Bella, madre putativa de 15 hijos desde los 13 años

Bella lleva 73 años de cuidar y criar a hermanos, sobrinos y sobrinos nietos, siempre preocupándose por todos sin distinción como una madre biológica lo hubiera hecho.

Puebla

Desde los 13 años me convertí en mamá, así lo aseguró la señora Osvelia del Corral Tlaxcala, de 86 años, habitante del municipio de Atlixco.

"Cuando yo tenía 13 años mi madre enfermó, pronto cayó en cama y falleció, días después, a partir de ese momento yo me tuve que hacer cargo de mis cuatro hermanos. Me convertí en su mamá".

Tras el deceso de su madre, doña Bella como es conocida por la familia y los allegados, comenzó su larga travesía, se convertiría en madre sin quererlo y sin tener la opción de decir que no, meses después su padre murió de tristeza y ella tuvo que sacar adelante a la familia, tal y como se lo prometió a su mamá.

Los levantaba temprano, los bañaba, los vestía y les daba de comer. Instruida por una de sus tías, Doña Bella pronto aprendió a cocinar y a trabajar.

"Desde que mis padres no están yo tuve que trabajar, y hacerme cargo de los gastos y de la vida de cada uno de mis hermanos. Gracias a Dios, nunca nos faltó nada y todos hicieron su vida", menos ella.

A sus 86 años "Tita Bella", como le dicen los nietos de sus hermanos y hermanas, está feliz, sin embargo la vida de sacrificio que decidió llevar nunca le permitió casarse o formar una familia propia, aun así su inmensa humildad y compromiso con los demás la hace sentir satisfecha.

"Ya no tengo mucho por hacer, sólo buenas obras para alcanzar la salvación, lo que hice fue por amor, nadie tiene que agradecerme".

Después de que todos sus hermanos se casaron y formaron sus vidas, Doña Bella decidió dedicarse al catecismo, todo iba bien para ella, siempre le gustaron los niños, aunque en realidad nunca tuvo uno.

Tiempo después uno de sus hermanos, cansado de la rutina y el hastío, decidió separarse de su esposa y abandonar cualquier responsabilidad de cónyuge o de padre, lo mismo sucedió con su entonces esposa, quienes dejaron huérfano a un bebé de apenas 11 meses, entonces Bella se hizo cargo de él.

Una vez más el destino la pondría como madre de un pequeño que no era de ella y, que sin embargo, tiempo después la llamaría "mamá".

"Yo le di todo mi amor, nunca lo traté de alguna manera diferente, él es mi tesoro, cuando se recibió, fui muy feliz, cuando se casó, cuando tuvo a su primer hija, cuando me dijeron por primera vez abuelita".

Alejandro se convirtió en licenciado en administración de empresas y ahora lleva la dirección del negocio que desde hace más de 100 años la familia Tlaxcala fundó en el municipio de Atlixco, siendo el de más tradición y el más antiguo de la región. Se casó y tuvo tres hijas, quienes con amor llaman abuelita a "Tita Bella".

"Yo supe que ella no era mi madre cuando tenía 5 años, fue algo difícil para mí, tiempo después entendí que: Madre no es la que engendra, sino la que educa y ella, es la mejor mamá del mundo", aseguró su hijo Alejandro.

Bella cumplió una vez más como madre, satisfecha, pero con la infinita necesidad personal de sacar adelante a los miembros de su familia.

La tragedia y la dicha le llegó una vez más hace diez años, su hermana y su cuñado fallecieron en un accidente de trabajo, dejando a sus diez hijos sin la oportunidad del calor paternal, Bella, una vez más, se hizo cargo.

En estos momentos, Osvelia se hace cargo de cuatro niños que estudian y han seguido la instrucción católica que les dio y tienen la intención de ser alguien en la vida y son agradecidos con todo lo que su mamá adoptiva les ha dado a través de estos años.

MADRE DE NADIE Y DE TODOS

Su hermana Lupita, tiene cuatro hijos, e igual cantidad de nietos, está agradecida por como la educó quien fue su hermana mayor y su madre, las lágrimas al hablar de ella recorren su rostro.

"Ahora entiendo lo difícil que fue para ella, siempre nos cuidó. Sacrificó su vida por la de nosotros, nos regañó cuando hizo falta y nos dio una buena educación. Estoy muy agradecida con ella", comentó su hermana, mientras limpiaba sus lágrimas.

Como ésta miles son las historias de las mujeres que se convirtieron por convicción en madres adoptivas, por sucesos desafortunados, por amor, por destino.

"El instinto de madre, nos hace salir adelante, trabajar y hacer lo imposible, por ellos somos capaces de hacer todo", finalizó doña Bella, madre desde los 13 años.

Edith: mamá, esposa, educadora y dentista

Edith Hernández Ramón es madre de dos mujeres, esposa, docente con casi 30 años de servicio, atiende a niños con capacidades especiales en primaria de la capital y, por las tardes, de los martes y jueves, ejerce su segunda profesión, la estomatología.

La fórmula para combinar sus múltiples roles es la organización del tiempo pero sobre todo el amor por cada una de las actividades que realiza.

Decidió ser docente desde pequeña, por lo que estudió en la escuela normal; sin embargo, poco tiempo después decidió convertirse en estomatóloga.

Actualmente, por las mañanas, Hernández Ramón se desempeña como docente en la escuela primaria Manuel Rivadeneyra, ubicada al norte de la capital del estado, donde atienda a alumnos con capacidades especiales.

