Yhvh Jhanun Vera Jhum: una década de ayuda

La Asociación que significa “Dios es clemente y misericordioso”, cumple una misión de las manos de Marcial Aguilar y Lucy Barbalena, quienes todos los días realizan actos de amor para los indigentes.
La tarea es titánica, es mantener la operación de este comedor que  brinda 120 comidas diarias, de las cuales 50 se ofrecen como desayunos y comidas.
La tarea es titánica, es mantener la operación de este comedor que brinda 120 comidas diarias, de las cuales 50 se ofrecen como desayunos y comidas. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

Son los indigentes, los menesterosos, esos que nadie quiere voltear a ver, tocar u oler. Los que tienen como hogar la banca de un parque o casas abandonadas que se vuelven su refugio.

Se trata de hombres y mujeres invisibles, a los que nadie puede o quiere verlos, sin identidad, porque muchos no saben quiénes son, lo que fueron, que recuerdan haber tenido hijos, pero que los abandonaron, a hijos que les fue más fácil olvidar que cuidarlos.

“Aquí encuentran no sólo alimento, a la que acuden a las 08:00 horas en el desayuno y a partir de las 12:30 la comida, sino que encuentran a una familia".

Inverosímil resulta que muchos muestren más interés es sumarse a asociaciones contra el maltrato de animales, que tentarse el corazón y preocuparse para llevar alimento, ropa o medicamento a un indigente, a uno igual, con corazón, con sentimientos, con necesidades.

La Asociación “Dios es clemente y misericordioso” (Yhvh Jhanun Vera Jhum, en hebrero) de Ciudad Lerdo, Durango, ha cumplido una década de bondad, de amor absoluto y entrega a esta misión y según confesó convencida su coordinadora, Lucy Barbalena Espinoza, no hay cosa que a ella y a su esposo, Marcial Aguilar, los haga más felices por encima del trabajo intenso que tienen de lunes a viernes.

La tarea es titánica, es mantener la operación de este comedor que  brinda 120 comidas diarias, de las cuales 50 se ofrecen como desayunos y comidas, ahí en su sede en la avenida Zaragoza entre Hidalgo y Allende, mientras otras 70 son llevadas hasta los sitios donde encuentran estas personas.

El proceso es el siguiente: los indigentes son localizados en plazas, parques, mercados o casas abandonadas, hasta donde se les lleva comida, cobijas y ropa, para luego invitarlos a que acudan al local de la Asociación, donde no sólo reciben alimentos, sino amor que se traduce en su atención medica, en dignificar su vida, por muy perdida que parezca.

“Aquí encuentran no sólo alimento, a la que acuden a las 08:00 horas en el desayuno y a partir de las 12:30 la comida, sino que encuentran a una familia, todos somos hermanos, todos tienen un nombre, ya sea el que ellos recuerden o con el que se les adopta”, dijo Lucy.

Agregó que se trabaja duramente en la casa-comedor, pero que este finalmente es recompensado cuando observan que esa persona come dignamente, que no anda buscando alimento en los botes de basura para llevar a su boca.

Pero la tarea no termina ahí, pues lograr que un indigente llegue a la casa, es cuando empieza todo un proceso, pues al recibir amor, comprensión y cuidados, ellos poco a poco van recobrando la dignidad. Comienzan a bañarse, a asearse, a recibir ropa limpia y hasta recobrar su identidad.

“Aquí vienen y son recibidos como familia, cada cual con su nombre, cada uno tiene su lugar como en la mesa de la casa, y nadie puede sentarse ahí porque saben que es el espacio de alguien, y cuando no llega, se le busca”, agregó.

La Asociación se ha dado a la tarea de darles una identidad al gestionar ante autoridades del Registro Civil de Durango la búsqueda en los archivos de la posible acta de nacimiento, darles una credencial de elector poniendo el domicilio de la Asociación y con ello inscribirla en el Seguro Popular, así como entrar a los programas Prospera y 65 y Más.

De esta forma reciben atención médica en caso de enfermar o bien someterse a un tratamiento, dado que el vivir tantos años en la calle y sacar alimento de la basura, les genera trastornos en su salud.

“Cuando ellos ya tienen una base, una identidad, ya salen de la indigencia. Y eso sirve de ejemplo para los demás integrantes al ver que sus compañeros de la mesa están aseados, que tienen un nombre y apellido, que tienen servicios médicos y que si siguen su ejemplo pueden tener lo mismo”, aseveró.

A la fecha, la Asociación ha logrado que un total de 60 personas hayan salido de la indigencia.

Hace un par de años, Lucy y Marcial adoptaron un nuevo esquema de operar a lo que llaman generaciones, donde aquellos con capacidad mental que van avanzando en recobrar su dignidad, son graduados y premiados con el arrendamiento de un cuarto que tenga todos los servicios, hasta donde se les dota de una cama, un buro y una pequeña mesa, así como insumos para su aseo.

“Ellos, no volverán a pasar la noche en un parque”, señaló Lucy con orgullo y lagrimas en sus ojos. Un tercer nivel, explicó, es cuando de estos “graduados” son ubicados en algún empleo como veladores de fincas, de quintas o empresas, obteniendo de esta forma un ingreso que les remunere su desempeño y en algunos casos es ahí mismo donde se les dota de un espacio en donde dormir y comer.

A la fecha, la Asociación ha logrado que un total de 60 personas hayan salido de la indigencia, donde algunos ya dejan de acudir al haber conseguido un trabajo de cerillito o de velador.

Sin embargo, hay aquellos que por su avanzada edad no pueden salir ya al Centro y hasta ahí les llevan de comer diariamente. Pero el acompañamiento no se da en la vida, sino también en la muerte. Cada día, a la hora del almuerzo y a la ausencia de uno, se forma una Comisión para irlo a buscarlo al sitio donde acostumbra estar.

Saber que está enfermo es motivo de llevarlo al médico, pero no encontrarlo es la angustia, pues saben que el último sitio en buscar es el Servicio Médico Forense –Semefo-.

Ahí va Marcial solamente, a identificar el cuerpo, a ponerle sus apellidos para reclamarlo como su hermano y brindarle cristiana sepultura, teniendo para ello ya un acuerdo con el DIF y el municipio de Lerdo para dotarles de un espacio donde depositar los restos de alguien que no era nadie para su familia, pero que fue mucho para ellos y a quien en la vida como en la muerte, siempre velaron por su dignidad.