Antiguo Morelos recupera su festejo de repoblación

El cronista Abelardo Castillo, recuerda -cuidando la proporción-, hay paralelos en la inseguridad que se vivió en la historia, con lo que la gente vivió durante momentos críticos en el presente.
Cientos de pobladores salieron a la plaza principal para revivir el festejo del huapango que cesó tras la violencia que se desató en Tamaulipas.
Cientos de pobladores salieron a la plaza principal para revivir el festejo del huapango que cesó tras la violencia que se desató en Tamaulipas. (Jesús Guerrero)

Antiguo Morelos

Una cosa le queda clara a Abelardo Castillo, cronista de la ciudad de Antiguo Morelos; la importancia de enaltecer la identidad de los habitantes de esta zona de la Huasteca, sobre todo después de los años intensos que se dejaron sentir con la oleada de violencia en el estado de Tamaulipas. Por lo que el pasado miércoles 19 de marzo, después de un largo receso, se reinició el festejo con otra huapangueada; esta vez, por el 94 aniversario de la Repoblación de Antiguo Morelos.Después de durar tres años, sin las fiestas de la repoblación al sonido del huapango, esta fecha trascendental para el municipio –y de pelear para que se impulsara un día tan importante, pues apenas se alcanzaban los 8 años de realizarse consecutivamente, antes que se cancelara-, vuelve a cobrar sentido y vida.

“Hicimos ocho años la huapangueada, y son como tres años o cuatro, no estoy seguro, creo que fue en 2011 la última si mal no recuerdo; aún tengo miedo que pudiera resurgir algo y les pase algo a los que nos visitan y participan de esta hermosa tradición”, dijo.Asegura que como ciudadano y como cronista, prefiere y llama a la paz y la tranquilidad, pues está comprobado que el rememorar la historia, es fundamental para que los pueblos sigan creciendo por un camino saludable.“Lo que pasa es que este es el camino que deben seguir los pueblos; reconocer quienes son los que han ido forjando su historia. Ahora el día 19 de marzo, estamos conmemorando 94 años que este pueblo volvió a existir –pues ya no existía nadie-, en aquellos años, la Revolución lo desapareció totalmente”, entre su mirada oculta por sus cejas canas y pobladas, escapaba un brillo; el brillo de todo cronista apasionado, preocupado por develar algo de la historia.

Visualizó en aquella revolución una plaza principal árida, un muladar lleno sin más vida que el de las cabezas de ganado, merodeado por personas que anduvieron por la Revolución: “Aprovechando a río revuelto los bandoleros– como se dice-, portando armas, estaban deseosos… de cómo se dice, ver cómo fregar a los demás”.La increíble verdad, aunque no se quiera ver, es que para 1918, ya la gente vivía muy intranquila; cuelgan al alcalde; matan un músico; a un hermano del alcalde; al cura se lo llevan cargando maíz, muchos vecinos golpeados, mancillados, mujeres  ultrajadas. Mucha gente armada y aquí, gente indefensa, abandonaron los pueblos, relata Abelardo Castillo.

“Porque no había garantías y no había quien defendiera; y todos mientas a Tampico, a Ciudad Valles y no había quien pudiera poner un alto y aquí quedó solo. Nosotros pensamos que si no fuera por nuestros abuelos, nada de esto hubiera sido posible (refiriéndose al municipio)”.Asegura además que en el momento actual, esta localidad sería tal vez un poblado dependiente de El Mante, Nuevo Morelos u Ocampo, pero: “Afortunadamente llegaron ellos (los repobladores) para ponerlo en actividad otra vez.