“Estudié la normal básica, luego tengo estudios para trabajar con niños especiales y también tengo la fortuna de trabajar ahora como cirujano dentista por las tardes. Es difícil. Trato de combinar. Por las mañanas estoy acá, por las tardes, dos días a la semana estoy en el consultorio. Yo vengo acá a trabajar pero no lo tomo como un trabajo, uno lo hace con gusto, a veces se complica pero hay que organizarse. Es un gusto trabajar con niños y sobre todo niños especiales”, destacó.

El esquema de trabajo de la docente con más de 30 años de servicio se basa en ocupar la tecnología para que los estudiantes realicen diferentes actividades en computadoras y se integren a la sociedad.

“Con las computadoras que tenemos, podemos realizan actividades para que a través del juego vayan avanzando. Ellos tienen un grupo y trabajan dentro del grupo porque deben de ser parte de ese grupo y realizan las actividades como los demás niños pero con relación a sus posibilidades”, explicó.

La profesora y estomatóloga trabaja con niños que pertenecen a grupos de primero a sexto de primaria y que cuentan con algún tipo de discapacidad, por lo que, a cada uno, le diseña un trabajo especial.

“Trabajo con niños que presentan discapacidades visual y motriz. Nosotros adecuamos cada programa para cada uno de ellos. A veces el trabajo es muy grande y vemos avances que parecerían pequeños pero que son muy importantes. Afortunadamente, tenemos el apoyo de los papás que es muy importante. Uno como docente solo no puede salir adelante”, destacó.

Pese a sus múltiples estudios, Edith Hernández destaca que cada día aprende elementos nuevos de cada uno de sus estudiantes, quienes todos los días realizan múltiples esfuerzos para avanzar.

“Uno aprende, uno dice que es la maestra pero uno aprende mucho de ellos. Tengo un niño de segundo año que presenta discapacidad auditiva, disminución visual y motriz. En un festival que hubo se hizo una despedida a la anterior directora de la escuela, muchos maestros me comentaron que es una emoción verlos participar con todos. Es algo muy bonito”, destacó.

Madre de Edith y Dana Georgina Ávila Hernández y casada con Jorge Ávila Pena, Edith Hernández resalta que tanto ser mamá como docente, son dos roles difíciles de cumplir.

“Ser mamá y ser maestra es difícil. Nosotras como maestras, influimos en los niños, en sus actividades, entonces, tenemos que motivarlos siempre con principios y valores. Iniciamos el día y a veces, tenemos situaciones, dejamos eso a un lado para llegar a la escuela”, explicó.

Dirigir una escuela es  más fácil que ser madre: doña Elvira

Ser docente es una profesión complicada por los múltiples obstáculos que se enfrentan todos los días en el aula; sin embargo, ser madre es el rol más difícil de todos por la línea frágil que existe entre amar a los hijos, entregarles lo que necesiten y dejar que se vuelvan independientes para enfrentar sus propios problemas.

Lo anterior lo revela Elvira Martínez Alvarado, docente con más de 30 años de servicio, directora de la escuela primaria Manuel Rivadeneyra, madre de Gabriela y abuela de Romina.

“Ser mamá es más difícil porque a veces es tanto el amor que le tenemos a los hijos que no nos damos cuenta del punto en el que ya los estamos consintiendo demasiado y a veces los dejamos solos y se vuelven independientes que nos muestran que pueden salir adelante”, expresa.

Martínez Alvarado asegura que un abrazo desde el fondo del corazón y amor es el mejor regalo que se pueda entregar este 10 de mayo, día de la madre.

Para la directora, maestra de sexto grado de primaria, madre y abuela, combinar los roles que se tienen en un mismo momento no es una tarea sencilla porque algunas veces, las docentes deben dejar compromisos en casa por cubrir tareas en el trabajo.

“A veces es un poco difícil, se dejan a los hijos con tal de cumplir con el trabajo. A la larga, los hijos nos lo reclaman pero también se dan cuenta que nuestra labor es importante y eso les permite analizar nuestras experiencias para no cometer los mismos errores”, comentó.

En entrevista en las instalaciones de la primaria ubicada en la 54 Poniente y 3 Norte, al norte de la ciudad de Puebla, Martínez Alvarado explica que pese a lo complicado que pueda ser la combinación de roles entre madre, abuela, docente y directora, la clave del éxito en cada papel radica en no llevar problemas de la esfera familiar al trabajo o viceversa.

“Los problemas de la casa se quedan en la puerta de la escuela, en la puerta del salón y nos concentramos en trabajar en el salón. Ellos tienen muchos problemas. Aquí los problemas se quedan en la puerta y aquí me quedo después de que termina la hora de clases. Aquí me quedo a preparar la clase y el material del siguiente día. Llego a casa y dejo los problemas de la escuela”, comentó.

Recuerda que tanto como madre como docente cuenta con múltiples satisfacciones, entre ellas, mantener su hogar como padre y madre, y ver el crecimiento de su hija; y dar a sus estudiantes no sólo conocimientos, sino amor y la confianza de que pueden contar con ella ante sus problemas.

“El mejor regalo es un abrazo, un te quiero más que una cuestión material, una sonrisa, ese es el mejor regalo”, comentó.

Explica que en el salón de clase, las situaciones más complicadas están relacionadas con apreciar las carencias y los problemas que enfrentan sus estudiantes.

“A veces, los niños no llegan bien alimentados. A veces, no traen el material porque los papás no tienen para comprarlo, y entonces nosotros tenemos que cubrir las necesidades de materiales o pedimos a otros estudiantes que compartan con sus compañeros. Es importante que ellos aprendan a apoyarse”, explicó.