Borrar grafitis: un trabajo sin fin

Jesús Álvarez se gana la vida con el trabajo más complicado y que jamas acaba, porque al borrar un grafiti salen otros dos.
Jesús Álvarez
Jesús Álvarez (Mauricio Contreras)

León, Gto

El trabajo de Jesús Álvarez, empleado que se dedica a borrar grafitis, no tiene fin, su labor es una tragedia griega.

Como si fuera el héroe Hércules cuando enfrenta al monstruo llamado Hidra, al que si se le corta una cabeza le "crecen" más, Jesús Alvares tiene que lidiar con los grafitis y cuando borra uno, al día siguiente se multiplican.

Así es como se gana la vida este joven de 21 años de edad, quien labora para una empresa contratada por el Municipio, que se dedica a limpiar de grafitis las paredes de las principales avenidas de la ciudad.

El trabajo de Jesús inicia a las 9:00 de la mañana, y termina cuando se oculta el sol.

El joven pintor es de piel morena curtida por el sol, arete en la oreja derecha "para no perder el estilo" y cachucha beisbolera de los Bravos de Atlanta que le sirve para cubrirse la cabeza del implacable sol de mayo, además su ropa está cubierta de manchas de pintura, fieles testigos de su jornada laboral.

El cazagrafitis cuenta los minutos que le faltan para terminar su jornada, ya quiere irse a su casa en la colonia El Mirador, para ver a su joven esposa. Jesús es un feliz recién casado.

La misión que tiene Jesús y sus cinco compañeros de trabajo es limpiar de grafitis todo el Distribuidor Vial, además el bulevar López Mateos, hasta el Puente del Amor, una tarea titánica.

Todos los días tienen que revisar las zonas que pintaron el día anterior, pues a diario aparecen grafitis en los lugares que ya habían pintado.

"Cuando ya son muchas veces las que tenemos que repintar en un solo lugar, tomamos fotos, para que nos la crean que hicimos el trabajo", comenta Jesús Álvarez.

La cuadrilla de trabajadores cazagrafitis se esmera en borrar los "rayones", que dejan los "grafiteros". Los hay en los lugares más extraños e insospechados.

"La verdad no me explico cómo le hacen para grafitear el distribuidor en lugares tan altos y peligrosos y sobre todo en la obscuridad. Pues sus maldades las hacen en las noches", comenta el joven pintor, mientras mete el rodillo en la cubeta de pintura de color gris, para seguir cubriendo grafitis.

"Al Distribuidor Vial Juan Pablo II le estamos quitando todos los grafitis. Comenzamos el pasado viernes a pintar un tramo, y al día siguiente ya había el doble de grafitis en el mismo lugar, la neta, sí caen gordos", comenta impotente Jesús Álvarez.

"Hace más de dos años, cuando visitó la ciudad el Papa Benedicto XVI, también limpiamos de grafitis el trayecto donde iba a pasar el Santo Padre, recuerdo que la gente no respetaba y seguía rayando las paredes.

"Tuve la satisfacción de que nuestro Santo Padre no viera la ciudad llena de grafitis cuando nos visitó. Cuando era más joven, la neta sí llegué a grafitear en dos o tres ocasiones, ahora, comprendo que estaba mal lo que hacía, ahora que sé lo que cuesta borrar los grafitis de las paredes", admite el joven cazagrafitis.

No lejos de ahí donde está la cuadrilla de trabajadores pintando para tapar los grafitis, se puede observar una deteriorada placa de concreto que señala la administración estatal que construyó el distribuidor vial , la placa no se ha escapado de las maldades de los vándalos , a duras penas se puede leer, Guanajuato "Contigo Vamos".

Jesús Álvarez Herrera se limita a darle con mucho cuidado una mano de pintura a la maltrecha placa conmemorativa del Distribuidor Vial, con la seguridad de que mañana aparecerá grafiteada.