CRÓNICA | POR ALEJANDRO SUÁREZ

Caídas muy frías en Plaza Juárez

En lo que se espera sea una tradición, el gobierno estatal pone una pista de hielo en Plaza Juárez, para quienes no conocen los lagos congelados en vivo y a todo color. Pese a ser una construcción del hombre, ese pedazote de hielo queda bien ante las ráfagas heladas del lugar.

Instalan pista de patinaje en Plaza Juárez
Instalan pista de patinaje en Plaza Juárez (Héctor Mora)

Pachuca

Qué espectáculo más cruel es el que ven los maldosos alrededor de la pista de hielo. Bueno, tal vez sea poco acertado definir así a los espectadores, pero lo que pasa sobre el hielo no es bonito para quienes piensan que patinar es fácil.

En lo que se espera sea una tradición, el gobierno estatal pone una pista de hielo en Plaza Juárez, para quienes no conocen los lagos congelados en vivo y a todo color. Pese a ser una construcción del hombre, ese pedazote de hielo queda bien ante las ráfagas heladas del lugar.


Si bien la mayor atención es para la pista, los comerciantes hacen su esfuerzo para ganarse el pan de cada día. Papas fritas, hamburguesas o pan de nuez, lo suficiente para cenar rico en una jornada de finales de otoño, peor bien pasa por invierno.

Una niña se divierte con luces de bengala en ambas manos, tal vez sea para calentarse o que las chispas naranjas alejan la oscuridad que ya emerge a las afueras de palacio de gobierno. También ayuda que mientras el reloj marca las seis y media la pista enciende sus luces, escondidas en los muros que le dan forma.

Mientras la gente que esperaba en fila se pone los patines; un proceso lento, más que el año pasado, tal vez sea porque la pista es más grande y por lo tanto hay más demanda aunque el tamaño le juega chueco a los organizadores que deben dividirla con un cordel pues en una parte no hay suficiente frío para crear hielo fuerte.

Es una mala medida para quienes no saben patinar (la mayoría) pues el cordel les quita la seguridad del muro de contención: ahora es el suelo lo único que detendrá sus caídas en una superficie fría como la noche.


Y antes de que entren, los cuidadores se aseguran de rociarla de agua, otra maldad sin querer queriendo para los inexpertos que ya se meten a la pista, ansiosos, temerosos y con una sonrisa que delata su destino.

Cierto, hay quienes tienen la capacidad para dar pasos por sí solos, pero los niños, ese grupo tan alegre que no tiene miedo a regarla, sufre de la manera más linda. Son una docena de pequeños que en fila india agarrados con todas sus uñas del muro.

Los cuidadores, quienes sí tienen buena capacidad para patinar ayudan a quien quiere y los alcanza. Son sólo cuatro quienes como Santa Clos en Navidad son buscados por todo mundo, pero atienden a pocos por obvias razones.

Agarrando a los novatos por la mano, este par de chicos y dos chicas. Paso a pasito, los niños tratan de patinar ayudados, pero detrás de ellos, los más osados hacen su lucha solos, pero derrotados por la gravedad que los jala al suelo.

Son como niños que aprenden a caminar, sin equilibrio ni gracias, el hielo es su destino. Una niña se siente muy valiente pues patina un par de metros, pero bajan. No es la única con ese destino, otro par de niños sufren lo mismo pero en lugar de sufrir se divierten, levantan sus cuerpos con dignidad y lo intentan otra vez, y otra vez suelo.


No hay burlas dentro de la pista, en los muros exteriores en vez de reírse se mueren de la envidia, por eso espectadores en ese momento ya dicen "Mañana venimos saliendo del trabajo" riéndose porque saben que ellos serán los próximos en caer.