Ambulantes invaden los cruceros viales de la ZMG

Al igual que los puestos en las calles, estos comerciantes operan de manera irregular.
Los comerciantes operan con normalidad en estos puntos.
Los comerciantes operan con normalidad en estos puntos. (Patricia Ramírez)

Guadalajara

El número de artículos que se venden es diverso: Chicles, flores, fruta de temporada, porta celulares, peluches, llaveros, algodones de azúcar, manzanas acarameladas, selfie sticks, kits de maquillaje, botanas, agua embotellada, cigarros y bebidas energéticas. No, no se trata de un establecimiento en particular, sino de los cruceros de las avenidas de la ciudad.

A lo largo y ancho de la ciudad, ambulantes aprovechan la carga vehicular, el tráfico y el tiempo que dura un semáforo en rojo para vender todo lo que se pueda. El trabajo es mucho más pesado de lo que puede parecer, estar bajo el sol durante seis u ocho horas seguidas, lidiar con los malos gestos de los automovilistas, esquivar coches cuando les gana la luz verde y ellos siguen a media calle, incluso tolerar el sonido de los pitidos de los coches, son algunas de las cosas que un vendedor en cruceros debe tolerar.

En un recorrido realizado por MILENIO JALISCO en distintos cruceros de la ciudad, se intentó hablar con ellos, pero huyen a las cámaras y se ponen a la defensiva, y acto seguido una serie de silbidos son el sonido clave para alertar a los otros comerciantes sobre la incómoda presencia.

Algunos, en su búsqueda del norte, terminaron en ciertas calles de esta ciudad provenientes de distintas partes de Centro y Sudamérica. Con acento extranjero, abordan a los automovilistas e incluso muestran una credencial que los acredita como provenientes de Guatemala, El Salvador o algún otro país del sur, y es que han tenido que recurrir a tal cosa debido a que hasta en esto hay piratería, y no faltan los tapatíos que fingen ser migrantes que piden ayuda.

Los cruceros más importantes de la ciudad se han convertido en pequeños tianguis ambulantes, también en una opción laboral que quienes la ejercen parecen explotar con mayor vehemencia en estas vacaciones y llevan toda una gama de productos a la comodidad del asiento del conductor, quien una vez que acelera, pierde toda opción a reclamar algún asunto sobre su mercancía, la cual adquiere en una modalidad de ambulantaje, que no está regulada.