Ambiciosa, pero con cabos sueltos, dice investigadora

Raquel Aparicio, experta en comunicación pública ambiental, identifica carencias en una ley que encuentra altamente meritoria.

Guadalajara

La propuesta de Ley para la acción ante el cambio climático en Jalisco es meritoria por el simple hecho de que se presente con la riqueza y variedad de instrumentos planteados, pero su verdadero desafío es el que siempre enfrentan este tipo de planteamientos: cómo enfrentar la maraña de intereses políticos y económicos que se afectan, para convertirse en realidad.

“Quiero señalar la dificultad que siempre convoca la ‘transversalidad’, y que hasta ahora no hemos visto concretada en la práctica ya no se diga en el campo de trabajo, sino dentro de los gabinetes […] en su paso desde la teoría y el discurso a la realidad, la transversalidad presenta problemas de operatividad. Acoto este conocimiento que nos da la experiencia; no por ello afirmo que no pueda lograrse. Pero implica voluntades y nuevos hábitos y paradigmas respecto del servicio público”, explica Raquel Aparicio Cid, experta en comunicación pública y doctorante en educación ambiental.

A solicitud de este diario, leyó el texto de 66 páginas para emitir una primera opinión: “La propuesta muestra una loable madurez teórica y apropiación de conceptos de vanguardia necesarios […] este tipo de ideas confrontan incluso los paradigmas culturales acerca del modelo de desarrollo y la forma de vida de nuestra civilización moderna, lo cual refleja que algunos de sus redactores saben de lo que se está hablando. En los principios de la política estatal también se encuentran conceptos de este nivel, tales como los de precaución y de sustentabilidad social. Muy buenos. Incluso, en el artículo 25, se  contempla como una acción de adaptación ‘el establecimiento de crecimientos poblacionales límite considerando el agua disponible, el caudal ecológico y la conservación de las aguas subterráneas” (fracc. XXII). Esto plantea niveles superiores de conciencia incluso a nivel de política pública”.

Sin embargo, “este vanguardismo no se refleja de la misma magnitud en otras partes del documento, como las acciones de mitigación […] aunque todas las acciones propuestas me parecen adecuadas, no van al fondo de los problemas en cuanto a que solamente el tercer ámbito tiene un amplio y más o menos profundo glosario de acciones; de ahí, los de energía y transporte tienen una buena cantidad y nivel de las acciones, pero el tema de residuos y de emisiones del sector de procesos industriales casi están intocados, cuando  parece que de estos es que se generan problemas severos de emisiones de GEI […] es notorio que en los ámbitos que menciono parece que no se puede, no se sabe cómo, o no se desea hacer grandes transformaciones”.

Los retos “empiezan con la integración de la Comisión y la ley reglamentaria que permita aterrizajes más concretos y no deje esto a la voluntad de las instituciones y sus funcionarios principales”.