Aneurisma cerebral, un mal disfrazado de jaqueca

Se presenta más en las mujeres que en los varones. La edad donde se reporta la mayoría de casos es entre la cuarta y quinta década de la vida.
El síntoma puede ser un dolor de cabeza “insoportable”
El síntoma puede ser un dolor de cabeza “insoportable” (Milenio Digital)

Guadalajara


Margarita acudió al médico por un dolor de cabeza que calificó de “insoportable” y que no cedió con su habitual dosis de aspirinas, a la cual -admitió- recurría con frecuencia.

“Pero ahora fue diferente”, dijo. Su queja alertó al médico, quien le ordenó practicarse un estudio. Y aunque en principio se quejó de lo ‘caro’ que le costó, agradeció haber descubierto que tenía un aneurisma cerebral: la programaron para una cirugía a la que se sometió el año pasado con éxito. No todas las personas con este problema pueden contarlo así. Su padre murió años atrás por la hemorragia causada de la ruptura de una aneurisma. Apenas rebasaba los sesenta. Ella tiene 45 años.

El aneurisma cerebral es la dilatación de una arteria en el cerebro. “En lenguaje coloquial es como un ‘chipote’ que se alza en la pared de un vaso sanguíneo a nivel cerebral que está débil”, describió el doctor Carlos Armando Ramírez Huerta, coordinador de Enseñanza del Servicio de Neurocirugía del Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde” (HCG), tras explicar que estos aneurismas pueden ser congénitos o bien, desarrollarse en el transcurso de la vida, producto de la lesión a un vaso sanguíneo. La mayor de las veces sin que la persona se dé por enterada. Entre 1.5 y 2.5 de la población en México puede tener un aneurisma cerebral, informó.

“Desafortunadamente, por lo general no hay síntomas sino hasta que el aneurisma se rompe, y cuando esto sucede se manifiestan signos de una hemorragia cerebral: el paciente refiere dolor de cabeza muy intenso, rigidez del cuello, puede haber alteraciones del estado de conciencia, y puede fallecer por una hemorragia”, advirtió.

Por lo común, los aneurismas cerebrales son pequeños (de unos pocos milímetros a un centímetro) y con un esfuerzo se rompen y viene la hemorragia. En caso de que se forme un aneurisma gigante (dos centímetros) dará síntomas de un tumor, enumeró.

Carlos Ramírez enfatizó que los aneurismas cerebrales se presentan más en las mujeres que en varones; mientras la edad donde se concentra la mayoría de casos es entre la cuarta y quinta década de la vida, aún en etapa productiva. Sin embargo, también se reportan en personas más jóvenes.

“En el Servicio de Neurocirugía del HCG se han atendido pacientes de quince a 35 años derivados del consumo de ciertas drogas, en específico de cocaína. Está bien descrito que la cocaína altera las paredes vasculares y con esto conlleva la formación de aneurismas”, citó Ramírez Huerta.

Por otra parte, el especialista resaltó que es evidente el factor genético. Entre los diferentes tipos de aneurisma, los más comunes (llamados aneurismas sacciformes múltiples) se heredan de padres a hijos.

“En los pacientes pediátricos, el origen es 100 por ciento hereditario”, sostuvo. 

El tratamiento estándar de este trastorno vascular es la cirugía. Algunos aneurismas pueden abordarse a través de un cateterismo cerebral, pero hay los que requieren la cirugía abierta, según su localización y tamaño.

También existen pacientes cuyo estado es tan crítico, que ya no son candidatos a cirugía pues arriban al hospital en coma o con datos de muerte cerebral.

Mínima invasión
La experiencia del Servicio de Neurocirugía del HCG es vasta. En los últimos nueve años se han documentado 550 pacientes con diagnóstico de aneurisma cerebral “tratados quirúrgicamente con técnicas de mínima invasión”, destacó el entrevistado, quien tiene subespecialidad en Neuroendoscopía cerebral.

Se trata de pacientes con ruptura de aneurisma, que tuvieron hemorragia subaracnoidea, pero que estaban en condiciones favorables para el procedimiento quirúrgico. Y la expectativa es buena: un riesgo de morbi-mortalidad del 5 por ciento. Sin tratamiento el riesgo de muerte es de 80 por ciento, pues se puede vivir años con este trastorno pero es imposible adivinar cuándo estallará. 

Si el paciente llega a tiempo, como lo hizo Margarita, el estudio recomendado por el médico es la angiotomografía multicorte (ATMC). “Un estudio no invasivo que nos da información muy precisa”, acotó.

Ciertamente el estudio estándar es la panangiografía cerebral, que sí es invasivo pues implica introducir un catéter por la arteria y un medio de contraste. Sin embargo, muchas veces con el primero es suficiente para proceder a la neurocirugía.

La ATMC es recomendada para aquellas personas con antecedentes de aneurisma cerebral en su familia y para quienes padecen dolores de cabeza intensos frecuentes, a fin de detectarlo antes de que se rompa.

Margarita, que compartió su experiencia con este medio, recomienda “no escatimar en salud… oír la alarma de tu propio cuerpo”. Ella ahora tiene otra oportunidad.