Del dolor de cabeza al cáncer: la lucha de Tere

Con su enfermedad, Teresa Méndez, afirma haber comprendido que podía verla con la mayor positividad posible, o dejar que el cáncer se la comiera, optó por la primera, vivir al día y sobrevivir.
Teresa Méndez, paciente que lucha contra el cáncer de mama.
Teresa Méndez, paciente que lucha contra el cáncer de mama. (Especial)

Torreón, Coahuila

Todo parecía normal, una enfermedad más que se alivia con cualquier pastilla o remedio casero.

Bien podía ser provocada por la sobrecarga de trabajo: jornadas de 12 horas continuas combinadas con la alimentación a destiempo (tomando en cuenta que se trata regularmente de comida callejera) son buena fórmula para provocar una enfermedad. Todo, por lo demás, parecía normal.

Teresa Méndez tiene 36 años, 3 hijos y trabaja como cajera en Préstamo seguro jornadas de 12 horas. Un día de golpe enfermó.

Por la mañana antes de empezar a trabajar un fuerte dolor de cabeza se hizo de ella. Teresa se empastilló, eso podía ser suficiente.

"Si tengo el cáncer más agresivo, pues venga, vamos a ser también nosotros agresivos para poder luchar. Yo estoy bien segura de que voy a salir adelante".

"¿Ya te vas a empastillar?", le preguntó un compañero y es que desde días anteriores ya había tenido malestares que iban y venían.

En esta condición duró tal vez 3 o 4 meses. Una enfermedad crónica posiblemente, la idea de algo más grave (digamos un cáncer ) estaba descartada pero como en todos los casos latente.

Aquel día el dolor de cabeza no cesó. "Oye, Tere, no es por ser mala onda, pero ¿sí sabías que cuando en un día te duelen muchas veces la cabeza es porque tienes un tumor?", dijo el mismo compañero. Eso fue por ahí del 5 de marzo del año que corre.

"Una semana antes del 8 de marzo, aproximadamente, yo me noté una bolita en mi pecho izquierdo, pero a veces también por la cuestión de lo que nos pasa a nosotras las mujeres cada mes pensaba que era normal que me doliera".

"Lo vi normal, jamás me pasó por la mente que fuera ser algo tan malo", recordó Teresa Méndez. Poco tiempo se enteró que tenía cáncer de mama.

Ante los dolores de cabeza recurrentes y el descubrimiento de una bola en su pecho, acudió a medicina preventiva al Seguro Social a realizarse el papanicolaou, prueba que solamente se había practicado una vez luego de tener a su primer hijo. Ella aparentemente creía estar sana.

"Desde que la enfermera puso su mano en mi pecho dijo "señora, pero si esto no es una bolita, es una bolota, ¿cuanto tiene con ella?", le contesté que me le había sentido una semana atrás, pero como pensé que era algo hormonal, algo normal".

La enfermera la canalizó con un médico que a su vez la mandaría con un especialista. Tal noticia preocupó a Teresa, pues solamente había ido a hacerse el papanicolau.

Asistió con diversos doctores que le mandaron a hacer biopsias, rayos X, ultrasonidos y demás pruebas para saber de bien a bien cuál era su problema.

No obstantes las señales, Teresa seguía confiada en que no era nada de la mayor gravedad. Los doctores, en un lapso de dos días, la tuvieron de prueba en prueba pero no le daban respuesta precisa de su condición.

Como es natural, la desesperación y el miedo llegaron. Todos los doctores se veían preocupados, unos aseguraban que era malo, pero ninguno había manejado la palabra "cáncer".

LA NOTICIA QUE NO LLEGA

"Era un miedo horrible, pero yo ya sabía que no era nada bueno". El caso, es que llegó con el oncólogo, Armando Gutiérrez, quien así nomás le lanzó la piedra y le dijo la necesidad de quitarle el pecho. Era cáncer y no había otra cosa que hacer.

"Se llama carcinoma ductal infiltrante, grado tres, es es lo que venía escrito en los resultados. Fue otras de las cosas que me dieron mucho miedo, porque el cáncer tiene varias etapas, me habían dicho que si lo descubres en una etapa cuatro ya es muy tarde", detalló Teresa.

Esto fue alrededor del 15 de marzo y la cirugía le fue programada para dos semanas después, el 5 de abril.

A Teresa le gusta andar bien arreglada y verse bien, saber que perdería su pecho le fue muy triste. Lloró a grito abierto. Su mamá la abrazó y Teresa le pidió que la llevara a la iglesia.

