"No tengo dinero para comer, menos para un decodificador"

En el ejido El Ágila, al interior de una pequeña vivienda hecha de cartón, hule y madera, Sor Juana Martínez sufre los estragos del apagón, pues su único método de entretenimiento quedó inhabilitado.
Sor Juana Martínez, habitante del ejido El Águila.
Sor Juana Martínez, habitante del ejido El Águila. (Haide Ambriz Padilla)

Torreón, Coahuila

La señora San Juana Martínez, que habita en el ejido paso del Águila, contó que si no tiene para comer menos para comprar un aparato de esos que hacen que la tele se vea y están muy caros, "ahora tendremos que vernos unos a los otros, o escuchar puro radio, la tele que tengo es más vieja que yo y tampoco tiene remedio".

San Juana Martínez dijo que a pesar de vivir en una casa de madera, cartón y hule, nunca le llegan las ayudas, menos las televisiones.

Al cuestionarla si sabía que ocurriría el apagón analógico y que ya no podría ver su televisión comentó:

"Fíjese que luego hacemos mucha desidia, sí se escuchó algo de eso, pero nunca explicaron bien de qué se trataba, hasta hoy entendí que la televisión ya no agarra ningún canal y que para verla tenemos que comprar unos aparatos y antenas"

"Somos esa gente que nadie quiere ver, pero hay muchas personas que viven como yo, a las orillas de la carretera, nomás nos buscan cuando quieren nuestro voto, luego nos olvidan".

La señora Martínez compartió que vive a pie de carretera con unos sobrinos que la acogieron en la casa de cartón, madera y hule que habita actualmente.

Narró que son 6 personas las que viven en esta casita, son dos adultos, ella y tres niños, mientras su sobrino sale a buscar trabajos para traer de comer, porque se dedica a la albañilería y a veces tiene trabajo y otras veces no.

Ella cuida la casa, mientras los niños acuden a la escuela y la mujer sale a buscar trabajo en casas.

"Aquí nos preocupamos por tener frijoles, sopa y tortillas para comer, la televisión es un lujo que ya no nos podemos dar".

"La casa no puede quedarse sola, yo la cuido mientras todos trabajan o estudian, tendré que ocuparme en otra cosa, porque la tele ya no la veremos".

Lo que compartía San Juana Martínez es una realidad que viven muchas familias, para llegar a su domicilio se tiene que atravesar un camino de terracería, hasta llegar a su puerta, unas tablas amarradas con hule y una cadena.

la casa está hecha de cartón, madera y hules, las ventanas son lo orificios que tiene la construcción por todas partes, el frío se cuela por todo lados, según comentó, sus necesidades son otras.

Ella es un caso, de los 16 millones de mexicanos que se quedaron sin una televisión digital y que no estuvieron listos para el "apagón analógico", sus prioridades son más básicas que el ver la televisión.