas han sido diagnosticadas lamentablemente en niveles muy avanzados pero quiero pedirles que no se rindan, que no abandonen la lucha y a quienes gozan de salud hagamos juntos esfuerzos para construir una cultura de la prevención, el cáncer si se detecta a tiempo es curable, porque cuando uno se enfrenta a ese monstruo llora lágrimas de sangre.