"Hay que perdonarse, informarse y salir adelante"

María Esther al conocer el diagnóstico de cáncer sintió miedo, culpa, coraje, tuvo días de llanto, incertidumbre y negación. Luego dijo: “Esta ola me tocó y hay que surfearla”.
María Esther Valdés Perezgasga, coordinadora de idiomas del Colegio Cervantes.
María Esther Valdés Perezgasga, coordinadora de idiomas del Colegio Cervantes. (Luis Carlos Valdés de León)

Torreón, Coahuila

Marzo de 2006. El diagnóstico fue contundente y la dejó fría: María Esther Valdés Perezgasga padecía cáncer de seno. Quien hoy coordina el área de Idiomas del Colegio Cervantes, vivió un torbellino de emociones al saberse portadora de uno de los cánceres más agresivos.

Miedos, culpas, coraje, días de llanto, incertidumbre y negación, le siguieron tras la noticia. ¿Por qué yo?, cuestionó, pero tras la asimilación la pregunta fue: ¿Y por qué no? y se dijo: “Esta ola me tocó y hay que surfearla”.

"Me he perdonado de las culpas para poder salir adelante, aconsejo ser fuerte, muy positivo, sentirse merecedor de estar sano, te lo mereces, pero tienes que trabajar para eso".

Y fue así como empezó su proceso que tras casi nueve años, hoy la tienen libre de culpas, informada de su enfermedad, agradecida y ante todo, sintiéndose merecedora de seguir con vida.

Valorando la atención recibida en un hospital público como fue el Seguro Social, María Esther tuvo un ciclo de seis quimioterapias y un año de vacunas, “fue una temporada en que hice un paréntesis en mi vida, de reflexión, de valorar y darle otro sentido a la vida”, expresó.

El tratamiento le requirió una mastectomía radical. Más que hacer caso a las voces que le señalaban esta decisión como una mutilación, para ella pesó más el agradecimiento de estar viva, con seno o sin él, con pelo o sin él, seguía siendo Esther Valdés.

Esto vino a enseñarle quien es ella misma, conclusión a la que llegó, pero que no fue fácil. “Lo que más me pegó fue perder el cabello y ver mechones de él en la almohada”, recordó.

La vulnerabilidad y la fragilidad humana fue parte del aprendizaje: “Ves a mujeres que venían de ejidos a recibir tratamiento, pero con un mal régimen alimenticio. Yo me regresaba a recostarme, pero ellas volvían a sus casas a lavar y a terminar el quehacer en sus hogares, eso me sensibilizó".

Ya sin pelo, María Esther iba por la tercera quimioterapia cuando decidió correr y terminar la carrera 10K Victoria.

En octubre se celebra la campaña de concientización del cáncer de seno y hace dos años participó en una campaña de la Liga MX y tuvo la oportunidad de patear el balón rosa en un juego del Santos Laguna en el Estadio TSM.

“La fuerza no se adquiere, ahí está, pero uno está en su zona de confort y no se sabe qué tan fuerte se es hasta que el ser fuerte es tu única opción”, aseveró.

Valorando la atención recibida en un hospital público como fue el Seguro Social, María Esther tuvo un ciclo de seis quimioterapias y un año de vacunas.

La práctica de la meditación fue fundamental en su restablecimiento y en tener una calidad de vida, dice que la desinformación no ayuda nada. Atendiendo a chequeos médicos semestrales, el deseo por vivir pesa más que la enfermedad, aunque sea una compañera silenciosa.

“Hago lo posible por mantenerme sana para enfrentar lo que la vida me depara, sigo haciendo ejercicio, mantengo una buena alimentación, no fumo, pero sobre todo, me he perdonado de las culpas para poder salir adelante, aconsejo ser fuerte, muy positivo, sentirse merecedor de estar sano, te lo mereces, pero tienes que trabajar para eso y tienes que aprender a evitar sentirte la víctima”, finalizó.