"Realmente quería gritar. Nomás de acordarme me dan ganas de llorar", recordó con la voz que de a poco se le quebraba.

"Lo único que hice fue mostrarme a Dios lo más transparente que pude haber sentido en mi vida. Me confesé. En ese momento le dije a Dios "que se haga tu voluntad y no la mía, si me haz mandado esta prueba yo lo voy a tomar de la mejor manera". Yo lo único que pedía era fuerzas para mis papás y para mí".

Con su enfermedad comprendió dos cosas: una, verla con la mayor positividad posible, la segunda era dejar que el cáncer se la comiera. Optó por la primera, vivir al día y así fue hasta que se llegó el 5 de abril.

Antes de salir de casa al hospital rezó junto con su esposo, José, pues eso era lo único que le daba paz.

Llegó tranquila, pero al entrar al quirófano la cosa cambió, el doctor Gutiérrez le preguntó si estaba lista, a Teresa no le quedaba más que decir que sí.

Le extirparon 10 ganglios, de los cuales solamente uno era maligno, pero este era triple A negativo, es decir, el tipo más agresivo que tiende a regresar.

EL CÁNCER SE FUE, PERO LA LUCHA CONTINÚA

En general todo salió bien, al día siguiente ya estaba en su casa. Aún después de que le hicieron la mastectomía se levantaba en las noches y pensaba que estaba soñando, que aquello no había pasado.

Tan fue así que durante una semana sus hermanas la bañaron, pues no quería verse y notar la ausencia de su pecho izquierdo.

"No lloré cuando me vi tal cual soy ahora, sin mi pecho izquierdo. Dije 'bueno, al menos no me quedó tan fea la cicatriz', que era lo que a mí más me preocupaba".

"Esa primera vez que me vi frente al espejo me di cuenta que no era tan malo, así voy a estar, yo sentía que al haberme quitado el pecho me habían quitado lo malo, para mí era vida".

Una mes después de la operación empezaron aplicar las quimios y perdió el cabello. Cuando le anunciaron las aplicaciones se adelantó y se lo cortó poco a poco.

"Y te confieso que me dolió más perder mi cabello que perder mi pecho. Me vas a decir que ya te he dicho esto muchas veces, pero siempre me ha gustado mucho verme bien".

Aunque si bien Teresa ha demostrado fortaleza al afrontar la enfermedad, al aplicarse los tratamientos, ha tenido sus momentos flacos.

La mente juega con cuestiones muy complejas, que ni uno mismo logra entender, a veces Teresa tiene el miedo de que el cáncer se vaya a otra parte de su cuerpo.

"Sí es difícil, porque cuando el doctor me dijo el tipo de cáncer que tenía y que podía volver, me explicó también que este ya se había ido y que el tratamiento, que es el más fuerte, que me están dando es para que ya no regrese".

Para sus hijos fue complicado entender al principio, la condición de su madre lo puso nerviosos y cada uno lo demostró de diferente manera, aunque todas evidentes.

Habló con ellos y los tranquilizó. Su familia cada vez se ha unido más y Teresa está en ese punto en el que disfruta hasta de abrir los ojos por la mañana.

Como es natural, la desesperación y el miedo llegaron. Todos los doctores se veían preocupados, unos aseguraban que era malo, pero ninguno había manejado la palabra "cáncer".

"Todo ha sido muy rápido. En algún momento dado a mí me gustaría ayudar a otras mujeres porque puedes evitar una enfermedad así con el simple hecho de tocarte y poderte ver".

"Yo era una de las mujeres que vive rápido: mi trabajo, los niños, la escuela y al día siguiente igual. Tenía una vida muy rápida y pensaba que la disfrutaba", expresó Teresa.

Su madre, padre, hermanas, esposo e hijos siempre estuvieron con ella, se aferró a ellos y a su acercamiento con la religión y no la dejaron ir.

Han pasado 5 meses y en ese tiempo su vida ha cambiado en su totalidad, pero Teresa dijo no cantará victoria hasta que el doctor le confirme que ya no corre peligro.

"Yo ahorita pido mucha fuerza porque todavía hay tratamientos que me faltan por llevar, pero yo trato de ver la vida de otra manera, te cambia por completo, es una sacudida muy, muy fuerte".

"A veces las mujeres por no tener tiempo, por darle prioridad a otras cosas que creemos importantes, nos olvidamos de cuidarnos, de tocarnos sobretodo, porque eso sola te lo puedes detectar.

"Si tengo el cáncer más agresivo, pues venga, vamos a ser también nosotros agresivos para poder luchar. Yo estoy bien segura de que voy a salir adelante", contó Teresa Méndez.