Los Barrios Bravos se calman en la jornada del Vía Crucis

Las colonias que concentran la mayor cantidad de pandillas en la ciudad de León, dan tregua a la violencia durante los días santos, aunque no completamente.
Las representaciones están marcadas por el realismo. Las heridas son reales.
Las representaciones están marcadas por el realismo. Las heridas son reales. (Sergio Contreras)

León Guanajuato

Es el viernes más santo del año. No hay tráfico en la ciudad y para los vendedores de nieve y hielo de colores es un día de resurrección, más que de crucifixión.

Hoy asesinan a Jesús. Una, dos, mil veces. En cada colonia, en cada ciudad. Los barrios de San Miguel y Chapalita son, tradicionalmente, los más bravos de la ciudad. Estos dos y otro par concentran la mitad de las pandillas. Pero hoy no es día de disputa. Hay que respetar la conmemoración. Los policías, acostumbrados a la hostilidad en ciertas zonas, hoy están más concentrados en evitar una tragedia por los tumultos.

Es mediodía, en la plaza que está frente a la Parroquia de San Miguel se acomodan los puestos ambulantes. La oferta es variada. Enchiladas, rosarios, duro de puerco con salsa, dulces y hasta camas elásticas para que brinquen los chamacos. La representación del camino de la cruz ha salido ya. Toman la calle Independencia. Pasan Río Usumacinta, Río Grijalva y Río Lerma.

Ray Israel Villegas Terrones, de 35 años es azotado por soldados romanos de intensa piel morena. Es la octava vez que representa el papel de Jesucristo. Se dejó crecer la barba desde finales del año pasado e hizo más horas de gimnasio para aguantar la cruz de madera que pesa 90 kilos. Este es el vía crucis más añejo. Es la ocasión 111 que se representa. Al paso de la caravana, el público se mete en su personaje. Una mujer trae un pañuelo desechable en la mano. Ha estado llorando y con él seca sus lágrimas.

Ray se ve fuerte, intenso. Las personas lo identifican. Un niño grita: "¡Jesús juega futbol con mi papá!". Puede que sea cierto, el nazareno está dado de alta en un torneo del barrio junto con sus hermanos. Han sido campeones varias veces.

El personaje de Magdalena llora sin concesiones. Otras mujeres con vestuario de la época le consuelan. Desde la valla, los niños son los que más asombrados quedan con el realismo. Los soldados no han dejado de usar sus látigos de carnaza.

"Ya, culeros, parece que les pagan por pegarle", grita Josué. Está enardecido, tal vez la caguama disfrazada con una bolsa negra que se está tomando algo haya aportado a su estado de ira.

Ya vamos por la Río Pánuco, enseguida la Río Balsas que es el punto de regreso. Aprovechando la calle vacía, los niños se ponen a jugar futbol y otros sacan sus bicicletas. Es momento de volver a hacer el camino de regreso hasta la plaza. La silenciosa procesión apaga los ruidos a su paso y solo se escuchan los latigazos. Se ve que le duelen, pero Ray Israel no clama piedad. Sabe que su destino es ser crucificado.


ARBOLEDAS, UNA RIÑA NOS SEPARA

El vía crucis de Arboledas comenzó con una riña. Las autoridades de seguridad lo confirmaron. En la procesión iban miembros de una pandilla, cosa que no gustó a sus rivales. Cuando se vieron las caras se arrojaron piedras sin estar libres de pecado. Los inocentes corrieron en todas direcciones. Yolanda, empleada de una farmacia vio el otro espectáculo, el que nadie quiere ver. "En cuanto vi el relajo, cerré inmediatamente la cortina para evitar daños al local". El pleito retrasó, pero no impidió el ritual.


CHAPALITA, LA BANDA SE PORTA BIEN

Desde el templo de Fátima sale el tumulto más grande. Unas tres mil personas acompañan el calvario de Víctor Hugo Sánchez en su papel de Jesucristo. Desde Avenida Las Palmas, toman bulevar Campeche hasta llegar a Manuel de Austri. A los soldados de Chapalita se les ve más enojados, les aturde que la gente se brincó la valla. El sol también hace estragos. Víctor Hugo es más rechoncho de lo que las estampitas religiosas nos pintan. Al llegar al "Cerro del Calvario" ya trae la espalda roja por los azotes. La corona de espinas le ha cortado la frente y la sangre real se mezcla con la pintura roja que le aplican antes de ser amarrado en su propia cruz. El público está cansado, los niños lloran de hastío, pero nadie se quiere perder la escena culminante. Entre doce soldados suben primero la cruz de Jesucristo. Después Gestas, luego Dimas, quien todavía da órdenes. "Sosténle allá, mano, deja que se arrastre hasta abajo". Los soldados romanos le obedecen.

"¡Padre, ¿por qué me has abandonado?", grita Víctor. Los de Chapalita guardan profundo silencio. Un sollozo se escucha muy real. Están conmovidos. Jesús ha muerto.