Aviario de Ecatepec alberga 185 especies

El sitio es un oasis en el desierto, un concierto de cantos diversos y un espectáculo multicolor.
Los visitantes pasean alrededor de ellos.
Los visitantes pasean alrededor de ellos. (Alejandra Gudiño)

Ecatepec

El aviario del Parque Ecológico Ehécatl alberga a más de 185 especies y por lo menos 26 distintas, por lo que este lugar se ha convertido en un oasis en el desierto, un concierto de cantos diversos y un espectáculo multicolor que puede ser disfrutado por los visitantes que acudan de martes a domingo en un horario hábil y sin costo alguno.

Estupendos ejemplares de pavorreal se pasean por la charca del sitio. Sin importar que algunos visitantes estén ahí, estos animales caminan sin ningún temor de ser atacados.

Algunas aves que se encuentran alrededor del cuerpo de agua acuriosean en los espacios por donde las personas que los atienden guardan el alimento y las herramientas para hacer la limpieza del lugar.

Un tucán, regio, hermoso se yergue en el pedestal donde observa a los visitantes; la enorme jaula, que alberga a los pericos, (especie en peligro de extinción) grandes, medianos y pequeños, canturrean y escandalizan para llamar la atención.

Algunos otros se entretienen con su comida. El menú: fruta variada, picada en trocitos para facilitarles que con sus patitas tomen los pedacitos y los coloquen en sus picos para degustarlos.

Un ñandú blanco y travieso bromea, observa a Dulce María, la encargada del aviario y sin recato se acerca y trata de llevarse la pequeña bolsa de plástico, donde se encuentran las croquetas, con las que se alimenta a algunas especies.

En la cúpula del aviario del Parque Ecológico Ehécatl, cubierto en algunas de sus partes con lonas y en donde las fuertes corrientes de aire chocan con fuerza una y otra vez, se pueden observar a algunos ejemplares de avecillas que de vez en cuando bajan para posarse sobre algunas ramitas y trocos de árbol a buscar su alimento o a observar al cisne y a los patos que nadan en el lago.

No en balde, las aves están a las faldas del Ehécatl, el cerro del viento y el Sol que con sus rayos resplandece y da calor a los escasos paseantes que acuden a este sitio en martes, después de mediodía.

Las únicas aves que se observan tristes son las rapaces, un par de búhos y águilillas, su mirada altiva se observa a través de las rejas que las mantienen aisladas de los demás pajarillos, y como si fueran prisioneros peligrosos, un grillete sostiene una de sus patitas al tronco donde toman el sol y esperan el momento en que los encargados los saquen a tomar su alimento.

Un remanso de paz, un contacto cara a cara con la majestuosa naturaleza que día a día es generosa y nos muestra sus maravillas.