Hacia el futuro sobre dos ruedas

La popularidad del vehículo era tal en los primeros años de Torreón, que tenían un impuesto, como los automóviles en la actualidad.
Hacia el futuro sobre dos ruedas.
Hacia el futuro sobre dos ruedas. (Miguel Ángel González Jiménez)

Torreón, Coahuila

Por consecuencia, la demanda de bicicletas aumentó. Era un ideal medio de transporte (no de recreación, ejercicio o esparcimiento), pues los espacios eran de proporciones generosas y las distancias cortas.

Se está hablando de que por lo menos en lo que se refiere a la urbe, la ciudad, dimensionándola a la actualidad, empezaba en la Alianza y terminaba en la Galeana.

De acuerdo con información proporcionada por el historiador Carlos Castañón Cuadros, en las memorias de Tulitas, la hija de Federico Wulff (el hombre que dio forma a la ciudad en 1887) escribió algo que textualmente señala:

El historiador recordó una película que se vuelve muy representativa para la época, es italiana y tiene por nombre “El ladrón de bicicletas”, que si bien se desarrolla en Italia, afirma que no se aleja de la realidad que se vivía en el Torreón del primer cuarto del siglo XX.

"Andábamos por toda la ciudad, una operación que resultaba muy breve ya que ninguna calle estaba pavimentada y todas estaban cubiertas con polvo de un pie de profundidad".

Lo que Tulitas Wulff recupera en sus memorias corresponde a lo que se le llamará la "época de oro" para la bicicleta en Torreón, entre 1900 y 1950.

En los diarios locales empezaban a imprimirse anuncios de gente que tuvo la visión de hacer de la bicicleta un negocio, como aquel anuncio de 1905 obtenido por Castañón Cuadros del directorio comercial.

Decía: "Agencia de bicicletas Bernabé Martínez; única casa en Torreón que alquila, vende y repara todos sus accesorios", ubicada en el número 10 de la avenida Hidalgo.

O también podía dirigirse a un tal Manuel Perales, representante de otra agencia de bicicletas y taller de reparaciones, él vendía al contado y en abonos sobre la calle Múzquiz por ahí del año 1908.

"Empiezan a convertirse en un artículo de necesidad que te van a vender en lo equivalente ahora a una ferretería o tienda de autoservicios (...) entonces sólo había como 10 carros aquí en Torreón", apuntó el historiador.

La cosa iba en dos ruedas al futuro. Se está hablando de que era uno de los artículos más prácticos e innovadores en la región, tan indispensable como se piensa hoy día un automóvil, tan revolucionario como la computadora a su salida.

Esto ocurrió a tal magnitud que el ayuntamiento de Torreón tuvo que decir: "Señores, hagamos un impuesto para el uso de la bicicleta".

Ya tenían el impuesto por el uso del caballo y coche, pero como este pago de golpe se fue al suelo, se volvió necesario recuperar lo perdido, entonces tuvo que haber un control en la “sobrepoblación” de la bicicleta.

Este tema del impuesto va a durar hasta los años setenta, cuando asimismo había una regulación a través de placas. La situación era la misma que en la actualidad con los automóviles, si la bicicleta era conducida sin plaqueo, el oficial de tránsito tenía la facultad de detener al conductor, confiscar la bici y “llevarla al corralón”.

Por entonces también se detonaron los robos. Indispensables y apreciadas, las bicicletas empezaron a ser sumamente atrayentes para los “mano larga”.

La ciudad reflejaba a “un pueblo bicicletero, la mayoría de la gente se movía en bici, si existen los autos pero hay menos, y como hay tantas bicis en las calles, pues va a ser un objeto muy deseado y fácilmente robado”, señaló Castañón Cuadros.

Agregó que ha encontrado “historias preciosas de robos de bicicletas de sujetos que sustraían 40 bicicletas, y que un día hacen la investigación y encuentran 40 bicicletas en la casa de ese ratero, y luego sale la foto de los años 40, de los años 30, es increíble la cantidad de historias de robos de bicicletas”.