Animales en carretera, riesgo para automovilistas

En Circuito Sur Metropolitano es habitual ver equinos o vacunos caminar a un costado del camino.

Guadalajara

Caballos, vacas, becerros o burros, sea cual sea la especie animal, cuando estas se encuentran sobre la cinta asfáltica representa un peligro para los automovilistas que circulan por vialidades como el Circuito Sur y Carretera a Santa Rosa, en San Lucas y San Juan Evangelista, municipio de Tlajomulco.

La situación no solamente ha generado accidentes que como repercusión tienen daños materiales, sino que además ha cobrado la vida de ciudadanos que en el camino a su hogar o trabajo ven obstruido su paso con animales que claramente no deberían encontrarse ahí.

El pasado 14 de mayo en el Circuito Sur a la altura de La Calera, un hombre que se dedicaba a la repartición de tortillas falleció luego de protagonizar un percance con un potrillo que se encontraba parado sobre el camino.

En casos como el anterior, y de acuerdo a información otorgada por un agente vial, la responsabilidad recae en el propietario del animal, pues quienes se dedican a la crianza deben tener medidas de seguridad para mantener a los animales dentro del perímetro adecuado sin que esto represente un riesgo social.

Sin embargo muchas veces el problema es dar con el propietario de los becerros o potrillos cuando estos no están “herrados” o registrados ante la asociación ganadera correspondiente, es entonces a agentes ministeriales a quienes les toca la indagatoria según el oficial entrevistado.

El riesgo que genera la presencia de este tipo de animales en predios aledaños a la carretera va de la mano con las medidas de seguridad que implementan u omiten los propietarios de los terrenos y las bestias.

En un recorrido por la zona de San Miguel Cuyutlán, Cuexcomatitlán y San Lucas Evangelista se pudo observar diversas especies de animales de granja caminando a unos cuantos metros de la carrera, algunos de estos solos, otros aparentemente supervisados por alguna persona y otro tanto más amarrados con cuerdas que no garantizan que el animal permanezca en ese sitio.

Los propietarios de algunas de estas rancherías o corrales han mantenido su dinámica sin tomar en cuenta el crecimiento urbano y con ello la creación de nuevas vialidades, vialidades que además carecen de la señalética adecuada que advierta sobre el riesgo.